Batalla de Pavía

A la caza del convoy británico


Era el 9 de agosto del año 1780 cuando un convoy británico con tropas, materiales y suministros de todo tipo, que avanzaba con destino a Norteamérica y a la India, era atrapado por la flota española de Luis de Córdova, sufriendo los británicos el mayor golpe logístico de toda su historia.

Estaban los británicos inmersos en la Guerra de Independencia norteamericana, un conflicto que se complicó sobremanera con los apoyos de los españoles y franceses a los rebeldes. Las flotas de ambos países podían competir en igualdad de condiciones con la armada británica, en aquel momento la mayor y más poderosa. En 1779 las flota franco-española había azotado las costas de Inglaterra, paralizando la bolsa de Londres, las cosas se complicaban en las colonias americanas, y la expansión en la India exigía de multitud de recursos.

La España de Carlos III, con el conde de Floridablanca al frente, había comenzado una política de fortalecimiento en el panorama mundial, acercando posiciones tanto con Francia como con Portugal. Floridablanca, ministro de exteriores, había tejido una red de espías por la gran mayoría de cortes europeas. De esta manera consiguió una valiosísima información: un gran convoy saldría desde Portsmouth con destino a Norteamérica y a la India. Floridablanca informó de esto a Luis de Córdova, teniente general de la armada, para que comenzase los preparativos de la cacería.

Conquistadores: Colón parte hacia las Indias


El viernes 3 de agosto de 1492 partía del puerto de Palos de la Frontera la expedición dirigida por Cristóbal Colón, compuesta por las carabelas "Pinta" y "Niña" y la nao "Santa María", con la misión de llegar a las Indias a través del Atlántico.

Poco se sabe de los años anteriores a que Cristóbal Colón se presentase en el monasterio andaluz de La Rábida. Se le da por nacido a mediados del siglo XV, probablemente en Génova. Su hijo Hernando dejó escrito que estudió en Pavía, donde Cristóbal aprendió navegación y cosmografía. De esta forma se lanzaría a la mar en los años 70 y en 1476 un naufragio en las costas portuguesas le llevaría hasta la capital de aquel país, donde consiguió trabajo como agente comercial para la casa Centurione de Madeira.

Es en esa época cuando contrae matrimonio con Felipa de Moniz y cuando tiene a su hijo Diego. Como agente comercial viajará a multitud de países y se afianzará como un reputado y experto navegante, y también comenzará a preparar su plan de llegar hasta Cipango a través de occidente. Con esta idea se presentó ante la corte de Portugal, la primera potencia naval del momento. El rey, Juan II, recibió el proyecto y mandó someterlo a la consideración de la Junta de Matemáticos la cual lo rechazó.

Nelson ataca Tenerife


Un 27 de julio de 1797 los británicos levaban anclas y se marchaban de las Islas Canarias, tras un frustrado intento de tomar Santa Cruz de Tenerife por parte de las fuerzas del contralmirante Horatio Nelson.

Dentro del marco de la guerra anglo-española de 1796, y con el grueso de la flota española bloqueada en Cádiz por la potente marina de los británicos, bajo el mando del almirante John Jervis, éstos resolvieron tomar las Islas Canarias como base estratégica para sus futuras operaciones en el Atlántico. De este modo Nelson diseñó un plan para poder llevarlo a cabo y Jervis lo aprobó el 14 de julio de 1797.

Para ello Nelson contaba con los navíos Theseus, Culloden y Zealous, de 74 cañones cada uno, y el navío Leander de 50 piezas de artillería; las fragatas Emerald, de 36 cañones, la Seahorse, de 38, la Terpischore, de 32 y la Fox, también de 32 piezas. Igualmente contaba con la bombardera Rayo, apresada a los españoles previamente, y una fuerza de 3.700 hombres para llevar a cabo la invasión de la isla.

La Batalla de las Terceiras


Un 26 de julio del año 1582 se producía el enfrentamiento entre fuerzas navales españolas, bajo el mando del capitán general Álvaro de Bazán, y fuerzas de la armada francesa capitaneadas por el almirante Felipe Strozzi, y que acabó en una brillante victoria española.

Tras el ascenso al trono portugués de Felipe II, el prior de Crato, don Antonio, pretendiente igualmente a la corona portuguesa, había instado a una revuelta contra los españoles con el apoyo de los ingleses y franceses. Isabel I le dio dinero y la promesa del apoyo de sus corsarios a cambio de varias plazas portuguesas, 5 millones de ducados y un tributo anual. Pero Francia, con Enrique III de Valois en el trono, no dudó en ofrecer, además de dinero, tropas y suministros, alarmado por el poder que tenía en aquellos momentos el imperio español, y bajo la promesa de Antonio de cederle la posesión de Brasil.

El reducto del prior de Crato eran las islas Azores, desde donde los corsarios ingleses y franceses podían atacar fácilmente los convoyes que venían hacia España desde América. Felipe II estaba decidido a acabar con esa amenaza, por lo que a comienzos de 1582 ordenó preparar una flota con la intención de ocupar las Azores. Álvaro de Bazán, el almirante que nunca había perdido una batalla, veterano de Lepanto, Muros, Malta, o del peñón de Vélez, sería el encargado de tal empresa.

La Gran Carrera del Glorioso


El 25 de julio del año 1747 el "Glorioso", un navío español que se dirigía a las costas gallegas, empezaba el primero de una serie de combates contra la armada inglesa que le haría ganar la admiración y el respeto tanto de los españoles como de sus enemigos. 

La construcción del "Glorioso" fue encargada en 1738, y fue botado en el año 1740 en los astilleros de La Habana bajo el nombre de "San Ignacio de Loyola", junto al "Invencible" y al "Bizarro". Era un navío de línea de 70 cañones del estilo Gaztañeta, más grande y robusto que los navíos que en aquella época construían tanto ingleses como franceses, pero menos rápido y más difícil de maniobrar. Contaba con 2 puentes desde donde asomaban sus cañones de 24, 18 y 8 libras.

En el año 1747, dentro del marco de la Guerra del Asiento, el "Glorioso" zarpaba de La Habana en primavera con un cargamento de suma importancia para los intereses de España: 4 millones de pesos de plata. El buque era comandado por Pedro Mesía de la Cerda, un experimentado marino cordobés que había participado ya en multitud de batallas, entre ellas la del Cabo Passaro, la del Cabo de San Vicente o las de la recuperación de Orán y Mazalquivir en 1732.

Batalla de Jemmingen


El 21 de julio del año 1568 las fuerzas del imperio español, bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba, obtenían una aplastante victoria contra el ejército rebelde holandés de Luis de Nassau en la villa alemana de Jemmingen.

Hacía menos de un año que el duque de Alba había llegado a Flandes a través del Camino Español, dispuesto a sofocar las revueltas calvinistas que habían dado inicio a la Guerra de los 80 años. El duque estaba alarmado por la situación que estaba presenciando en esos momentos: Guillermo de Orange había organizado un poderoso ejército con mercenarios alemanes que acababa de invadir Groningen. Durante el transcurso de ésta, el Tercio Viejo de Cerdeña se vio sorprendido en los alrededores de Heilergerlee y la mitad de sus hombres pereció en la contienda.

La situación exigía actuar con celeridad, por lo que el duque de Alba organizó rápidamente a sus otros dos Tercios Viejos: el de Sicilia, bajo el mando del maestre de campo Julián Romero, y el Lombardía, que mandaba el maestre Sancho de Londoño, y que irían en vanguardia. A éstos había que sumarle tropas valonas y las de los alemanes del conde de Mega, sumando un total de casi 12.000 soldados y unos 3.000 jinetes. Con todo ya preparado el comandante español se puso en marcha y llegó hasta Groningen el 15 de julio.

Batalla de Valenciennes


El 16 de julio del año 1656 un ejército del imperio español, bajo el mando de Juan José de Austria, se batía con las fuerzas francesas del vizconde de Turenne, las cuales tenían sitiada la ciudad de Valenciennes.

La Guerra de los 80 años había llegado a su fin tras la paz de Münster, pero los problemas para la monarquía española no habían cesado; Portugal estaba en llamas tras la ascensión al trono de Juan IV, restaurando así la independencia del país vecino. Cataluña se había recuperado del yugo francés, pero éstos aún mantenían la posesión sobre el Rosellón y amenazaban ahora las posesiones españolas en el sur de Flandes, poniendo el ojo sobre la estratégica plaza de Valenciennes.

Valenciennes estaba situada por aquel entonces en la provincia de Henao, en territorio español de los Países Bajos. La ciudad era un elemento clave para las comunicaciones de la región, por lo que la Francia de Luis XIV, el Rey Sol, le había puesto los ojos encima. De esta manera se armó un potente ejército de más de 25.000 soldados para hacerse con ella. Encuadrados en 2 formaciones, una en cada orilla del río Escalda, el cual atravesaba la ciudad de norte a sur, aquel contingente cayó sobre Valenciennes el 18 de mayo de 1656.

El ejército francés, cuyo mando recaía en Enrique de la Tour, vizconde de Turenne y mariscal de Francia desde 1643, comenzó con el asedio sin perder un segundo de tiempo. Al frente de la plaza se encontraba una pequeña guarnición de poco más de 1.000 hombres bajo el mando de Francisco de Meneses, dispuesta a aguantar lo que hiciese falta, aunque la escasez de suministros y pertrechos era notoria.

Batalla de las Islas Berlengas


Un 15 de julio del año 1591 tuvo lugar una batalla naval entre la escuadra española de galeras de Francisco Coloma, y un escuadrón de galeones ingleses bajo el mando de George Clifford, conde de Cumberland, frente a las costas de las islas portuguesas de Berlengas.

Bajo el reinado de Isabel I, el conde de Cumberland, gran aficionado a los torneos de justas y uno de los favoritos de la reina, empezó a hacer carrera naval con el inicio de la Guerra anglo-española, en 1585. No tuvo demasiado éxito en sus campañas corsarias contra la flota española en el Caribe, ya que el sistema de convoyes implantado por Felipe II resultaba enormemente eficaz, perdiéndose en 2 siglos tan solo una flota.

Tras algún logro aislado en las aguas de las Azores, en 1591 el escuadrón de Clifford partía de las costas inglesas rumbo al Cabo de San Vicente para su habitual actividad corsaria. El escuadrón estaba compuesto de 4 galeones y una pinaza: el "Garland", un navío real de 600 toneladas que era el buque insignia de Clifford; los galeones "Allegarta", "Goden Noble" y "Sampson", de casi 300 toneladas, y la pinaza "Discovery".

Las Campañas del duque de Osuna en Sicilia: Batalla naval del Cabo Celidonia


El 14 de julio del año 1616 daba comienzo una batalla naval entre una pequeña flota del imperio español y una potente armada del imperio otomano, en las aguas del cabo de Celidonia, cercanas a las costas de Chipre.

El nuevo virrey de Nápoles, Pedro Téllez de Girón, III Duque de Osuna, había reorganizado la flota del virreinato consciente del peligro que suponía la piratería berberisca en las aguas del Mediterráneo. Una de sus medidas fue la paulatina sustitución de las galeras por galeones. Una de las nuevas escuadras fue puesta bajo el mando de Francisco de Rivera, capitán natural de Toledo.

La misión de Rivera era partir desde Sicilia hacia el mediterráneo oriental y poner freno a las acciones de la piratería berberisca y de paso castigar los territorios otomanos. Para ello contaba con 5 galeones y un patache. El galeón "Concepción" era su capitana y contaba con 52 cañones. Con él iban también el "Buenaventura", de 27 cañones, bajo el mando de Íñigo de Urquiza; el "Almirante", de 34 cañones y con Serrano al frente; el "Carretina", con otros 34 cañones y comandado por Valmaseda; el "San Juan Bautista", galeón capitaneado por Juan de Cerceda y que contaba con 30 piezas de artillería; y el patache "Santiago", bajo el mando de Garraza. Como refuerzo embarcaron 1.600 infantes españoles.

Batalla de Gravelinas


Un 13 de julio de 1558 tenía lugar en Gravelinas, localidad francesa de la costa norte, el enfrentamiento entre tropas del Imperio Español bajo el mando del conde de Egmont, y tropas del Reino de Francia, comandadas por Paul de Thermes, la cual acabaría con una decisiva victoria española.

Tras la derrota en la batalla de San Quintín, Enrique II de Francia se aprestó a reclutar un nuevo ejército con el que plantar cara a las fuerzas españolas que habían invadido el norte francés, y a su vez atacar las ciudades del sur de Flandes. Para ello no dudó en pagar a los otomanos para presionar en el Mediterráneo las posiciones españolas. Además promovió revueltas de los escoceses contra los ingleses, aliados en ese momento de España. Luego, con un ejército reclutado en la región de Picardía, el duque de Guisa arrebató el control del puerto de Calais a los ingleses.

Por su parte otro ejército francés dirigido por Paul de Thermes se lanzó hacia el norte a poner sitio a la ciudad de Gravelinas, que era la llave de entrada a Flandes, y cruzó el río Aa atacando Dunkerke y Nieuwpoort con un ejército de 15.000 soldados y gran cantidad de artillería. Tras la toma de estas dos ciudades volvió hacia Gravelinas, que era de vital importancia pues también tenía un estratégico puerto desde el que amenazar Inglaterra.

Conquistadores: La Batalla de Otumba


El 7 de julio del año 1520 las tropas de Hernán Cortés, un contingente de poco más de 400 españoles y cerca de 3.000 aliados tlaxcaltecas, se enfrentan a un poderosos ejército de entre 40.000 y 60.000 guerreros, según las más recientes indagaciones, derrotándolo y dejando abierta la conquista de México.

El imperio azteca era el nombre del territorio dominado por un conglomerado de élites mexicas de origen nahua, cuyo rey, Moctezuma II, se erigía como autoridad política y religiosa de origen divino, y que habían asentado su poder sobre la dominación de diversos pueblos de la región. La capital del Imperio era Tenochtitlán, una imponente ciudad situada sobre un lago, el Texcoco, con grandes plazas, numerosos mercados y asombrosas pirámides y templos. A Cortés le impresionó sobremanera; dejaría escrito de ella que "era tan grande como Córdoba o Sevilla" o que en sus mercados se podía encontrar "más de sesenta mil personas comprando y vendiendo", lo que nos da una idea del tamaño y la riqueza de Tenochtitlán.

Pues bien, el 8 de noviembre de 1519 había partido Cortés de Cholula con su ejército: 400 españoles y varios millares de aliados tlaxcaltecas, totonacas y cempoalas, rumbo al corazón del imperio azteca. Una vez llegados a las puertas de Tenochtitlán, el mismo Moctezuma salió a recibir a la comitiva. Cortés, en una carta enviada a Carlos I, narraba así el encuentro: "Me tomó de la mano y me llevó a una gran sala que estaba frontera del patio por donde entramos, y allí me hizo sentar en un estrado muy rico que para él lo tenía mandado hacer".

Batalla de San Marcial


Un 30 de junio de 1522 se producía la batalla de San Marcial, una contienda que enfrentó a las tropas de la monarquía española con un ejército franco-navarro a las órdenes de Ortubia y Semper, y que acabó con victoria española.

Los hechos acaecidos se remontan un año antes, a octubre de 1521, cuando un ejército al mando de Guillermo Goufier, señor de Bonnivet, asaltaba la villa guipuzcoana de Fuenterrabía, tomando el castillo de Behobia, tras la rendición del comandante de la plaza, Diego de Vera. Las tropas gasconas y navarras trataban de retomar el control de Navarra, perdida en 1512 en favor del rey Fernando el Católico.

Beltrán de la Cueva, III Duque de Alburquerque, fue nombrado capitán general de Guipúzcoa en mayo de 1522 y se lanzó rápidamente a recuperar el castillo con una hueste de soldados españoles reclutados de las villas cercanas y cerca de 3.000 lansquenetes alemanes. Jacques D'Aillon, que se había quedado al mando de la defensa del castillo, decidió abandonarlo ante la imposibilidad de defenderlo, pero no sin antes intentar volarlo. El capitán Ochoa Sanz de Asua, junto a unos cuantos hombres, lograría evitarlo y tomar al asalto el castillo. Allí padecerían un largo asedio.

El Asedio de Maastricht


El 29 de junio del año 1579 terminaba el largo asedio al que había sido sometida la ciudad holandesa de Maastricht, tras lograr el ejército realista, conducido por Alejandro Farnesio, batir sus defensas y penetrar en ella, saqueándola y poniendo en fuga a la mayor parte de la población. Maastricht seguiría en manos españolas hasta 1632, año en que las Provincias Unidas lograrían conquistarla. 

Corría el año 1577 cuando Alejandro Farnesio llegó a Flandes, tras la llamada de sus tíos, Juan de Austria, y el rey de España Felipe II. La Guerra de los Ochenta Años llevaba ya casi una década y el príncipe de Parma tenía claro que había que recuperar la iniciativa perdida en los años anteriores. La muerte de Juan de Austria a comienzos de octubre de 1578 había convertido al príncipe en el nuevo gobernador de los Países Bajos. Tras una serie de hábiles maniobras políticas emprendidas por Farnesio, el 5 de enero de 1579 se firmaba la Unión de Arras, por la cual las provincias católicas del suroeste se comprometían con la causa de Felipe II, que la ratificaría en noviembre de ese año. Por su parte, las provincias rebeldes formarían unas semanas después la llamada Unión de Utrecht.

De esta forma, Alejandro se aseguró tener la retaguardia cubierta, además de un suministro razonable de tropas, por lo que, una vez preparado, se lanzó a la conquista de las ciudades de Bruselas y Amberes, o eso al menos era lo que pensaba el líder de los rebeldes holandeses, Guillermo de Orange. El príncipe de Parma tenía claro que antes de emprender la toma de estas dos importantes ciudades, era de suma importancia recuperar la ciudad de Maastricht, ya que esta ciudad constituía un magnífico puente sobre el río Mosa, un importante nudo de comunicaciones y una plataforma desde la que emprender acciones contra los rebeldes, y además de cortar los importantes socorros que los rebeldes recibían desde Alemania por dicha ciudad, por lo que en esa tarea empeñaría todos sus esfuerzos en los siguientes meses.

Guerreros: Ana María de Soto


Un 26 de junio de 1793, Ana María de Soto, disfrazada de varón y bajo el nombre de Antonio María, se alistó en Cádiz en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina siendo la primera mujer en alistarse en la Infantería de Marina Española.

Nacida en torno al año 1777 en una familia de origen muy humilde de Aguilar de la Frontera, en Córdoba, probablemente la pobreza, mezclada con el deseo de aventuras serían la causa de su alistamiento, aunque no hay mucho escrito sobre esta época de su vida. Sea como fuere, con unos 16 años se presentó en San Fernando, Cádiz, con la idea de ingresar en los batallones de marina. Lo consiguió y acabó encuadrada en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina, donde pronto zarparía comenzando su aventura militar.

A principios de 1794, en el marco de las Guerras de Revolución francesas, embarcó junto a su compañía en la fragata "Mercedes", de 34 cañones. La misión era defender Cataluña de las fuerzas francesas. Para ello la Mercedes fue enviado con su dotación a la costa gerundense, donde participó en la defensa de Rosas, que tuvo que ser abandonada por la abrumadora superioridad de las fuerzas francesas, siendo recuperada poco después por el general José de Urrutia. Un año más tarde estaría presente en las batallas de Bañuls y Aljama.

La Batalla del Fuerte Mosé


Un 25 de junio del año 1740 tenía lugar la batalla del Fuerte Mosé, en San Agustín, Florida, que enfrentó a las tropas españolas de Manuel de Montiano, gobernador de Florida, contra los soldados ingleses de coronel John Palmer.

En el marco de la Guerra del Asiento, que enfrentaba a Inglaterra y España, los británicos, dirigidos por el gobernador de Georgia, James Edward Oglethorpe, ocuparon el Fuerte Mosé, de vital importancia para las comunicaciones de la zona, que había sido abandonado previamente por orden de Manuel de Montiano, debido a la escasez de hombres y a la imposibilidad de defensa ante la llegada de un potente ejército enemigo.

El Fuerte Mosé se encontraba en la frontera de Florida con Georgia, ocupada por los ingleses. Allí los esclavos africanos eran brutalmente explotados por los británicos en los campos de algodón, por lo que muchos de ellos no tardaron en escaparse hacia los territorios españoles. Pero no solo los esclavos negros sufrían las consecuencias del colonialismo británico, los indios habían sido despojados de sus tierras y perseguidos, salvo algunas pocas tribus con las que habían llegado a alianzas.

Guerreros: Cristóbal de Mondragón



Aún se duda si Cristóbal de Mondragón y Otálora nació en 1504 o en 1514. Quizás esta última fecha sea la más comúnmente aceptada. Lo cierto es que vino al mundo en la localidad vallisoletana de Medina del Campo y que tomó el apellido de la villa de procedencia de la familia de su padre: Mondragón, en Guipúzcoa. Éste se había casado con Mencía de Mercado, de hidalga familia de Medina, donde tenían su residencia. 

Sus primeras acciones militares datan de los tiempos de las campañas de Carlos I en Italia, combatiendo contra los franceses, y posteriormente lo encontramos en las tomas de La Goleta y Túnez. Pero Mondragón obtiene repercusión tanto nacional como internacional durante la Batalla de Mühlberg, contra los rebeldes luteranos de la Liga Esmalcalda.

Allí, junto a diez soldados más, el 24 de abril de 1547 cruzaba el río Elba "con las espadas en la boca y el agua por encima del pecho", como escribiría Lope de Vega, y, tras vencer la resistencia de los vigilantes de los pontones con los cuales poder cruzar el río de manera segura, se apropiaron de ellos y consiguieron llevarlos hasta la orilla española, sorteando el fuego de arcabucería enemiga, mientras sus compañeros de armas gritaban de júbilo y sorpresa ante tal hazaña.

El Camino Español


Un 20 de junio de 1567 Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III Duque de Alba, partía desde Milán al mando de 10.000 soldados de los Tercios para pacificar la región de Flandes, inmersa en una guerra de religión propiciada por los calvinistas, inaugurando así el comienzo de los que se denominaría el "Camino Español".

En 1566 el calvinismo ya se había extendido por los Países Bajos alentado por las guerras de religión alemanas. En abril de ese año diversos nobles locales presentaron una serie de exigencias a la gobernadora Margarita de Parma, hermanastra de Felipe II, conocidas como el "Compromiso de Breda". En él se exigía, además de la libertad religiosa, numerosas ventajas para la burguesía calvinista, muy afectada por el bloqueo comercial con Dinamarca y Suecia, dada la guerra que enfrentaba a ambos reinos.

La actitud de Margarita, asistida por el cardenal Granvela, fue de flexibilidad y tolerancia, pero los calvinistas aumentaban sus exigencias y alentaban el descontento de una burguesía cada vez más empobrecida. En agosto estalló la revuelta, conocida como la de los iconoclastas. Los calvinistas, cuya cabeza visible era Guillermo de Orange, asaltaron iglesias, quemaron imágenes que consideraban heréticas y se lanzaron a la persecución de los cristianos valones, flamencos u holandeses.

Batalla de Steenbergen


Un 17 de junio de 1583 las tropas españolas comandadas por el duque de Parma, Alejandro Farnesio, obtenían una aplastante victoria sobre una fuerza combinada de tropas francesas, inglesas y de las Provincias Unidas bajo el mando del barón de Biron y del general John Norreys.

En el marco de la Guerra de los 80 años, España, en guerra también con la Inglaterra de Isabel I, se aprestaba a tomar la ciudad de Eindhoven. Las tropas de Alejandro Farnesio avanzaban imparables por las provincias rebeldes. Pusieron sitio a Eindhoven y tomaron Diest, Hoogstraten y Turnhout. Por su parte, las tropas rebeldes se aproximaban raudas a Amberes para tratar de coger por sorpresa a los imperiales, una maniobra de la cual Farnesio pudo enterarse por sus espías y salir presto a buscarlas.

El lugar del encuentro sería Steenbergen, localidad del Brabante Septentrional cercana a Eindhoven. Los rebeldes contaban con un potente ejército, muy superior en número al que podía enfrentar Farnesio, pero éste, con su habitual genio militar, organizó sus fuerzas a la perfección. Piqueros en perfecta formación en el centro de la línea; con los arcabuceros y mosqueteros delante; la caballería a los flancos y la artillería situada en una pequeña elevación desde donde dominaba el campo de batalla.

Paz con Argel


El 14 de junio de 1786 España firmaba la paz con Argel poniendo fin a un conflicto que duraba ya más de dos siglos y al que en numerosas ocasiones los españoles habían tratado sin éxito de poner fin. 

Desde los tiempos de Carlos I las costas españolas y sus posesiones en Italia se veían amenazadas por los corsarios argelinos. Ahora, con Carlos III en el trono, y tras el resurgimiento de la armada española, se preparaba el golpe definitivo contra la piratería de esas tierras. 

El primer intento se produjo en 1775, tras conseguir con éxito derrotar a las tropas del sultán de Marruecos en su asedio a Melilla, se organizó una flota para tomar Argel al mando del teniente general Pedro González de Castejón, compuesta por más de 30 buques, entre los que había 6 navíos y 12 fragatas. La expedición fracasó por la pésima elección del lugar de desembarco, por parte del general de las tropas terrestres, Alejandro O'Reilly, y su mala ejecución del asalto sobre Argel.

Defensa del Castillo del Morro


Un 6 de junio de 1762 una enorme escuadra inglesa compuesta por más de dos centenares de barcos al mando del almirante George Pocock llegaba a la Habana con el objetivo de arrebatársela a los españoles.

Dentro del marco de la Guerra de los 7 años, España, que de la mano del rey Carlos III había firmado un nuevo Pacto de Familia con Francia, se enfrentaba a los continuos ataques británicos en el Atlántico y el Caribe. Los ingleses tenían en mente apoderarse de la Habana y hacerse con el control de una de las joyas de la Corona Española. Para ello reunieron una potente flota que zarpó de Inglaterra en marzo. 23 navíos, 27 fragatas y otra veintena de buques menores acompañando a unos 150 barcos de transporte que llevaban más de 16.000 soldados.

Carlos III, sabedor de que los ingleses tenían los ojos puestos en Cuba, había nombrado en 1760 al mariscal Juan de Prado Malleza, capitán general y gobernador de la isla, y le había dotado de medios materiales y humanos para repeler cualquier posible ataque. Pero cuando las velas inglesas se divisaron en el horizonte de La Habana el 6 de junio de 1762, se pudo comprobar la trágica realidad: ni los muros ni los castillos se habían reforzado como era debido, ni se habían dispuesto la mayoría de cañones enviados por el monarca, ni se había colocado ni una sola de las piezas de artillería de tiro rasante. Tampoco se habían organizado, tal y como había ordenado el rey, las milicias locales.

Sitio de Breda


El 5 de junio del año 1625, Justino de Nassau rendía la ciudad de Breda a las tropas españolas del capitán general Ambrosio de Spínola, tras un asedio que se prolongó durante más de 10 meses. 

Tras la tregua de los 12 años, en 1621 se rompían de nuevo las hostilidades entre España y Holanda. Francia e Inglaterra se habían desentendido, al menos momentáneamente, del escenario de los Países Bajos, por lo que los españoles se prepararon a conciencia para hacer frente a la ofensiva en el sur que iban a plantear los holandeses, así que dispusieron tropas y recursos materiales por todos los territorios bajo su control para poder frenarles.

Se encontraba Felipe IV ya en el trono del reino y los españoles, con Ambrosio de Spínola como capitán general del ejército de Flandes, habían tomado la ciudad de Juliers, una plaza estratégica de vital importancia para las comunicaciones entre los rebeldes holandeses y sus aliados protestantes en los territorios alemanes. Ahora Spínola ponía sus ojos en la ciudad de Breda, que era el principal bastión rebelde de la región de Brabante.

La Contraarmada: La Defensa de Lisboa


Un 26 de mayo de 1589, y tras ser repelidos por los españoles en La Coruña, los ingleses desembarcaban en la ciudad portuguesa de Peniche con el objetivo de tomar Lisboa y usurpar el trono de Portugal al rey Felipe II, y poner en su lugar al Prior de Crato.

En el marco de la llamada "Contraarmada", por ser inmediatamente posterior al intento de invasión de Inglaterra por parte de la "Grande y Felicísima Armada", la flota de Drake partió desde Plymouth e intentó sin éxito tomar la ciudad costera de La Coruña, por lo que se dirigió hacia Lisboa, destino original del plan, al objeto de arrebatar el trono a Felipe II y colocar en su lugar a Antonio, Prior de Crato, que había firmado un pacto secreto con la reina Isabel por el que le entregaba numerosas plazas, así como 5 millones de ducados y un tributo anual a cambio de su ayuda.

Así las cosas, el 26 de mayo de 1589 la flota de Francis Drake llegaba a las costas de Peniche, al norte de Lisboa. Ahí comenzaron a desembarcar algo más de 10.000 soldados ingleses a las órdenes del coronel John Norreys. El plan inglés era sencillo: avanzar por tierra con la infantería mientras que la flota de Drake forzaría la boca del Tajo batiendo las defensas de la ciudad desde el agua. Además esperaban contar con la ayuda de parte de los habitantes de Lisboa, pues pensaban que el Prior contaba con adeptos entre los habitantes de la ciudad.

Batallas de Cagayán


En el año 1582, tras los constantes ataques de los piratas japoneses a los territorios españoles de Filipinas, una escuadra española, al mando del capitán Juan Pablo de Carrión, se enfrentaba con las fuerzas japonesas capitaneadas por Tay Fusa en la provincia de Cagayán, en la isla de Luzón, venciendo y poniendo fin a la amenaza pirata.

Ya en 1574, el pirata chino Li Ma Hong, había atacado Manila al frente de 3.000 soldados, siendo rechazado por las fuerzas defensoras españolas. Pero al comienzo de la década de los 80, piratas japoneses denominados "wako", empezaron a asaltar las poblaciones de la isla de Luzón, causando el pánico en los habitantes de la región, y estableciendo una base allí. Con numerosos barcos y multitud de artillería proporcionada por los portugueses, estos piratas resultan ser un enemigo terrible en una isla donde el socorro es prácticamente imposible.

Por aquel entonces era gobernador de las Filipinas Gonzalo de Ronquillo, quien escribió al rey pidiendo ayuda ante el cariz de los acontecimientos. Felipe II temía que la piratería japonesa pudiera cortar la ruta del Galeón de Manila, así que envió a Juan Pablo Carrión, veterano hombre de armas y experto expedicionario y marino que contaba en aquel momento con 70 años de edad.

Batalla de Pensacola


Tal día como hoy, en el año 1781, finalizaba la batalla de Pensacola, librada en la Florida de la actual Estados Unidos en el marco de la Guerra de Independencia norteamericana, y que enfrentó a las tropas españolas de Bernardo de Gálvez frente a las británicas de John Campbell, con el resultado de una importante victoria española.

Instalados en la Luisiana, tras habérsela cedido Francia a España por el Tratado de París, los españoles entraron en guerra con Gran Bretaña tomando partido por las 13 colonias americanas en su revuelta contra el imperio británico, tras firmar el Tratado de Aranjuez junto a Francia en junio de 1779.

Los ingleses, desde sus territorios en Florida, perdidos por España en la Guerra de los 7 años, invadieron Luisiana, por lo que el gobernador y general, Bernardo de Gálvez, movilizó un ejército con el que recuperar la iniciativa. Ésta llegó con la toma del Fuerte Charlotte, en la ciudad de Mobile, en marzo de 1780, y que constituía un importante puesto fronterizo y una amenaza considerable sobre la ciudad española de Nueva Orleans.

La Contraarmada: La Defensa de Coruña


El 4 de mayo de 1589 tropas inglesas y holandesas trataron sin éxito de hacerse con la ciudad de Coruña, brillantemente defendida por el poco ejército que el gobernador de la villa, Juan Pacheco, pudo reunir, destacándose María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, más conocida como María Pita, y que acabaría siendo elevada a la categoría de heroína del pueblo.

Tras el fracaso de la "Grande y Felicísima Armada", enviada por Felipe II para tomar Inglaterra un año antes, la reina Isabel I decidió tratar de devolver el golpe a España, y mandó una flota de entre 150 y 200 buques, entre ellas unas 60 urcas holandesas, que transportaban un ejército de más de 25.000 hombres, entre tropa y marinería. El objetivo principal era destruir los buques que habían sobrevivido de la flota española, los cuales se encontraban en su mayoría reparándose en los puertos del Cantábrico. Además se pretendía tomar la ciudad de La Coruña, y desde allí, avanzar hacia el sur para tomar Lisboa y entronizar al Prior de Crato, rival que había sido vencido en la Batalla de Alcántara 9 años antes, perdiendo así el trono portugués en favor del monarca español.

Las aspiraciones de Crato significaban la ruina para Portugal, ya que había pactado en secreto con la reina inglesa una compensación de 5 millones de ducados, más un tributo anual y la cesión de numerosas plazas portuguesas. Además había autorizado el saqueo inglés de Lisboa durante 12 días, ya que la nobleza de esta ciudad se puso de parte de Felipe en su lucha por el trono.

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