Sitio de Ostende

Batalla de Rocroi


El 19 de mayo de 1643, tras más de 6 horas de despiadada batalla, el ejército hispano, bajo el mando de Francisco de Melo, capitán general de los tercios en Flandes, caía derrotado en Rocroi ante las tropas francesas del Duque de Enghien.  

Tras heredar Felipe IV el trono, el Imperio Español, aunque en una situación de clara decadencia, seguía extendiéndose por todo el planeta y aún mantenía la hegemonía mundial. A pesar de ello, ya no era la potencia que era en siglo XVI, y sus enemigos habían crecido en número y beligerancia. En esta situación, dentro del marco de la Guerra de los 30 años, Francia intervino en la guerra en 1635, alarmada por la derrota de los suecos y la hegemonía de los Habsburgo en Europa. De esta forma el Cardenal-Infante enviaría a los tercios desde los Países Bajos y Felipe IV haría lo propio penetrando en Francia por el sur.

En el verano de 1636 el Cardenal-Infante lanzó sus fuerzas contra el norte de Francia, tomando Le Bec de la Chapelle, Saint Leger y Corbie, tomando los puentes sobre el río Somme, quedando expedito el camino a París. La caballería española llegó a los arrabales de la capital francesa provocando el caos y el miedo entre la población y la corte, y evacuándola casi por completo. Pero no pudieron las fuerzas del sagaz Cardenal-Infante explotar su éxito y tomar París, pues Felipe IV nunca llegó a invadir el sur francés. El proyecto se abandonó y Francia respiró aliviada, incapaz de derrotar el poder hasta que, en 1640, y aprovechando las revoluciones surgidas en Portugal y Cataluña, que tanto la propia Francia como Inglaterra, aspirantes al trono mundial, habían alimentado convenientemente, se lanzó a la carga.

Para tratar de aliviar la presión en estas zonas y en el Franco Condado, España decidió invadir la región francesa de Champaña. Francisco de Melo, de origen portugués y que en 1641 había sido nombrado gobernador de los Países Bajos, derrotó ampliamente a un potente ejército francés en Honnecourt, el 26 de mayo de 1642, y siguió avanzando por el norte francés, penetrando en la región de Las Ardenas. Con algo más de 20.000 soldados y cerca de una treintena de cañones, Francisco de Melo, puso sitio a la ciudad francesa de Rocroi en mayo del siguiente año.

Soneto de Gutierre de Cetina al Tercio de Castelnuovo

"Héroes gloriosos, pues el cielo
os dio más parte que os negó la tierra,
bien es que por trofeo de tanta guerra
se muestren vuestros huesos por el suelo.

Si justo es desear, si honesto celo
en valeroso corazón se encierra,
ya me parece ver, o que sea tierra
por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo,

No por vengaros, no, que no dejastes
a los vivos gozar de tanta gloria,
que envuelta en vuestra sangre la llevastes;

sino para probar que la memoria
de la dichosa muerte que alcanzastes,
se debe envidiar más que la victoria."

"A los huesos de los españoles muertos en Castelnuovo", de Gutierre de Cetina; poeta español nacido en Sevilla en 1520 y soldado de los tercios a las órdenes de Carlos I. Murió en 1557 tras ser herido en una disputa amorosa en Puebla de los ángeles, Nueva España.


Carta de Carlos V a Francisco Sarmiento

"Primeramente el dicho maestre de campo ha de hordenar y procurar, que el amistad y buena hermandad, que agora se tiene con los súbditos de la Señoría de Venecia se conserve y aumente. Otrora se ha de procurar buena amistad con los pueblos y gente principal de los cristianos moriacos dando a entender a todos la potencia y benignidad de S.M. y de la Santa Liga... Y en caso que se tenga aviso cierto, si cerca deste lugar hay alguna banda de turcos, y pareciendo que se les puede dar alguna buena mano o encamiçada, y hacer buena presa de ellos ó de sus haciendas y ganados, podrá permitir el dicho maestre de campo que para tal caso puedan salir hasta myl hombres."

Carta del Emperador Carlos V al maestre de campo Francisco de Sarmiento, a cargo del Tercio de Castelnuovo.

"Estudios Históricos; 1515-1555" (Francisco de Laiglesia).



Defensa de Castelnuovo


Un 7 de agosto del año 1539, se producía la toma de la fortaleza de Castelnuovo por la fuerzas otomanas, tras la heroica resistencia del Tercio de Nápoles durante más de un mes.

Tras conseguir parar el avance turco sobre Austria, la Liga Santa, compuesta por el Papado, Venecia, España, la Orden de Malta y el Archiducado de Austria, se lanzó a acabar con el dominio otomano en el Mediterráneo, combatiendo contra Barbarroja en el Golfo de Arta, pero las diferencias entre sus miembros precipitaron su disolución. Como resultado de esto, Barbarroja pudo escapar y los tercios españoles se quedaron solos junto a los venecianos, en la toma de Castelnuovo, fortaleza clave en la costa dálmata de Montenegro.

Carlos I, rey de España, decidió que Castelnuovo quedase bajo mando español, por lo que Venecia, que reclamaba su propiedad, interrumpió su apoyo, dejando la plaza completamente aislada, y defendida únicamente por unidades del Tercio de Nápoles y del de Lombardía, y compuesto por algo más de 3.000 hombres bajo el mando de Francisco de Sarmiento, su maestre de campo, rebautizándose como Tercio de Castelnuovo. El Sultán turco, Solimán I, el Magnífico, quería recuperar la fortaleza a toda costa, y mandó una poderosa flota bajo el mando de Barbarroja. 200 naves y 50.000 hombres se lanzaron a la toma de Castelnuovo en julio de 1539.

Toma de Amberes


Un 17 de agosto del año 1585, se producía la toma de Amberes por parte de las tropas españolas comandadas por Alejandro Farnesio, duque de Parma, tras más de un año de asedio.

En el marco de la Guerra de Flandes, Alejandro Farnesio, capitán general del ejército español en Flandes, tras la toma de ciudades rebeldes como Alost, Maastrich, Ypres o Brujas, y unir a las provincias católicas con la Unión de Arras, se lanzó a la conquista de Amberes, la mayor ciudad flamenca y principal bastión de la rebelión.

Con 100.000 hombres y aún conservando buena parte de su poderío económico, la posición defensiva de Amberes era inmejorable. El este de la cuidad era dominado por el imponente río Escalda, mientras que la parte que daba a la región de Brabante, estaba defendida por una enorme muralla con 10 poderosos baluartes, todo ello protegido a su vez por un foso inundado. Una ciudad considerada inexpugnable.

Tras la toma de varias villas próximas a Amberes, donde murió el maestre de campo del Tercio de Sicilia, Pedro de Paz, siendo sustituido por Juan del Águila, soldado que gracias a su destreza y valor llegaría desde lo más bajo a mandar un Tercio Viejo, Farnesio no perdió el tiempo y con un ejército de 10.000 soldados y algo más de 1.500 jinetes, puso en marcha su plan; la construcción de un gigantesco puente que le diera acceso a través del Escalda.

Guerreros: Juan de Urbieta


Un 22 de agosto del año 1553, moría en Hernani Juan de Urbieta Berastegui y Lezo, soldado de los tercios españoles que alcanzó gran fama tras capturar, junto a 2 compañeros de armas, al rey francés Francisco I en la batalla de Pavía.

Natural de Hernani, su destino parecía estar ya marcado por el contexto en el que nació, ya que su llegada a este mundo se produjo cuando los Reyes Católicos acababan de dar las primeras Ordenanzas Municipales con las que, a partir de entonces, debía regirse su villa natal. La entrada del ejército francés en Guipúzcoa para apoyar a Navarra contra las tropas de Fernando el Católico, provocó enfrentamientos que, en el caso de Hernani, supusieron un incendio que destruyó el lugar echando por tierra todos los planes previstos para su desarrollo económico, social y político.

Tras servir como criado en la Casa de los Artola, durante su estancia en San Sebastián consideró que la mejor forma de defender a su patria era comenzar con la carrera militar. Llegó a Italia como arcabucero, combatiendo en Bicoca y posteriormente en Pavía, donde las tropas francesas sufrieron un durísimo golpe y vieron, al menos durante un tiempo, imposibles sus pretensiones sobre Italia.
Es en Pavía, al sur de Lombardía, donde Juan de Urbieta adquiriría la merecida fama.

Batalla de Fleurus


Un 29 de agosto del año 1622, las tropas españolas de Fernández de Córdoba, derrotaban a las fuerzas protestantes del conde de Mansfeld en Fleurus, en la provincia del Henao, en pleno corazón de Bélgica. 

En el marco de la Guerra de los 30 años, mientras las tropas españolas de Ambrosio de Spínola estaban ocupados en el sitio de Bergen-op-Zoom, una ciudad en el estuario del Escalda, los holandeses contrataron los servicios de Ernesto de Mansfeld, noble alemán mercenario al servicio del mejor postor, y Cristian de Brunswick, líder militar protestante alemán, para poder romper el asedio. Mansfeld y Brunswick habían combatido en la Guerra del Palatinado como paladines de la causa de Federico el Palatino, que se hallaba en plena guerra con el emperador Fernando II por haber sustraído el primero el trono de Bohemia.

Las fuerza españolas corrían entonces el peligro de quedar atrapadas, ya que los protestantes cortaban el paso hacia Amberes. Ante esta situación, Spínola mandó llamar a Fernández de Córdoba, descendiente directo de El Gran Capitán, y maestre de campo general de las fuerzas españolas en el Palatinado. Fernández de Córdoba marchó a toda prisa para socorrer al ejército de Ambrosio Spínola. Atravesando Luxemburgo y las Ardenas, se topó con las fuerzas de Mansfeld y Brunswick en Brabante. La diferencia de número entre ambos ejércitos, hizo que Córdoba se pusiera a la defensiva, apostando su ejército en el bosque de Fleurus, para poder proteger sus flancos del ataque de la caballería protestante.

Sitio de Ostende


Pocas veces el concepto de asedio se puede definir tan bien como en Ostende. Un asedio que duraría más de tres años y que acabaría con la victoria de las fuerzas hispanas conducidas en su etapa final, y de forma brillante, por un general genovés cuya estrella comenzaba a brillar con fuerza, Ambrosio de Spínola

Más de treinta años habían transcurrido ya desde el comienzo de la guerra entre España y las Provincias Unidas. Los Países Bajos estaban regidos desde 1598 por el matrimonio compuesto por el archiduque Alberto de Austria y la infanta de España Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II. Ambas naciones estaban económica y humanamente agotadas. A comienzos del nuevo siglo Holanda parecía estar ganando terreno; su victoria en la Primera Batalla de las Dunas, el 2 de julio de 1600, fue una inyección de moral, pues había derrotado a un ejército hispano en campo abierto. 

Si bien esta victoria era muy importante desde el punto de vista de la propaganda, Mauricio de Nassau no pudo explotarla convenientemente ya que sus líneas de abastecimiento se habían extendido demasiado y corría el peligro de quedar expuesto a un ataque de las fuerzas hispanas. De este modo Mauricio juzgó prudente retirarse tras no conseguir que las tropas flamencas que defendían la ciudad de Nieuwpoort se sublevasen contra los españoles. De esta forma no solo la ciudad, sino el puerto de Dunkerque, que era la gran ambición de Mauricio, estaban a salvo momentáneamente. La campaña de 1600 había llegado a su fin de manera precipitada y esto daba un respiro al archiduque y a la infanta para poder recuperar la iniciativa y pasar a la acción. 

La Inquisición

Todos hemos oído que la Inquisición nació para reprimir a los herejes; cierto, y esa es la imagen que la inmensa mayoría tiene de ella. Pero también se creó para evitar linchamientos y atropellos indiscriminados. Sin duda esta es la parte menos conocida; y más ocultada.

En la época medieval, la simple disputa entre vecinos podía acabar en el asesinato, con la excusa de ser un hereje. Por lo tanto, su propósito era reglamentar el delito de herejía, a modo de tribunal, evitando que la gente se tomara la justicia por su mano. Y en esto conviene aclarar que se refería a los herejes, es decir, todo aquel bautizado que rechaza algún dogma sagrado. Ergo no tenía jurisdicción sobre moros o judíos.

Primero surge en el sur de Francia a finales del siglo XII, en la zona de Languedoc. El Papa Lucio III decreta la bula "Ad abolendam", como medio para acabar con la herejía Cátara. Más tarde, se instaura en Aragón, en el 1249, y llegará a Castilla tras la unión de ambas con los Reyes Católicos. La española ha sido la Inquisición más duramente castigada por el mito de la Leyenda Negra, propagada por los enemigos de España, fundamentalmente a partir del siglo XVI.

Como se ha explicado, uno de los fines de la Inquisición, era poner fin a los abusos que se cometían por los tribunales civiles o por los propios hombres. Los primeros tribunales de la Inquisición (administrada a nivel local y de reinos por obispos), de hecho, eran bastante laxos en cuanto a herejía se trataba. Paulo Hungarus, Inquisidor Mayor en Hungría, defendió a los chamanes paganos húngaros, asegurando que éstos, al adorar al sol, adoraban al ente supremo que era el mismo Dios, por lo que no hallaba razón para condenarlos.

No será hasta 1231 cuando Gregorio IX, mediante la bula "Excommunicamus", cuando se cree la Inquisición Papal, administrada principalmente por los dominicos, bajo la ulterior autoridad papal. En 1252, la bula "Ax Extirpanda", del Papa Inocencio IV, sienta las bases del procedimiento, para el cual se autoriza la tortura, solo en casos extremos y prohibiendo la mutilación y las heridas graves, y siempre bajo la presencia de un médico. La inmensa mayoría de los procesos no llegaban nunca a tal extremo, y la abjuración conllevaba la conmutación de la pena por cárcel, multa, destierro o incluso arresto domiciliario, como en el caso de Galileo.

Aunque desde 1249 la Inquisición existía en Aragón, como ya se ha indicado, tardaría casi 250 años en implantarse en Castilla, dando origen a la Inquisición española, sin duda la peor parada, y la que tanto nos gusta a los españoles sacar a relucir en cualquier conversación sobre religión. Ésta se crea mediante la bula emitida por Sixto IV, en 1483, dependiendo directamente de los propios Reyes Católicos. Su primer Inquisidor General sería Tomás de , uno de los más damnificados por la Leyenda Negra.

La inquisición era una institución tremendamente cuidadosa y organizada, por lo que las causas de herejía están muy detalladas en sus registros. Los resultados de la revisión, según la "Suprema", conservada en el Archivo Histórico Nacional, donde todos los tribunales locales remitían las actas anualmente, arrojan bastante luz a la cuestión del número de víctimas de la Inquisición en España. Desde sus orígenes hasta 1560, cuando apenas se conserva documentación, las recientes investigaciones admiten un número de condenas a muerte que oscila entre los 1.400 y los 7.500. De las 49.092 causas abiertas por la Inquisición entre el año 1560 y el 1700, dan una cifra de entre 930 y 980 condenados a muerte. En esas condenas por herejía, se contemplaban también crímenes como la violación o la piratería.

Otro de los grandes mitos son las matanzas orquestadas por la Inquisición contra los protestantes. Bien, el número de protestantes condenados por la Inquisición española entre 1520 y 1820 asciende a 220, de los cuales solo 12 fueron quemados. Autores como Gustav Henningsen, Jaime Contreras o Ricardo García Cárcel, entre otros estudiosos de la "Suprema", sostienen estas cifras.

Estas cifras resultan ridículas si las comparamos con las muertes que dejó la reforma anglicana, por ejemplo. Según la catedrática de historia moderna de la Universidad de Navarra, Rocío García Bourrellier, en Irlanda existían más de 2.000 monjes católicos antes del anglicanismo; solo 2 sobrevivieron a la represión de Enrique VIII. Durante el reinado de Isabel I, se ejecutaba a alrededor de 800 católicos al año. Y tuvo un reinado muy dilatado.

Además la Inquisición fue el primer tribunal del mundo que prohibió la tortura, cien años antes de que esto se prohibiese en otros tribunales. Muchos reos blasfemaban con el propósito de ser trasladados a cárceles inquisitoriales, más benignas que las prisiones comunes civiles.

Otro de las grandes leyendas dentro del mito en sí es la quema de brujas. La tan cacareada expresión de "Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar", no es más que otro mito de la Leyenda Negra. Hubo persecuciones de brujas por parte de católicos en el siglo XV y XVI, pero las grandes cifras vienen de lado protestante después de la Reforma. Las caza de brujas en territorios alemanes, donde Lutero defendió vivamente su persecución, dejó un saldo de muertes que se cifran entre las 8.500 y las 15.000. En el distrito de Osnsbrück, por ejemplo, fueron quemadas 121 en tres meses en 1583. En Wolfenbutten quemaron a 10 en un solo día en 1593.También hubo una brutal persecución en la Inglaterra anglicana y en sus colonias.

En España, la Inquisición nunca se tomó en serio a la brujería como delito. Lo atribuían a ignorancia o falta de juicio. El obispo de Ávila, Alfonso de Madrigal, afirmaba en 1436 que los aquelarres eran fantasías producto de drogas. El dominico Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, afirma que "nadie puede creer que una mujer pueda salir de una casa por una grieta, por un agujero de la pared o por una chimenea, porque con lo "luengo, ancho o rondo" de los cuerpos, no pueden pasar. Así concluye que creer en todo eso "no viene sino por falta de juicio". El Inquisidor General, Fernando de Valdés, en 1554 va aún más lejos: está convencido de que los casos de brujería "son simples imposturas, ya que es posible hacer confesar cualquier cosa a las brujas; en la mayoría de los casos, lo que hay que hacer es enviarlas a casa".

Según el hispanista francés, Jospeh Pérez, gran experto en la materia de la Inquisición Española, la Monarquía Hispánica constituye "un caso absolutamente único en toda Europa" pues frente a la "locura brujeril imperante", el Consejo de la Suprema y General Inquisición se convirtió en un "bastión de sensatez, prudencia y racionalidad" y no permitió "que se quemara una sola bruja" en las nueve "complicidades de brujas" en las que intervino entre 1526 y 1596. De hecho, de los archivos se desprende que hubo menos de 50 condenas a muerte en toda la historia de la Inquisición Española.

Hoy en día, los datos proporcionados por la inmensa mayoría de los historiadores modernos, no ofrecen la menor duda sobre la exageración desproporcionada de las atrocidades practicadas por la Inquisición, y más concretamente por la española. Sin embargo no parece que entre la gente común la leyenda negra de la Inquisición (sobre todo la española) haya desaparecido. Aún a día de hoy, muchísima gente cree que Galileo fue torturado y quemado en la hoguera. Incluso la mayoría atribuye a la Inquisición española la muerte en la hoguera de Miguel Servet, cuando precisamente murió a manos de los calvinistas.










Guerreros: Álvaro de Bazán y Guzmán


El 12 de diciembre del año 1526, nacía en Granada Álvaro de Bazán y Guzmán, Capitán General de la Mar Oceana, y uno de los marinos más importantes y brillantes de la historia de España. De ascendencia navarra, el linaje Bazán estuvo siempre ligado a La Corona de Castilla. Su abuelo llegó a ser capitán general en la guerra de Granada. Su padre derrotó a los franceses en Galicia, en la batalla naval de Muros, también como Capitán General de la Mar Oceana, y en la que llegó a participar su hijo Álvaro.

A los 3 años, Álvaro de Bazán fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, y con 8 fue nombrado, por Carlos I, Alcaide del Castillo de Gibraltar mediante una Real Cédula expedida por el rey y que rezaba: “Acatando vuestra suficiencia y habilidad y los muchos y leales servicios que el dicho vuestro padre nos ha hecho y esperamos que vos nos haréis”.

En 1546, ya como un consolidado marino, fue puesto al mando de la flota que daba escolta en las costas del suroeste de España a los buques que llegaban de América. Esto le permitió mostrarse como un brillante táctico en sus enfrentamientos con piratas y corsarios, principalmente ingleses y franceses, aunque también otomanos. Tras su matrimonio con Juana de Zúñiga, fue nombrado capitán de la armada con tan solo 28 años, sirviendo en numerosas acciones en las que siempre acababa saliendo victorioso.

Isabel La Católica

Hija de Juan II de Castilla e Isabel de Avis, dinastía portuguesa, nació en Madrigal de las Altas Torres, una villa de Ávila, en 1451. A los 3 años se le comprometió con Fernando (conocido después como el Católico), hijo de Juan II de Aragón, pero posteriormente el rey Enrique IV, quiso desposarla con otros pretendientes y 10 años más tarde se trasladará a la Corte en Segovia junto a su hermano Alfonso.

Por aquel entonces, el Rey Enrique IV había tenido una hija, Juana de Castilla, más conocida como Juana la Beltraneja, con la heredera portuguesa, Juana. Muchos nobles se opusieron a aceptarla como heredera dadas las sospechas de que era hija ilegítima del Duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, y propusieron a Alfonso como heredero al trono.

Sin embargo éste murió en 1468, por lo que los nobles opositores a Enrique IV, la designaron a ella para ocupara al trono. Isabel no accedió a ello, por respeto al rey, que era además su hermanastro, pero consiguió ser proclamada Princesa de Asturias el 19 de septiembre de ese mismo año, en la ceremonia de los Toros de Guisando, y por tanto, optar al trono a la muerte de Enrique IV.

El rey, que veía en Isabel una rival formidable, siguió tratando de casarla con candidatos que le dejasen a su hija Juana libertad para finalmente acceder a la Corona de Castilla, pero Isabel se siguió negando y negoció en secreto con Juan II de Aragón, su matrimonio con Fernando, su hijo, a pesar del impedimento legal por ser primos segundos. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Cervera el 5 de marzo de 1469, tras falsificar una bula papal de Pío II. Finalmente, el 19 de octubre contrajeron matrimonio en Valladolid, y 2 años después, obtuvieron la dispensa papal de la mano de Sixto IV.

El 13 de diciembre de 1474, 2 días después de la muerte de su hermanastro Enrique IV, fue proclamada reina de Castilla, en cumplimento del acuerdo de los Toros de Guisando. Pocas semanas después estalló la Guerra de Sucesión Castellana, donde Isabel y sus partidarios castellanos, apoyados por la Corona de Aragón, se enfrentaron a los partidarios de Juana, respaldados por Portugal y Francia. Rápidamente Isabel se impuso en Castilla, desplazándose el conflicto a Portugal, que se resolvió finalmente con la firma del Tratado de Alcaçovas, reconociendo a Isabel y Fernando como reyes castellanos.

Isabel fue una reina enérgica y decidida, siempre presente en el campo de batalla y allá donde se le necesitase. Prueba de ello fueron su presencia en todas las batallas libradas, siempre acompañada de sus hijos en la retaguardia, prestando cuantos servicios necesitasen sus tropas. En la rendición de Baza, Isabel jugó un papel clave; su presencia en el frente, acompañada de su hija Isabel, y su arenga a las tropas, levantaron la moral de éstas y acabaron por minar el ánimo de los sitiados, que presentaron su rendición solo ante la propia reina.

Otra prueba de su valor fue el comportamiento durante la revuelta segoviana que amenazaba con tomar el Alcázar, donde se encontraba su primogénita, debido a que ésta estaba al cuidado de un matrimonio de origen judío. Isabel, que se encontraba a más de 50 kilómetros de allí, partió rápidamente acompañada de apenas 3 guardias y cuando llegó el Alcázar, se dirigió personalmente a la multitud y escuchó una a una las peticiones de la gente. Los segovianos le juraron fidelidad a pesar de seguir confiando la educación de su hija al mismo matrimonio.

A Isabel de Castilla le debemos la creación de los hospitales de campaña. Su presencia permanente en el campo de batalla, le llevó a acompañarse de multitud de médicos y cuidadores para atender a los heridos, creando instalaciones especialmente dedicadas a ese fin en la retaguardia, reduciendo así el número de bajas entre sus tropas. Siempre interesada en los asuntos militares, tuvo en Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, a su hombre más preciado y distinguido, fiel a sus servicios desde los tiempos de la Guerra de Sucesión Castellana, destacándose definitivamente en la toma de Granada.

Su carácter curioso y arriesgado le llevó a apostar decididamente por la propuesta de Cristóbal Colón. Se opuso a la esclavización de los indígenas y dictó las primeras normas otorgando derechos a éstos, algo inédito en Europa, y que darían lugar posteriormente a las Reales Ordenanzas y a las Leyes de Burgos. También decretó la creación de un cuerpo policial para evitar el bandidaje y hacer más seguro el comercio, la Santa Hermandad, a petición de los concejos municipales.

En 1494 firmó con Portugal el Tratado de Tordesillas, marcando los límites de influencia de España y Portugal en el Atlántico. En 1496 el papa Alejandro VI concedió a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos, mediante la bula “Si Convenit”, que quedaría en herencia para sus sucesores. También concedería a Isabel, en 1500, el título de Rosa de Oro de la Cristiandad.

Falleció el 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real de Medina del Campo, tras llevar tiempo sumida en una profunda depresión por su enfrentamiento con su hija Juana y ver cómo morían su madre, su primogénita, su único hijo varón y su nieto, Miguel, que estaba llamado a unir las coronas española y portuguesa. En su testamento dejó escrito, según registros del político Diego Clemencín y Viñas: “Mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de S. Francisco que es en el Alhambra de la ciudad de Granada (...) en una sepultura baja que no tenga bulto alguno, salvo una losa baja en el suelo, llana, con sus letras en ella. Pero quiero e mando, que si el Rei eligiere sepultura en otra cualquier iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar destos mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado e sepultado junto.”

Es en la Capilla Real de Granada donde yacen sus restos, junto a los de su marido, Fernando, su nieto y su hija Juana y el marido de ésta, Felipe el Hermoso, además de su propia corona y el cetro real.









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