Sitio de Ostende

España en la Guerra de los 30 Años (Parte X. Francia asienta su poder 1640-1641)

 


El final de 1639 no hacía presagiar buenas perspectivas para los intereses españoles. Si bien la victoria en Thionville y la incapacidad de Federico Enrique para movilizar sus tropas indicaban lo contrario, lo cierto es que la derrota en Las Dunas y las nuevas levas en Francia cambiaron el equilibrio de fuerzas. 

Durante el verano de 1639 en Francia se extendieron una serie de revueltas cuyo origen era el cobro de un nuevo impuesto. En las regiones agrícolas pronto se generó un profundo descontento que germinó en una especie de revolución llevada a cabo por los llamados pies descalzos. Para comienzos del invierno la revuelta estaba controlada y sus cabecillas ejecutados, por lo que Luis XIII y el cardenal Richelieu tenían las manos libres para actuar contra España. 

Es por ello que se decidieron enérgicamente a emprender una nueva campaña para la primavera de 1640 levantando tres poderosos ejércitos bajo el mando de los mariscales Châtillon, La Meilleraye y de Chaunes. En total las tres fuerzas sumaban casi 25.000 infantes, 8.000 caballos y 50 piezas de artillería que se concentraron en el noreste del país, en Soissons, y cuya misión era penetrar en el condado de Artois y, mediante un movimiento en pinza junto a las fuerzas holandesas de Federico Enrique, atrapar a las fuerzas españolas del Cardenal-Infante.

-La campaña de verano de 1640. El sitio de Arras

A pesar de la derrota naval de las fuerzas de Antonio de Oquendo en la Batalla de las Dunas, el objetivo principal de la misión, que no era otro que desembarcar tropas, dineros y suministros para los ejércitos de Flandes, se había cumplido. De esa forma lograron desembarcar entre 6.000 y 8.000 infantes que reforzaron el ejército del Cardenal-Infante, al cual se habían sumado ya tres nuevos tercios de valones y varias compañías reclutadas por Guillermo de Lamboy, comandante del ejército auxiliar de Flandes. Los españoles derrotaron además a los holandeses en las afueras de Brujas, donde una fuerza de 5.000 infantes y 2.000 caballos, comandada por Enrique Casimiro, se topó con varias compañías españolas de Aragón y de Saavedra.

Después 4.000 infantes y dos compañías de caballos de Guillermo de Nassau, que habían llegado para reforzar las fuerzas de Enrique Casimiro, se vieron sorprendidos por las fuerzas españolas que seguían alerta, siendo nuevamente derrotados. En el fallido intento de hacerse con Brujas los protestantes perdieron algo más de 1.000 hombres. Posteriormente Enrique Casimiro marchó sobre Hulst, en la provincia de Zelanda, el 3 de julio con un ejército de 8.000 infantes y 500 caballos. Para su desgracia el Tercio de Saavedra apareció y estuvo peleando duramente durante toda la mañana, hasta que se vio reforzado por varias compañías españolas de infantería y caballería. En esta acción los holandeses perdieron más de 1.000 hombres y Enrique Casimiro falleció. 

La Meilleraye se hizo cargo del ejército francés por ser el mariscal de mayor experiencia. Ordenó a sus dos mariscales avanzar sobre Saint-Omer, ciudad que había presenciado las revueltas iconoclastas de 1566, y él se dirigió a sitiar la plaza de Charleville, en las Ardenas. Las fuerte lluvias de la época retrasaron el avance de las tropas francesas, lo que dio tiempo a Felipe de Silva a preparar bien las defensas de la región de Namur. También ordenó a Lamboy acantonarse con su cuerpo de ejército en Arleux, ciudad enclavada entre los ríos Mosa y Givet, y nudo de comunicaciones entre el Henao y Luxemburgo. 

El asedio sobre Charleville fue todo un fracaso y los franceses tampoco pudieron tomar Arleux, por lo que Meilleraye se retiraron a Amiens donde les esperaba el monarca y Richelieu. El alto mando francés ideó entonces la toma de la ciudad de Arras. El mariscal francés maniobró hábilmente, cruzó el Mosa, atravesó el Henao y llegó a Arras el 13 de junio de 1640, donde se le unieron las fuerzas de los mariscales Chaulnes y Châtillon, que llegaron a la ciudad siguiendo el curso del río Scarpe por su orilla septentrional. Las fuerzas galas ascendían a más de 24.000 infantes y 9.000 jinetes, mientras que los españoles, con el coronel irlandés Owen Roe O'Neill al mando, apenas sumaban 1.500 infantes y poco más de 400 caballos. 

Las defensas de Arras no eran muy buenas y los soldados eran escasos, aunque la población cerró filas con las tropas españolas y valonas allí presentes. O'Neill se aprestó a mejorar las fortificaciones y organizó salidas constantes, sobre todo nocturnas, para hostigar los trabajos de sitio de los franceses. Pero por muchas salidas y mejora de las defensas, Arras no podría resistir sin un socorro. El Cardenal-infante llegó a Lille a finales de junio y se reunió con Lamboy. La unión de ambas fuerzas, a las que había que añadir las del duque de Lorena, apenas sumaban 15.000 infantes y 6.000 caballos, muy inferiores numéricamente a lo que los franceses tenían sobre el terreno. 

Reunidas las fuerzas españolas en Douai, el Cardenal-infante debatió con su consejo la mejor opción. Lamboy el amestre de campo general Andrea Cantelmo, y los condes de Fuensaldaña y de Isemburg, defendieron el ataque directo sobre los sitiadores, pero Fernando de Austria, siguiendo las recomendaciones de Felipe de Silva, se inclinó por cortar la línea de suministros de los franceses, situándose en Avesnes, a escasos kilómetros de Arras, para interceptar cuanto se enviaba desde Amiens y Doullens. En un principio el bloqueo funcionó muy bien, logrando cazar en un solo día un envío que incluía más de 700 carros, y un millar de ovejas y medio centenar de vacas. 

El corte de suministros estaba dejando a las tropas franceses al borde del colapso. Hambrientas y enfermizas, parecía que al final deberían retirarse. Pero para desgracia de los españoles un enorme convoy de más de 1.000 carromatos logró saltarse el cerco de las tropas de Guillermo de Lamboy a comienzos de agosto, aprovisionando de esta forma al enemigo. A pesar del éxito momentáneo, las tropas sitiadoras necesitaban más suministros, por lo que partió de Amiens un convoy con cerca de 5.000 carromatos y al que La Meilleraye puso una escolta de más de 8.000 hombres para asegurar su feliz llegada.

En ese momento el Cardenal-infante vio la ocasión de atacar a los sitiadores, algo que antes o después debía hacer ya que la situación en el interior de Arras era preocupante en extremo. El maestre de campo general dirigiría el ataque. Envió al duque de Lorena a cargar sobre el punto más débil del ejército francés, los cuarteles del coronel Josías Rantzau, mientras que el resto de las fuerzas realizaron ataques de diversión sobre diversos puntos para desviar recursos enemigos. El 2 de agosto cargó el duque de Lorena con los tercios napolitanos de Strozzi y de delli Ponti, secundados por el tercio español de Pedro de León, toda una ofensa, pues los españoles ocupaban siempre la vanguardia del ataque. 

El ataque obtuvo buenos éxitos iniciales, penetrando en las filas francesas e hiriendo gravemente al coronel Rantzau. Pero los ataques de diversión del marqués de Villerval no causó el efecto deseado, es más, sufrieron grandes bajas por el fuego de la artillería gala. Para colmo el éxito inicial no fue aprovechado por Andrea Cantelmo, quien no se decidió a abrir brecha y adentrar la caballería. Esto permitió que La Meilleraye enviase a sus tropas más experimentadas para plantar cara a los tercios los cuales, ante la abrumadora superioridad numérica francesa, debieron replegarse en buen orden. Ambos contendientes perdieron algo más de un millar de hombres, siendo el número de oficiales caídos muy elevado.

Ante la imposibilidad de socorro alguno, O'Neill realizó una salida desesperada contra los sitiadores el 8 de agosto pero, tras una encarnizada lucha, fueron rechazados. Al día siguiente, y viendo que los franceses habían colocado minas en los muros de la ciudad, O'Neill negoció una honrosa rendición consiguiendo salir con sus armas y estandartes. Durante casi dos meses había aguantado el asedio de una fuerza de más de 30.000 soldados y abundante artillería. La caída de Arras no supuso ningún varapalo logístico, pero reforzó la moral de los franceses y su propaganda explotó convenientemente aquella victoria. Por otra parte el ejército francés se vio muy mermado; había perdido cerca de 10.000 efectivos y a Richelieu no le quedó más remedio que ordenar replegarse al otro lado del Soma. 

Asedio de Arras. Biblioteca Nacional Francesa


-La Guerra en el norte de Alemania de 1641.

Por su parte en los territorios alemanes las tropas de Baner debieron evacuar Bohemia en marzo para reagrupar sus fuerzas en Erfurt. Un poco más tarde, el 20 de abril, las unidades que Baner había dejado en Sajonia sufrieron una severa derrota en Plauen. En mayo Piccolomini unió su ejército con el de Leopoldo Guillermo de Habsburgo, obispo de Halberstadt, quien contaba con unas fuerzas que ascendían a 12.400 hombres. 

Los imperiales centraron su campaña al oeste del Rin, para alivio de los holandeses que temían que la guerra pudiera adentrarse en su territorio e inclinar la balanza a favor de los españoles. En cuanto a los hessianos, éstos trataron por todos los medios de no interferir en los intereses españoles en su ámbito de influencia, el condado de Jülich.

El emperador Fernando siguió su política de apaciguamiento convocando el Reichstag en Ratisbona e invitando a todos los estados imperiales a él. Selló una momentánea tregua con Suabia mientras ambicionaba unir a todos los estados en su lucha contra Francia y Suecia. Pero Hesse-Kassel y los güelfos tenían una alianza férrea con Suecia y no la iban a abandonar por muchas ofertas que el emperador hiciera. Además Fernando envió de manera permanente diplomáticos que mediasen entre Holanda y España con el fin de liberar a su principal aliado de la presión del frente de los Países Bajos y así poder centrarse en el nuevo enemigo francés. 

En este orden de acontecimientos los suecos pasaron a la acción; Baner lanzó una nueva ofensiva desde sus posiciones en Turingia a comienzos de enero de 1641. Su intención era interrumpir el Reichstag y acabar con los intentos de concordia de Fernando. De esta forma, tras cruzar el Rin helado, el 20 de enero llegó a las afueras de Ratisbona y comenzó a bombardear la ciudad con su artillería ligera. El emperador se puso al frente de la defensa de la ciudad, de manera que la moral de los imperiales se reforzó en extremo. Mientras tanto el ejército francés que operaba en Alemania bajo el mando del mariscal Guébriant y del general Taupadel avanzó sobre Franconia. 

La resistencia de Fernando contribuyó a generar una sensación de inseguridad entre los suecos, hostigados cada vez más por los imperiales. Además los franceses, ante el posible fracaso sueco, decidió no proseguir en su avance a Ratisbona y se dirigió a la Baja Sajonia, por lo que a Baner ya solo le quedaba una retirada lo más ordenada posible. Éste se dirigió apresuradamente hacia el Alto Palatinado pero el emperador, tras reunir un potente ejército de más de 20.000 hombres bajo el mando del archiduque Leopoldo Guillermo y Piccolomini, se lanzó a acabar definitivamente con la amenaza sueca en marzo. 

En Neunburg los imperiales sorprendieron a los suecos. Baner logró salvarse gracias a la tenaz resistencia del coronel Slang quien, al frente de un regimiento, retrasó a los generales imperiales el tiempo suficiente para que escapase su general. La huida fue penosa; constantemente hostigados por los imperiales, los suecos perdieron más de 6.000 hombres entre muertos, deserciones y prisioneros. Aún así el resto del ejército logró ponerse a salvo en Halberstadt, donde se reunió con las fuerzas francesas de Guébriant a finales de abril. Un poco antes el duque Jorge de Brunswick-Luneburgo había fallecido y el 10 de mayo lo haría Baner, el mejor general sueco desde la muerte del propio rey Gustavo Adolfo. 

Las negociaciones entre el emperador y los estados imperiales prosiguieron, haciendo saltar las alarmas en Francia. Richelieu trató por todos los medios de renovar la alianza con Suecia, que expiraba en marzo de 1641, y lo logró a base de dinero, mucho dinero. Esto mejoró la posición negociadora de los suecos con los estados alemanes. Pero Suecia necesitaba atraerse a los güelfos de tal manera que los alemanes siguieran creyendo que los suecos aún eran una potencia militar. La ocasión la tendrían en Wolfenbuttel, una localidad de la Baja Sajonia, a orillas del río Oker, al sur de Brunswick. 

La plaza tenía un diseño de fortificación holandesa y contaba con casamatas de piedra y un gran foso de agua procedente del Oker. Los güelfos asediaron la plaza construyendo una gran presa sobre el río para vaciar el foso. El archiduque Leopoldo Guillermo y Octavio Piccolomini partieron de inmediato a socorrer la ciudad, al igual que las fuerzas bávaras comandadas por Wahl, pero de igual forma a los sitiadores se les unieron las fuerzas suecas de Königsmarck y Guebriant, llegando el 28 de junio, justo unas horas antes que los católicos. 

La fuerza sitiadora estaba compuesta por 7.000 güelfos, 13.000 suecos y unos 6.000 weimarianos. mientras que las imperiales y bávaras ascendían a 22.000 hombres. La batalla se libró fundamentalmente en el bosque que había entre ambas fuerzas, donde el Regimiento Viejo Azul, la élite las fuerzas suecas, fue puesto en fuga y solo salvado por la providencial intervención de la caballería de Klitzing y Guébriant. La batalla terminó a última hora de la tarde, cuando Leopoldo Guillermo ordenó la retirada tras perder a más de 3.000 hombres. Las bajas entre los suecos y sus aliados fueron similares. 

-Las operaciones francesas de 1641 y la respuesta del Cardenal-Infante.

No tardaría Francia en formar un nuevo ejército. Luis XIII ordenó crear un nuevo impuesto llamado el vigésimo con el que financiar dos fuerzas para atacar los Países Bajos españoles. La Meilleraye dirigiría la fuerza de Picardía mientras que Châtillon se ocuparía del ejército de la Champaña. El 19 de mayo La Meilleraye llegó a las afueras de Aire-sur-la-Lys mientras Châtillon avanzó hacia Sedan. La respuesta española la da Beck, quien envía al Tercio de Salazar junto a varias compañías valonas y de caballos a realizar un movimiento de diversión sobre Calais. 

A su vez Beck manda a Pedro de Quiñones con dos compañías del Tercio de Pedro de León y una de irlandeses. para reforzar la guarnición de Aire junto a varias compañías italianas de los tercios de Liponti y de Strozzi. La ciudad ahora cuenta con una guarnición de casi 2.000 hombres entre infantes y caballos, bajo el mando de Bervoets, un maestre de campo de origen valón. Beck por su parte seguía empeñado en romper la línea exterior del asedio francés, pero el ejército enemigo era muy numeroso. 

Mapa del asedio de Aire-sur-la-Lys

El Cardenal-Infante acudió a mediados de junio junto a Beck para lograr levantar el asedio. Los franceses estaban bien organizados y habían dividido el ataque en dos y comenzaban con los trabajos de zapa, quedando el día 13 emplazadas dos baterías artilleras con 6 piezas cada una. El 17 los españoles realizaron una salida donde quemaron un puente usado por el Regimiento de Navarra francés. Pero el 26 de junio los franceses llegaban al borde exterior y volaron la media luna. 

Por su parte Châtillon se topó el 6 de julio en las cercanías de la Marfée, a las afueras de Sedán, con el ejército de los príncipes franceses rebeldes. Desde 1636 diversos nobles, encabezados por Luis de Borbón-Soissons, habían conspirado contra Richelieu, iniciándose unas luchas intestinas que seguían en 1641. Los rebeldes habían solicitado la ayuda de España y del Imperio, por lo que un ejército combinado partió en su ayuda. De esta forma el ejército hispano-imperial, con unos 7.000 hombres comandados por Guillermo de Lamboy, cruzó el río Mosa a la altura de Bazeilles, en las Ardenas, y se unió a la fuerza francesa de Soissons el 5 de julio. 

Châtillon disponía de 9.000 infantes, y unos 3.000 caballos, una fuerza superior al ejército combinado de los rebeldes y los españoles e imperiales. A pesar de la intensa lluvia los franceses avanzaron durante cerca de una hora para llegar finalmente sobre la posición hispano-imperial. Lamboy reforzó el flanco por donde los franceses atacaban, y ordenó una carga de la caballería del conde de Bouillon, que descompuso la línea de infantería francesa. Apenas media hora de iniciarse el combate todo había acabado. Los franceses perdieron 4.500 hombres entre muertos, herido y prisioneros, todo su bagaje, artillería y 400.000 libras. Sin embargo Soissons muere en extraña circunstancias, probablemente por un agente enviado por Richelieu, y la coalición de los príncipes no tardará en deshacerse.

Mientras tanto en Aire hasta 6 ataques fueron rechazados por los españoles y valones en ese punto, donde los franceses concentraban a tres de sus regimientos: Bretaña, Valmont y Rambures. Los franceses siguieron con el asedio, topando con una fortísima resistencia por parte de los defensores. Casi un mes después los españoles tuvieron que abandonar la defensa de la media luna y el 22 de julio una mina francesa logró abrir brecha en el muro de Aire, y varias minas más destruyen los bastiones. 

Al fin, el 27 de julio, el maestre Bervoets decide capitular ante lo estéril de continuar con la defensa. La guarnición salió de la ciudad con todos los honores y llevando con ella sus armas, banderas, y su artillería. El precio que tuvieron que pagar los franceses por la conquista de Aire fue inmenso; más de 8.000 hombres perdieron. El Cardenl-Infante no pudo hacer nada para salvar la plaza, debiendo asistir con impotencia al desarrollo de los acontecimientos. 

Ese mismo día los holandeses tomaban la ciudad de Gennep, en el ducado de Cléveris, a orillas del Mosa. Federico Enrique la había puesto bajo asedio el 10 de junio con una fuerza de 14.000 infantes y 5.000 caballos levantada gracias a los subsidios franceses. La plaza contaba como guarnición con una fuerza de unos 2.000 irlandeses, valones y borgoñones bajo el mando del maestre de campo irlandés Preston. Todos los intentos de La Fontaine, quien tan solo contaba con los tercios de Alburquerque y Jerónimo de Aragón, por socorrer Gennep, resultaron infructuosos. 

Los defensores resistieron contra viento y marea, realizando incluso varias salidas para romper el cerco o destruir los trabajos de sitio. Pero la superioridad numérica de los holandeses es abrumadora, la llegada del socorro es imposible, y las murallas de la plaza están tan batidas, que la defensa se hace insostenible, por lo que el 27 de julio Preston inició las conversaciones para un rendición honrosa que le permitiera salir de aquel infierno. 

De esta forma los más de 1.400 defensores que aún quedan salieron de la ciudad el 28 de julio con sus armas con las mechas encendidas, bagajes, los tambores, las banderas desplegadas y la artillería. Desfilaron frente a los sitiadores que les rindieron un sentido homenaje, y les proporcionaron barcos y carros para llevar sus pertenencias, heridos y a sus mujeres y niños. Entre tanta barbarie aún había momentos para la cortesía y la generosidad. 

Mapa del asedio de Gennep


Como respuesta a las acciones francesas el Cardenal-Infante ordenó al Tercio de Fuensaldaña que tomase la plaza de Lilliers, lo que logró el 4 de agosto, mientras que las tropas españolas presionaron toda la línea francesa. La Meilleraye trató de aguantar pero estaba al límite de sus fuerzas, por lo que optó por replegarse al sur, dejando en Aire una guarnición de unos 5.000 hombres, fundamentalmente heridos y tropas bisoñas. 

-Reconquista de Aire-sur-la-Lys. La muerte del Cardenal-Infante

La retirada de La Meilleraye ante la presión español ofreció a Fernando de Austria la posibilidad de recuperar Aire. El Cardenal-Infante se lanzó a por su propósito, aun cuando su estado de salud estaba seriamente deteriorada tras meses de campaña, sin apenas descanso y expuesto a las enfermedades producidas por la excesiva exposición a los cadáveres de los campos de batalla. El 10 de agosto cayó enfermo víctima de unas fiebres, por lo que se hizo cargo del mando del ejército Beck. 

Las fuerzas españolas se componían de los tercios de Pedro de León, Castelví, Salazar, y nueve tercios de irlandeses y valones, a los que había que sumar una fuerza imperial bajo el mando de Lamboy. A mediados de agosto comenzó el asedio. Los franceses realizaron unos ataques de diversión sobre La Bassé y Lille. La primera plaza cayó ante la imposibilidad de reforzarla, mientras que en Lille se pudo meter una fuerza considerable por lo que Brézé, que había sustituido en el mando del segundo ejército francés a Châtillon, no tuvo más remedio que desistir.

Brezé entonces decidió asediar otro objetivo: la plaza de Bapaume, en la región de Arras. No contaba ésta con suficiente guarnición y las defensas estaban en mal estado, por lo que no les costó mucho a los franceses hacerse con ella. La guarnición se rindió el 18 de septiembre, saliendo con sus armas y siendo escoltada por una fuerza francesa hasta la plaza de Douai. Pero la escolta se retiró antes de tiempo y el gobernador francés de Arras apresó a los desdichados españoles y degolló a cuantos no pudieron escapar. La reacción de Luis XIII fue inmediata. Mandó apresar al gobernador francés y decapitarlo por haber incumplido las leyes de la guerra. 

Por su parte los españoles tuvieron que encajar un golpe aún mayor: la muerte del Cardenal-Infante. El día 9 de noviembre en Bruselas fallecía el último gran gobernador de los Países Bajos por una infección de sangre y úlcera estomacal, aunque los rumores acerca de un posible envenenamiento circularon durante largo tiempo. Francisco de Melo, que había llegado un mes y medio antes a los Países Bajos para hacerse cargo del ejército, continuó con el asedio de Aire hasta que finalmente la guarnición francesa se rindió el 4 de diciembre, capitulando con honores y abandonando la ciudad el día 7 tras dejar toda la artillería en manos españolas.  

Reconquista de Aire-sur-la-Lys, por Peter Snayer

El Cardenal-Infante, por Velázquez

La Meilleraye, mariscal de Francia



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