Batalla de Pavía

Mostrando entradas con la etiqueta Batallas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batallas. Mostrar todas las entradas

La ofensiva del marqués del Vasto en el Piamonte. La toma de Mondovi y Carignano

 


Tras la ruptura de hostilidades por parte de Francia, en julio de 1542, bajo el pretexto de la pérdida de dos capitanes enviados a obtener una alianza con el Turco y Venecia contra Carlos V, las fuerzas imperiales se pusieron en marcha en el Piamonte. Así, a la plaza de Chieri había llegado el marqués del Vasto con su gente, siendo recibido por el maestre de campo del tercio de Lombardía, el segundo de creación tras la disolución disciplinaria de Vigevano, en 1538. Francisco de Prado tenía en esos momentos en Chieri cinco banderas de infantería española y cuatro piezas de artillería. Para la campaña que iba a tener lugar, acudió a Chieri también Cesareo de Nápoles con dos banderas de infantes italianos para unirlas a los españoles. 

El 17 de septiembre las fuerzas imperiales se pusieron sobre su primer objetivo, la plaza de Chivasso, situada en la margen norte del río Po, a unos 25 kilómetros al norte de Chieri. El maestre de campo envió "a un atambor a los de la villa, mandándoles que se rindiesen", pero los franceses que defendían la plaza, "por verse fuertes", se negaron a ello, creyendo que podrían resistir fácilmente en el interior. Francisco de Prado ordenó tener lista para la mañana siguiente la batería artillera y, al poco de amanecer, se comenzó a batir la muralla de la villa, logrando abrir brecha en ella por la que penetró la infantería española e italiana, causando "muchos muertos de los franceses, y los demás feridos y presos". El maestre ordenó entonces que parte de la infantería italiana quedase de guarnición en Chivasso, por ser una plaza importante para la comunicación entre Turín y el Monferrato. 

La siguiente presa sería la villa de Castelrosso, a poca distancia al este de Chivasso. Esta vez no sería necesario plantear combate ya que, los defensores, sabiendo lo ocurrido en la recién tomada villa, se rindieron al maestre de campo español, quien permitió que marcharan sanos y salvos. Al igual que en Chivasso, se dejó gente italiana y provisiones para poder resistir cualquier improvisado ataque francés en la villa, volviéndose Prado y Nápoles a Chieri para informar de las conquistas al marqués del Vasto. Tras ello, Nápoles regresó con los italianos que le quedaban a su plaza de Volpiano, mientras que Francisco de Prado quedó en Chieri a la espera de las órdenes que diese el marqués del Vasto. 

1652, ¿Un nuevo Annus Mirabilis?

 


Se habla del año 1625 como el Annus Mirabilis de las armas hispánicas, y no le falta razón a aquellos que así lo afirman, ya que la Monarquía Española obtuvo una serie de impresionantes victorias en los distintos teatros de operaciones bélicos del mundo. En Flandes, la conquista de Breda a manos de Ambrosio Spínola fue todo un hito y acrecentó la ya de por sí merecida fama del general genovés. En Italia los hispánicos socorrieron Génova, mientras que en América derrotaron a los holandeses en Salvador de Bahía, recuperando la vital ciudad, y en Puerto Rico, y en España acabaron con la armada anglo holandesa en Cádiz. 

Pero el año 1652 ha pasado bastante inadvertido para la historiografía tradicional como año triunfal para los ejércitos hispánicos. La Guerra de los Treinta Años había llegado a su fin cuatro años antes, pero España tenía que seguir viéndose las caras con su enemiga, Francia, que controlaba buena parte de Cataluña, y presionaba en los Países Bajos españoles y en el Milanesado. La estrategia de la Monarquía para 1651 pasaba por mantener la iniciativa en Cataluña, tal y como había sucedido en 1650, y recuperar Barcelona. Las Guerras de la Fronda habían mermado considerablemente la capacidad francesa para responder en todos los frentes que mantenía abiertos contra la España de Felipe IV, así que el marqués de Mortara, virrey de Cataluña, recibió órdenes de ponerse en campaña. 

Mortara, al que se había unido en Tarragona Juan José de Austria procedente de Sicilia, se lanzó a por su objetivo a comienzos de julio desde Lérida, tomando rápidamente numerosas plazas entre agosto y  octubre, incluyendo Prades, Mongat, Sarriá, Sans, Hospitalet de Llobregat y Tarrasa, cercando así Barcelona, que además había sufrido las terribles consecuencias de un brote de peste en los meses anteriores en el que murieron unas 30.000 personas. Las fuerzas de Juan José de Austria establecieron una línea fortificada alrededor de la ciudad, desde Monjuic hasta el río Besós, mientras que la artillería española se empeñó en bombardear la ciudad, que disponía de 8 regimientos de infantería, 4 catalanes, 2 suizos y 2 franceses, y otros 2 regimientos de caballería para su defensa. 

De la Batalla de Montjuic al Asedio de Tarragona.

 


A comienzos de mayo de 1641 una flota francesa compuesta por 32 galeones y 14 galeras bajo el mando de Henri d'Escobleau de Sordis, arzobispo de Burdeos, llegaba a las aguas de Tarragona mientras que por tierra hacía lo propio el ejército del mariscal Philippe de La Mothe-Hondacourt. El objetivo no era otro que tomar la ciudad y desde ahí penetrar en Valencia poniendo en jaque a España. 

Con el levantamiento en Cataluña producido tras el Corpus de Sangre, los líderes políticos catalanes capitalizaron aquellos sucesos y firmaron el 7 de septiembre de 1640 el Tratado de Ceret con Francia. Por este acuerdo Cataluña se ponía bajo la protección de Luis XIII a cambio de protección y apoyo. El objetivo de Richelieu de desestabilizar la Monarquía Española desde el interior del reino se estaba logrando, y desde Madrid se organizó un ejército que restableciera el control del principado ante el temor de que los franceses se internasen allí y dificultasen las operaciones militares y políticas. 

El ejército realista, bajo el mando del marqués de los Vélez, nuevo virrey de Cataluña, se componía de 25.000 hombres y a comienzos de noviembre recuperó el control sobre la plaza de Tortosa y prosiguió su avance retomando Villafranca del Penedés y posteriormente Martorell. El objetivo principal, Barcelona, se encontraba a tiro y el pánico se apoderó de los líderes de la revuelta, sobre todo de Frances Tamarit y de Pau Clarís, quien convocó a la Junta de Brazos el 16 de enero de 1641 y la convenció de entregarse por completo a los franceses. Tanto la Junta como el Consejo del Ciento acordaron jurar a Luis XIII como nuevo conde de Barcelona. Esto supuso, al contrario de las pretensiones de Clarís y sus allegados, dejar Cataluña como vasalla de Francia, y pronto los franceses así lo demostraron. 

El frente del Rosellón. La lucha por Salses. 1639

 


Tras la entrada de Francia en la Guerra de los Treinta Años, en 1635, el frente de batalla se había desplazado a las mismas fronteras españolas, concretamente al norte del país, convirtiendo Guipúzcoa, Navarra, el Rosellón y Cataluña en los principales territorios a defender por los ejércitos de la Monarquía Española. 

Olivares había diseñado en los años anteriores a 1639 la invasión del Languedoc desde las bases españolas en el Rosellón, aunque o no habían tenido éxito o ni siquiera se habían llegado a producir por el adelanto de las campañas de los franceses, que obligaban a las fuerzas de Felipe IV a ir a remolque. Tras el desastre del ejército francés del príncipe de Condé en Fuenterrabía el año anterior, Richelieu planificó para el año 1639 un ataque total sobre todos los territorios de la Monarquía Española. Los Países Bajos, Italia y el Rosellón eran el objetivo y para ello movilizó cuantos recursos pudo con los 13 millones de táleros que fueron destinados ese año a gasto militar. 

A comienzos del verano un ejército de 15.000 hombres, agrupados en 17 regimientos bajo el mando del príncipe de Condé y del mariscal Schomberg penetró en el Rosellón y se hizo de manera rápida con la fortaleza de Opol, en los Pirineos Orientales, y la villa de Rivesaltes, a las afueras de Perpiñán, dejando completamente aislada por el norte, oeste y sur, la importante plaza de Salses, mientras que al este, la laguna de Salses imposibilitaba cualquier auxilio. Esta plaza disponía de buenas murallas y más de una veintena de cañones, así como una guarnición de 700 soldados bajo el mando de Bartolomé Gil. A pesar de ello, era improbable que una plaza tan pequeña y con tan pocos defensores pudiera resistir un asedio tan fuerte. 

El año de Corbie. 1636. La oportunidad perdida contra Francia

 


Tras la brillante victoria obtenida en Nördlingen por los católicos sobre las fuerzas sueco-bernardinas, sustentada principalmente en el ejército hispánico del Cardenal Infante, don Fernando de Austria, los Habsburgo parecían a controlar la situación en el Imperio, lo que provocó la entrada de Francia en la  Guerra de los Treinta Años pocos meses después. 

De manera sorpresiva y arguyendo banales justificaciones, Luis XIII y su todopoderoso ministro, el cardenal Richelieu, se lanzaron al ataque contra los Países Bajos españoles en la primavera de 1635, uniendo sus fuerzas a las de los holandeses de Federico Enrique de Orange, derrotando a las fuerzas hispánicas en Les Avins y tomando salvajemente la ciudad de Tirlemont para finalmente poner bajo asedio a Lovaina. Finalmente la incursión pudo ser rechazada con la ayuda de un ejército imperial conducido por Octavio Piccolomini, la tenaz resistencia de los defensores de la ciudad, y el constante acoso de los hombres del Cardenal Infante, quien además había dado el visto bueno a una arriesgada operación para tomar el inexpugnable fuerte de Schenkenschanz, o Esquenque, como así lo conocían los españoles. 

La toma de Schenkenschanz, en julio de 1635, bastó para que los holandeses se desentendieran del ejército francés y se centrasen en la recuperación de la que consideraban su plaza más emblemática e importante. Sin apoyos, los mariscales Brezé y Coligny evacuaron a los restos de su maltrecho ejército, que lograba regresar a Francia habiéndose dejado por el camino más de 22.000 hombres, 240 banderas y estandartes, y todo su tren de artillería, municiones y suministros. Tras el estrepitoso fracaso del estreno francés en la guerra, al que se sumaba la pérdida de las islas Lérins, frente a las costas de Cannes, el año de 1636 comenzaría con la terrible noticia de la pérdida del fuerte de Esquenque, en el que Federico Enrique y su primo, Juan Mauricio de Nassau, se habían jugado la hacienda y la reputación de las Provincias Unidas. 

Conquista y pérdida del fuerte de Schenkenschanz

 


En julio de 1635 una pequeña fuerza del Ejército de Flandes, comandada por el coronel Adolf Enholt, se hacía con el control del inexpugnable fuerte Schenkenschanz, propinando un golpe demoledor a los rebeldes holandeses que tuvieron que dar por finalizada la campaña en los Países Bajos que estaban llevando a cabo junto al ejército francés. 

1635 sería el año en que Francia entrase formalmente en la Guerra de los Treinta Años, no obstante, desde prácticamente los inicios de esta el reino de Luis XIII venía dotando de importantes subsidios a las fuerzas protestantes con la intención de desgastar a los que consideraba su principal rival en Europa: los Habsburgo. Un poderoso ejército de 30.000 soldados se internó a mediados de mayo en Flandes para reunirse con las fuerzas holandesas de Federico Enrique y tomar nada menos que Bruselas. El Cardenal Infante, enterado de los planes del enemigo, envió una fuerza bajo el mando de Tomás Francisco de Saboya, príncipe de Carignano, para tratar de detener a los franceses, pero la tremenda superioridad numérica de estos propició la derrota de las fuerzas hispánicas en Les Avins el 20 de mayo. 

Tras esto, las fuerzas francesas, comandadas por Urban de Maillé, marqués de Brezé y Gaspard III de Coligny, duque de Châtillon, se reunieron a comienzos de junio en Maastricht con el ejército holandés, y se dirigieron hacia Tirlemont. Don Fernando de Austria había desplegado una línea defensiva al oeste del río Gete con la esperanza de obtener tiempo para organizar la defensa de Bruselas. Tirlemont cayó tras ser sometida a un brutal saqueo por parte de los franceses, que incumplieron los acuerdos alcanzados entre los defensores hispánicos y los holandeses para entregarla. De allí se dirigieron hacia Lovaina, a pocos kilómetros al este de Bruselas, ya que tanto Brezé como Châtillon querían evitar dejar atrás una ciudad de esa importancia y que además contaba con una fuerza de 4.000 hombres para su defensa. 

Batalla de Lens

 


El 20 de agosto de 1648 se producía en Lens la última gran batalla de la Guerra de los Treinta Años en la que combatiría el Ejército de Flandes, al mando del archiduque Leopoldo, y el ejército francés del duque de Enghien. La derrota hispánica, al igual que ocurriese en Rocroi, sería hábilmente explotada por la propaganda francesa. 

En el contexto de los últimos coletazos del conflicto que había sumido a Europa en el caos durante los últimos treinta años, el cardenal Mazarino, primer ministro francés del joven rey Luis XIV, buscaba obtener una mejor posición en las negociaciones que se estaban llevando a cabo en Westfalia con el objetivo de lograr la paz. El desastre anterior de las fuerzas francesas en Cataluña y la firma de la Paz de Münster el 30 de enero de 1648 entre España y las Provincias Unidas, habían complicado la posición de Mazarino al frente del gobierno. El cardenal había tratado sin éxito de torpedear las conversaciones de paz, ofreciendo cuantiosas sumas de dinero al nuevo estatúder, Guillermo II de Orange, y a los gobernadores de varias ciudades importantes de Holanda y Zelanda para que continuasen con la guerra, pero finalmente la paz se impuso para satisfacción de los intereses mayoritarios de holandeses y españoles. 

La campaña de 1648 contra España centraría toda la atención de Mazarino, reanudando las operaciones contra Lombardía, aunque sin éxito alguno, y movilizando un nuevo ejército para atacar los Países Bajos al mando del duque de Enghien, el Gran Condé. El primer objetivo que se fijó Condé fue la toma de la plaza de Ypres, en el Flandes Occidental; la campaña se inició con bastante retraso debido al mal tiempo y a las lluvias, no pudiendo llegar hasta mediados de mayo. La ciudad se rindió tras ofrecer una débil resistencia, lo que provocó el enfado del archiduque, a la sazón gobernador de los Países Bajos, que replicó tomando la plaza de Courtrique, a unos 30 kilómetros al este de Ypres. En este intercambio de golpes, Condé se internó en Flandes y se encaminó hacia la costa con la idea de tomar nada menos que la ciudad de Ostende, la que había dado fama y gloria a Ambrosio Spínola en 1604.

El Asedio de Grave y la toma de Venlo


Tras la liberación de los infantes españoles de Francisco Arias de Bobadilla en Bommel, suceso popularmente conocido como el Milagro de Empel, Alejandro Farnesio ordenó al señor de Haupetena dirigirse contra la plaza de Nuis, en Groninga, mientras que el conde Carlos de Mansfeld, hijo de Pedro Ernesto de Mansfeld, debía marchar contra la plaza de Grave, donde ya se habían emplazado una serie de fuertes de cara a plantar asedio. 

Grave se encontraba en el Brabante Septentrional, a unos 30 kilómetros al noreste de Bolduque. El Tercio de Juan del Águila, junto con 7 compañías de los demás tercios, se había adelantado y se encontraba acampado en Herpen, a poca distancia al oeste de Grave, y el 3 de enero de 1586 partió desde allí con dirección a la villa de Mill, al sur de Grave siguiendo la ruta hacia la plaza de Venlo. Inmediatamente se pusieron manos a la obra, levantando un fuerte y emplazando los cañones para tirar sobre Grave. Mansfeld, que también se había puesto en movimiento, situó su cuartel general en el castillo de Oss, a medio camino entre Bolduque y Grave, y en el que se hallaba el tercio de Camilo Capezucca. Al poco de llegar pudo comprobar que los rebeldes holandeses habían construido un fuerte a las afueras de Grave, por lo que mandó a varios de sus hombres ir a Bolduque a por 3 cañones con los que batirlo para poder centrarse sin problemas en las labores de asedio. 

El invierno estaba siendo especialmente duro ese año, por lo que Mansfeld, una vez terminados los fuertes para un futuro asedio, ordenó al ejército invernar en sus cuarteles. El Tercio de Juan del Águila lo hizo en el ducado de Tréveris, tras dejar guarnición en Rondveld, cortando así las comunicaciones entre Grave y Venlo; los italianos se repartieron por todo el Limburgo, mientras que Mansfeld se quedó por los fuertes junto a Grave y Mondragón se instaló en Roermond. A su vez, el coronel Francisco Verdugo había partido junto a Juan Bautista Tassis para tomar posiciones al norte de Grave, en las cercanías de la villa de Arnhem, donde se divide el río Ijssel del Rin. Durante la construcción de un fuerte sobre esa plaza, no fueron pocas las escaramuzas libradas por los realistas contra los rebeldes, destacando la protagonizada por Aníbal Gonzaga con su compañía de caballos, en la que logró acabar con la vida del conde de Solms, a la sazón, gobernador rebelde de Zelanda. 

Asedio de Arras



El 9 de agosto de 1640 concluía el sitio sobre la ciudad de Arras, plaza fronteriza de los Países Bajos españoles con Francia. Los defensores españoles, comandados por el oficial irlandés Owen Roe O´Neill, resistieron durante casi dos meses el asedio de las tropas francesas del mariscal La Meilleraye, pero la falta de esperanzas en recibir un socorro les llevó a aceptar una honrosa capitulación. 

A pesar de la derrota naval de las armada de Antonio de Oquendo en la Batalla de las Dunas, el objetivo principal de la misión, que no era otro que desembarca tropas, dineros y suministros para el Ejercito de Flandes, se había cumplido. De esta forma, lograron desembarcar entre 6.000 y 8.000 infantes que reforzaron las fuerzas del Cardenal Infante, a las cuales se habían sumado ya tres nuevos tercios de infantería valona y varias compañías reclutadas por Guillermo de Lamboy, comandante del ejército auxiliar. Las tropas hispánicas derrotaron a los holandeses a las afueras de Brujas, donde una fuerza de 5.000 infantes y 2.000 caballos comandada por Enrique Casimiro se topó con varias compañías españolas de Aragón y de Saavedra. 

Más tarde, un trozo de ejército compuesto por 4.000 infantes y dos compañías de caballos, bajo el mando de Guillermo de Nassau, que habían llegado a la zona para reforzar a Enrique Casimiro, se vieron sorprendidos por las fuerzas hispánicas que seguían vigilantes, siendo nuevamente derrotados. En el fallido intento de hacerse con Brujas, los rebeldes perdieron algo más de 1.000 hombres. Posteriormente, Enrique Casimiro marchó el 3 de julio sobre la plaza de Hulst, en la provincia de Zelanda, con un ejército de 8.000 infantes y 500 caballos. Para su desgracia, el Tercio de Saavedra apareció el 13 de julio y se enfrentó con los holandeses, peleando duramente toda la mañana hasta que se vio reforzado por varias compañías de infantería española y diversas unidades de caballería, logrando así derrotar al enemigo. En esta acción los holandeses perdieron más de 1.000 hombres y Enrique Casimiro de Nassau-Dietz, su gran comandante, falleció un día después, recibiendo sepultura en Leeuwarden. 

El Asedio de Lérida de 1644

 


El 25 de julio de 1644 la ciudad de Lérida se rendía al Ejército Real de Felipe de Silva que el 15 de mayo había derrotado al ejército franco catalán del mariscal La Mothe, cuando trataba de socorrer la ciudad y eliminar la amenaza sobre Cataluña. El rey Felipe IV, que se hallaba en Fraga, entró en la ciudad el 7 de agosto, una semana después de que los franceses se retirasen de ella. 

Cuatro años habían transcurrido desde la sublevación de los rebeldes catalanes, y tras dos años de varapalos militares en ese frente, 1643 sería el punto de inflexión. Los cambios realizados por el rey, con el nombramiento de Felipe de Silva como capitán general de Cataluña, y la provisión de más hombres y fondos, contribuyeron a levantar la moral de las tropas y los ciudadanos. Los problemas internos que atravesaba Francia, como una incipiente revuelta por los elevados impuestos, o la muerte de Richelieu y de Luis XIII, también contribuyeron a mejorar la situación española. Ante esto, al mariscal La Mothe no le quedó más remedio que adoptar una posición defensiva, privado de los ingentes recursos de los que hasta el momento había disfrutado. Antes de la llegada de Silva, las tropas españolas de Juan de Garay lograron tomar Mora de Ebro, una pequeña plaza anclada entre las sierras de Almos, Cardo del Boix y de Pandols-Cavalls. Los franceses perdieron en aquella acción más de 900 hombres, entre ellos 500 muertos. 

Para finales de julio de 1643, la estrategia diseñada por Silva de acoso a los franceses y rebeldes comenzaba a dar sus frutos. Una partida de 500 caballos españoles atacó los cuarteles franceses de Villanoveta, a las afueras de Lérida, causando muchos muertos al enemigo y obteniendo un botín de 400 caballos y mulas, dinero y mucha plata y bastimentos, logrando además capturar a más de 100 franceses. Lo mismo ocurrió en la zona de Barbastro, lo que obligó a las fuerzas francesas a adoptar las máximas precauciones en sus desplazamientos y cuarteles. En octubre, el Ejército de Aragón, reorganizado por Silvam estaba listo y atravesó el río Cinca para poner sitio a Monzón. La Mothe partió a toda prisa desde Barcelona para tratar de salvar la ciudad pero, tras más de un mes de combates en los que el mariscal francés fue incapaz de romper las líneas de asedio, Monzón volvió a manos españolas el 3 de diciembre, para alegría de la población. 

Sitio y Socorro de Fuenterrabía

 


El 1 de julio de 1638 un poderoso ejército francés conducido por el príncipe de Condé atravesaba el Bidasoa y se dirigía a poner cerco a la fronteriza ciudad de Fuenterrabía. Francia trataba así de devolver el golpe de la fracasada invasión española del sur del reino del año anterior, y asestar un golpe en el propio corazón de la Monarquía Española.

Hasta 1638, Francia no había conseguido grandes logros con su entrada en la Guerra de los Treinta Años, así que para ese año proyectó una campaña centrada en atacar todos los frentes posibles: Italia, Alemania, Flandes y, en esta ocasión, España. Desde el comienzo de la primavera, Richelieu había dispuesto los preparativos para una fuerza de invasión del norte de España que estaría a cargo de Enrique II de Borbón-Condé, príncipe de Condé. Puestas en alerta las autoridades españolas ante un posible golpe del Francés por la parte de Navarra o Guipúzcoa, se designó al V marqués de los Vélez, Pedro Fajardo de Zúñiga y Requesens, para hacerse cargo de Navarra, y a Antonio Gandolfo para la revisión de las plazas fuertes fronterizas de la zona. 

A finales de mayo las noticias de que el príncipe de Condé había designado Dax como su plaza de armas, y había concentrado allí un contingente de 12.000 infantes y 500 caballos, y con intención de reclutar en aquella región una fuerza hasta alcanzar su ejército los 26.000 hombres, inquietaron al marqués, que se aprestó a realizar los preparativos necesarios para repeler una supuesta invasión. Para mediados de junio el conde Agramont había llegado a Hendaya acompañado de 20 compañías de infantería y la armada francesa había desembarcado en la villa abundante artillería, provisiones y más de 500 caballos. El marqués envió aviso a Pamplona para que se fortificase todo lo bien que pudiese y empezó a despachar correos a las poblaciones cercanas para que enviasen todos los hombres disponibles. 

Regimiento de Guardias de Infantería de Felipe IV

El 10 de septiembre de 1634, por orden del rey Felipe IV, se crea la Coronelía o Regimiento de Guardias del Rey, siguiendo las indicaciones del conde duque de Olivares, como una fuerza que sirva de freno a los enemigos de la Corona. 

En el año 1634 la guerra con Francia parecía del todo inevitable. El fin de las Guerras de Religión dejó a Luis XIII y a su primer ministro, el cardenal Richelieu, las manos libres para intervenir directamente en la Guerra de los Treinta Años, en la que su participación, hasta la fecha, se había limitado a la aportación de grandes sumas de dinero a la causa protestante, y a diversos golpes de diversión contra España en el escenario italiano. Ahora, una Francia que llevaba años en paz y que disponía de una economía más o menos saneada y una administración fuertemente centralizada, se podía permitir el lujo de entrar en la contienda y reclamar el lugar de España en la hegemonía europea. 

Preocupado por la beligerancia del vecino del norte, el conde duque de Olivares instó al rey a ponerse al frente de su ejército y a presionar a la nobleza para que levantasen tropas para la guerra que habría de venir. Su famosa Unión de Armas, de 1624, no estaba dando los resultados esperados y las cifras propuestas de reclutamiento, 140.000 soldados aportados por los distintos territorios de la Monarquía, no se alcanzaban ni de lejos. La preocupación de Olivares era lógica, a pesar de las victorias obtenidas por el Ejército de Alsacia del duque de Feria en 1633, pues las fuerzas de Bernardo de Weimar y Gustav Horn se habían recuperado del varapalo sufrido y, apenas un año después, estaban decididas a hacerse con el control de Alemania. 

Asedio de Tournai

 


El 30 de noviembre de 1581, festividad de San Andrés, las tropas hispánicas de Alejandro Farnesio entraban triunfantes en la ciudad de Tournai, tras un asedio que había durado casi dos meses y que había concluido con la entrega de la plaza para evitar el asalto y posterior saqueo de la misma.

El gobernador de la Países Bajos, Alejandro Farnesio, tras lograr firmar la Unión de Arras con las provincias católicas del sur, se había empeñado en una campaña de recuperación de todas las plazas que habían caído en manos de los rebeldes, poniendo así fin a las matanzas y persecuciones que sufrían los católicos desde que, en 1577, se hicieran con buena parte del territorio de los Países Bajos. De esta manera, y tras la exitosa toma de Amberes en junio de 1579, siguió con su campaña. Los siguientes meses supusieron la expansión de las tropas católicas de la mano del futuro duque de Parma, por lo que Guillermo de Orange, alarmado por el cariz que tomaban los acontecimientos, maniobró políticamente para tratar de atraer a Francia a su lado en la Guerra de los Ochenta Años, rompiendo definitivamente su compromiso con el archiduque Matías de Austria, a quien había utilizado en sus ambiciones políticas. 

Guillermo, pues,  había entablado conversaciones con Francisco, duque de Alençon y de Anjou, para que éste ocupara el trono de las Provincias Unidas. Las negociaciones fructificaron y el 29 de septiembre de 1580 se firmaba el tratado de Plessis les Tours. Guillermo pretendía de esta forma forzar a España a reconocer la independencia de estos territorios que ahora tendrían un nuevo rey, si no quería verse abocado a una guerra con Francia. Las intenciones de Guillermo eran claras: el nuevo rey debía ser un títere en manos de los Estados Generales, por los que las limitaciones al poder real recogidas en el tratado levantaron las suspicacias del duque francés. No podía nombrar sucesor, las decisiones debían ser tomadas en conjunto con el Consejo de los Estados Generales, y tampoco comandaría el ejército, cargo que se reservaba Guillermo. 

Los socorros de Constanza y Brisach y la expugnación de Rheinfelden. El ejército de Alsacia del duque de Feria

 


El 17 de octubre de 1633 caía en manos de la Monarquía Española la ciudad de Rheinfelden, tras el asedio al que la había sometido el recientemente creado Ejército de Alsacia, que se hallaba a las órdenes de Gómez Suárez de Figueroa, III duque de Feria. 

En plena Guerra de los Treinta Años, y ante la inactividad de Wallenstein, generalísimo imperial, la Monarquía Española, a través del conde duque de Olivares, había decidido mandar al III duque de Feria, gobernador de Milán, al frente de un ejército con la misión de reabrir el Camino Español, y llevar al infante cardenal a los Países Bajos, para hacer cargo del gobierno, al estar la archiduquesa Isabel enferma. El segundo objetivo pronto se torció, al enfermar el hermano menor del rey Felipe IV, por lo que el duque de Feria debería adelantarse y partir sin su Alteza, cruzando por el paso de la Valtelina, que había estado cerrado años debido a los sobornos franceses sobre Enrique de Rohan para que sus tropas hugonotas se encargaron de que no pasasen los españoles. 

Ahora la misión de Feria era la de desplegarse en la región de Alsacia para frenar las aspiraciones francesas y deshacer la amenaza sueca sobre Lorena, así como proteger el paso del ejército que desde Italia habría de llevar don Fernando de Austria con él a los Países Bajos. En este contexto el emperador había logrado atraer al duque de Sajonia y al duque de Brandemburgo, lo que dejaba a Gustav Horn y a Bernardo de Weimar en una posición complicada, ya que se hallaban en plena campaña contra Baviera. Por su parte, Wallenstein seguía inexplicablemente parado en Silesia, ante el descontento de España, quien presionó al emperador para romper los acuerdos de Göllersdorf, que otorgaban al general el mando único de las fuerzas imperiales. 

Asedio de Lovaina



El 24 de junio de 1635 daba comienzo, por parte de las tropas franco holandesas, el asedio de la plaza de Lovaina, en el Brabante Flamenco, defendida por el veterano gobernador Antón Schetz quien contaba con 4.000 infantes procedentes de distintos tercios valones, irlandeses, y regimientos alemanes e ingleses, junto con 6 cornetas de caballos. 

En el marco de la Guerra de los Treinta Años, 1635 iba a ser el año de entrada en el conflicto de Luis XIII, dando así comienzo a la llamada Fase Francesa. En realidad Francia llevaba muchos años socorriendo con dinero e incluso hombres a los enemigos de la Casa de Austria, por lo que la entrada en la guerra era simplemente una formalidad de París, en un momento en el que se encontraba con el suficiente músculo humano y económico como para poder beneficiarse de una guerra que ya llevaba casi dos décadas librándose. 

De este modo uno de los primeros movimientos franceses fue el soborno del arzobispo de Tréveris, quien acabó abandonando la protección de España permitiendo la entrada de un contingente francés en su territorio. Esta posición jugaba un papel clave ya que permitía a Francia conectar directamente con los territorios de los protestantes. No iba a permitir el Cardenal Infante dejar esa plaza en poder de un enemigo tan peligroso, y ordenó al marqués de Aytona hacer los preparativos pertinentes para recuperarla. De este modo, un capitán valón que mandaba la guarnición de la plaza de Schweich, a unos 15 kilómetros al noreste de Tréveris, ideó un plan para poder tomar la plaza sin tenerla que someter a un costoso asedio. 

La Jornada de Túnez

 


El 21 de julio de 1535 las fuerzas imperiales del César Carlos V entraban en la plaza de Túnez, que había sido tomada por el corsario Barbarroja un año antes tras deponer a Muley Hassan, vasallo de España, acabando momentáneamente con la amenaza corsaria en la zona. 

Durante el verano de 1534 los corsarios otomanos suponían un grave peligro en el Mediterráneo Occidental, destacando entre todos ellos, Jeireddin Barbarroja, quien consiguió aglutinar bajo su mando una potente fuerza berberisca y la puso al servicio del sultán Solimán I, llamado El Magnífico. La situación empeoró ostensiblemente tras la captura de Túnez por parte de Barabarroja, en agosto de 1534; los ataques de los corsarios otomanos se incrementaron de tal forma, que muchos pueblos costeros de España e Italia tuvieron que ser abandonados ante la imposibilidad de protección, mientras otros gastaban ingentes cantidades en mejorar sus defensas ante un eventual ataque. 

La situación era tan crítica, que el rey Carlos I de España hubo de convocar a su Consejo de Guerra para decidir cómo solventarla. Para ello solicitó la ayuda de otras naciones que estaban viendo sus intereses amenazados por la actividad corsaria otomana. De este modo se le unieron Portugal, la República de Génova, los Estados Pontificios y la Orden de Malta. Venecia, que también había visto atacadas algunas de sus poblaciones, decidió no intervenir puesto que aún estaba vigente un pacto de no agresión firmado con el Imperio Otomano décadas antes. De este modo, durante el invierno de 1534-1535, se desarrolló una febril actividad en los puertos de Barcelona, Génova, Lisboa o Amberes, Todos los preparativos estaban encaminados a poner en circulación una gran armada que llevase al poderoso ejército que el rey español iba a llevar consigo para recuperar Túnez.

El Socorro de Thionville

 


El 7 de junio de 1639 una fuerza hispánica imperial, bajo el mando de Octavio Piccolomini, lograba derrotar al ejército francés de Isaac Manasses de Pas, marqués de Feuquières, que había entrado en Luxemburgo y había puesto bajo asedio la plaza de Thionville. 

Francia había entrado en la Guerra de los Treinta Años en 1635, tras asistir a la derrota de los ejércitos protestantes en Alemania. La Batalla de Nördlingen había supuesto el derrumbe de las fuerzas germano-suecas de Gustav Horn y Bernardo de Weimar; el ejército hispánico que había marchado desde Italia para conducir al infante cardenal, don Fernando de Austria, a los Países Bajos, de los que había sido nombrado gobernador, había auxiliado a las fuerzas imperiales y de la Liga Católica en Nördlingen, dando una lección de poderío y eficacia, y había acabado con el mito de la invencibilidad sueca. 

Francia tenía miedo de que la Casa de Austria se acabara imponiendo a los protestantes, y con ello, quedar atrapada entre los dominios de la Monarquía Española y del emperador. De este modo, y esgrimiendo el peregrino argumento de que España preparaba la detención del elector de Tréveris, declaró la guerra a España como método preventivo. Francia iba a entrar en la guerra en favor de las fuerzas protestantes, a pesar de ser un país con un rey católico, sustituyendo a Suecia como potencia dominante. La alianza entre Suecia, Holanda, Hesse y Francia no era nueva, ya que los franceses habían aportado grandes sumas de dinero a la causa protestante, pero ahora entraba de lleno en la guerra y ponían en circulación una fuerza imponente compuesta por 70.000 infantes y 10.000 caballos, aunque la mayoría de ellas eran fuerzas bisoñas. 

El Asedio de Leiden

 


El 3 de octubre de 1574 un ejército hispánico comandado por Francisco Valdés ponía fin al asedio sobre Leiden, iniciado unos meses atrás. La ciudad no pudo ser tomada debido a la apertura de los diques que la rodeaban, provocando la llegada del ansiado socorro de los defensores, pero también la ruina económica de la ciudad. 

En el marco de la Guerra de los Ochenta Años, los avances rebeldes de 1572 en Holanda habían logrado conquistar la ciudad de Leiden, un enclave estratégico en la Holanda meridional. Era sin duda la ciudad más importante de la región, y servía de puente con la Holanda septentrional, estando a poco menos de 50 kilómetros de Ámsterdam o Haarlem. Ahora disponían de un puñal en el corazón de la región, pudiendo moviliza tropas hasta Zelanda sin apenas oposición. Tras esto, la práctica totalidad de Holanda, a excepción de Amsterdam y un puñado de ciudades más, y Zelanda, estaban en manos de los rebeldes. 

Los rebeldes lanzaron una campaña muy fuerte ese año. Desde el sur, Luis de Nassau, hermano del estatúder Guillermo de Orange, avanzó con sus fuerzas sobre Henao y Artois, mientras que Guillermo IV, conde van den Bergh, avanzó sobre Güeldres y el norte de los Países Bajos, con intención de llegar hasta Frisia. Mientras, Guillermo de Orange avanzaría sobre Limburgo, y de ahí acometería contra Brabante y Flandes, en una especie de golpe al corazón de los Países Bajos españoles. El duque de Alba, en ese momento gobernador de los Países Bajos, emprendió una serie de campañas para recuperar lo arrebatado por los rebeldes. Su éxito fue casi total, con asedios tan importantes como el de Haarlem o Mons

Batalla de Nördlingen. Análisis de la victoria de los Fernandos.



Entre el 5 y el 6 de septiembre de 1634 los ejércitos hispano imperiales obtenían una contundente victoria en las cercanías de la ciudad alemana de Nördlingen frente al temible ejército sueco y sus aliados alemanes protestantes. Una victoria que supuso, o al menos así se ha vendido, el final del mito de la maquinaria bélica puesta en marcha por Gustavo Adolfo de Suecia, y una inyección de moral en las maltrechas fuerzas del Emperador, que encadenaban una serie de fatídicas derrotas en Breitenfeld, Lech o Lützen. 

En primer lugar hay que analizar el estado del ejército sueco y sus aliados alemanes a finales del verano de 1634. El rey Gustavo Adolfo había muerto apenas dos años antes, en noviembre de 1632, y las tropas suecas habían extendido sus líneas sobremanera, aunque seguían teniendo la iniciativa operacional y el control estratégico. Los protestantes desplegaban en Alemania varios poderosos ejércitos. Por un lado el del mariscal Gustaf Horn, el brillante político y mariscal sueco que se encontraba operando en la región de Suabia. Guillermo, duque de Sajonia-Weimar, se hallaba con sus fuerzas en Turingia, mientras que su hermano Bernardo estaba en Franconia. Estas tres eran las principales fuerzas protestantes en Alemania, pero no las únicas.  

Cristhian I, conde Palatino de Birkenfeld, mantenía un ejército desplegado en las cercanías del Rin, en la región de Renania, mientras que Jorge de Brunswick-Luneburg ocupaba la región de Westfalia. Por su parte, el agrio Arnim se encontraba con sus hombres en Sajonia. Las rivalidades existentes entre los protestantes alemanes y el cada vez más poderoso imperio sueco iban en aumento, a pesar de los incontables esfuerzos del canciller Axel Oxenstierna por mantener la alianza lo más unida posible. Esta dispersión de fuerzas, entre las que hay que contar una cadena de innumerables plazas fuertes guarnicionadas desde Suiza hasta el Báltico, ejercía un control ilusorio sobre Alemania, control que, tras la caída de Wallenstein, general imperial, se pondría en duda por las fuerzas católicas. 

El Socorro español de Irlanda. La batalla de Kinsale (Parte II)

 


El 18 de septiembre de 1601 zarpaba la flota hispana, bajo el mando del almirante general Diego Brochero, desde el puerto de Lisboa con dirección a Irlanda. Como ya se ha indicado, la elección del punto de desembarco sería un tema a tratar durante la propia travesía marítima, lo cual da una idea de cierta improvisación y falta de preparación. De esta manera la responsabilidad del lugar más idóneo donde desembarcar las tropas quedaría a voluntad del maestre de campo Juan del Águila.

Las instrucciones del socorro dadas el 8 de agosto de 1601 en Valladolid por el valido de Felipe III, el duque de Lerma, a Esteban Ibarra reflejan esta falta de organización: "y porque de aquí no se puede dar regla ni orden cierta de la parte y puerto donde sea mejor desembarcar la gente, manda Su Magestad que se remita esto a don Juan del Águila y a don Diego Brochero, dando al primero el principal lugar de elegir, pues lleva a su cargo el efecto que se ha de hazer, y a entrambos tan claras y preçisas órdenes de lo que cada uno toca, que no les quede ningun lugar de competençia por el impedimento y daño que estas cosas suelen causar en semejantes ocassiones". 

La cuestión de la zona de desembarco no era, pues, un tema baladí. Mucho se discutió durante la travesía cuál era el lugar más idóneo. Galway, al oeste de la isla, o Donegal, al noroeste, eran los lugares a priori más interesantes para desembarcar las tropas, pues era donde estaban concentrados los ejércitos irlandeses, sobre todo en Donegal, en el Ulster, donde las tropas de Hugh O´Neill estaban concentradas, lejos del peligro de los ingleses. Se produjeron discusiones entre el maestre del Águila y fray Mateo de Oviedo, que era de la opinión de desembarcar en el Ulster. Sin embargo, las costas del norte de Irlanda no eran del todo conocidas, además de ser difícilmente accesibles. También estaba el problema de que un desembarco en esa región, podría suponer serios problemas a la hora de mover la artillería, dada la orografía del terreno. 

Archivo del blog

Etiquetas

Achilles (1) Agustín de Cepeda (1) Agustín íñiguez (3) Aldringer (6) Alejandro Arroyo (1) Alejandro Farnesio (22) Alejandro O'Reilly (1) Alexander (1) Alfonso de Ávalos (2) Alí Bajá (1) Almagro (1) Alonso de Alvarado (1) Alonso de Bazán (3) Alonso de Córdoba (1) Alonso de Pimentel y Zúñiga (1) Alonso de Sotomayor (1) Alonso Martín (1) Alonso Pita da Veiga (2) Alonso Vázquez (1) Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1) Álvaro de Bazán (11) Álvaro de Quiñones (1) Álvaro de Sande (7) Ambrosio de Spínola (17) Anastagi (1) Andrea Cantelmo (2) Andrea Doria (9) Andrés de Urdaneta (3) Anhalt (1) Antonio Barceló (1) Antonio de Leyva (5) Antonio de Montesinos (1) Antonio de Oquendo (5) Antonio Salgado (1) Arcabucero (2) archiduque Alberto de Austria (7) Armada (1) Armamento (1) Aumont (1) aztecas (1) Balanzón (2) Barbarroja (2) Bartolomé de las Casas (1) Batallas (76) Batallas Navales (26) Beltrán de Godoy (1) Beltrán de la Cueva (1) Bergh (5) Bernardino de Avellaneda (1) Bernardino de Mendoza (7) Bernardo de Gálvez (2) Blas de Lezo (1) Boabdil (1) Brunswick (6) Bucquoy (6) Calmecahua (1) Camino Español (9) Campañas de Farnesio en Flandes (3) Campañas de Osuna en Sicilia (3) Campañas de Spínola en Flandes (6) Campañas del marqués de Leganés en Milán (3) Capitana (1) Cardenal Cisneros (1) Cardenal Infante (15) Carlo della Gata (3) Carlos Coloma (6) Carlos de Ibarra (2) Carlos de Lannoy (3) Carlos I (28) Carlos II (2) Carlos III (5) Carlos IV (1) Carlos Padilla (1) Carlos V (17) Carlos VII (1) Carlos VIII (1) Castel-Rodrigo (2) César Borgia (1) Cesaro de Nápoles (1) Churruca (1) Cisneros (1) Collalto (1) Colloredo (4) conde de Anholt (1) Conde de Bayolo (1) conde de Brouay (1) conde de Floridablanca (2) Conde de Fuenclara (1) conde de Fuensaldaña (1) conde de Fuentes (2) Conde de Leicester (1) conde de Marsin (1) conde de Monterrey (1) Conde de Oñate (2) Conde de Paniguerola (3) conde de Peñalva (1) conde de Tilly (6) conde de Vimioso (1) Conde-duque de Olivares (13) Conquistadores (9) Corneille Joll (1) Coselete (1) Cosme Álvarez (1) Crequi (1) Cristian IV (1) Cristóbal Colón (2) Cristóbal de Eraso (2) Cristóbal de Mondragón (23) Cristóbal de Morales (1) Cristóbal de Olid (1) Cristóbal Lechuga (3) Cromwell (1) D'Allegre (1) De Court (1) Díaz de Pineda (1) Diego Brochero (1) Diego Colón (3) Diego Dávila (1) Diego de Almagro (1) Diego de Mendoza (1) Diego de Quiñones (1) Diego García de Paredes (3) Dragut Reis (1) Drake (5) Duque de Alba (34) Duque de Alburquerque (6) Duque de Cléveris (1) Duque de Enghien (4) Duque de Feria (4) Duque de Guisa (2) Duque de Lerma (3) duque de Lorena (4) Duque de Medina Sidonia (1) Duque de Osuna (5) duque de Saboya (4) Duque de Urbino (1) Edward Vernon (1) Egmont (5) El Gran Capitán (13) El Gran Condé (4) El Gran Duque de Alba (3) Enrique II (2) Enrique III de Valois (1) Enrique IV (2) Enrique Olivares (1) Enrique VIII (5) Ernesto de Mansfeld (10) Escaño (1) España en la Guerra de los 30 años (17) Fadrique Álvarez de Toledo (3) Fadrique de Toledo (4) Federico el Palatino (6) Federico Enrique (1) Felipe de Silva (2) Felipe el Hermoso (1) Felipe II (43) Felipe III (18) Felipe IV (22) Felipe Strozzi (2) Felipe V (3) Fernández de Córdoba (10) Fernández de Enciso (1) Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1) Fernando de Andrade (2) Fernando de Magallanes (2) Fernando el Católico (9) Fernando Girón de Salcedo (1) Fernando I (1) Fernando VI (1) Fernando VII (1) Ferrante Gonzaga (3) Ferrante Limonti (1) Filiberto de Saboya (1) Franc (1) Francisco Coloma (1) Francisco de Acevedo (1) Francisco de Bobadilla (7) Francisco de Ibarra (2) Francisco de Medina (1) Francisco de Melo (7) Francisco de Mendoza (2) Francisco de Meneses (1) Francisco de Orellana (2) Francisco de Prado (2) Francisco de Quevedo (1) Francisco de Rivera (3) Francisco de Saavedra (1) Francisco de Sarmiento (5) Francisco de Valdés (4) Francisco de Vallecilla (1) Francisco de Zanoguera (1) Francisco I (9) Francisco Menéndez (1) Francisco Pizarro (3) Francisco Sforza (1) Francisco Valdés (1) Francisco Verdugo (9) Francisco Vivero (1) Fray Gaspar de Carbajal (1) Galeón de Manila (2) Galveston (1) Gambacorta (6) García de Toledo (5) Garcíes (1) Garcilaso de la Vega (1) Gaspar de Toralto (3) Georg von Frundsberg (6) George Clifford (1) George Pocock (1) George Walker (1) George Washington (1) Glorioso (1) Gonzalo de Bracamonte (6) Gonzalo de Córdoba (1) Gonzalo de Ronquillo (1) Gonzalo Pizarro (2) Gran Sitio de Malta (3) Grande y Felicísima Armada (3) Gravina (1) Guardas de Castilla (1) Guébriant (2) Guerra anglo-española (6) Guerra de Colonia (1) Guerra de Devolución (2) Guerra de Esmalcalda (2) Guerra de Independencia norteamericana (2) Guerra de la Valtelina (1) Guerra de los 30 años (26) Guerra de los 7 años (2) Guerra de los 80 años (36) Guerra de Nápoles (5) Guerra del Arauco (1) Guerra del Asiento (4) Guerra del Monferrato (2) Guerra del Palatinado (6) Guerras Italianas (11) Guerreros (26) Guillermo de Orange (22) Guillermo Verdugo (5) Gustavo Adolfo (3) Gutierre de Cetina (1) Gutiérrez de Otero (1) Hasán Bajá (1) Hatzfeldt (3) Hawkins (1) Hernán Cortés (2) Hernando Colón (1) Hernando de Acosta (2) Hernando de Toledo (2) Herreruelo (1) Holac (3) Horn (9) Hugh O´Donnell (1) Hugh O´Neill (2) Hugo de Cardona (2) Hugo de Moncada (1) Idiáquez (3) Inés de Ben (1) Infantería de Marina (1) Isabel Clara Eugenia (3) Isabel de Avis (1) Isabel I (9) Isabel la Católica (3) Isemburg (7) Jacinto Vera (1) Jacobo I (1) Jean de Beck (6) Jean de la Valette (3) Jeireddín Barbarroja (2) Jenkins (1) Jerónimo Agustín (2) Jervis (3) John Montagu (1) John Norreys (9) José de Córdoba (1) José de Irazábal (1) José de Mazarredo (3) José de Urrutia (1) Juan Andrea Doria (1) Juan Bravo de Laguna (3) Juan Cerbellón (4) Juan de Austria (6) Juan de Cardona (2) Juan de Guevara (1) Juan de la Cerda (1) Juan de la Cosa (1) Juan de Lezcano (4) Juan de Oznayo (1) Juan de Prado Malleza (1) Juan de Urbieta (1) Juan de Vivero (1) Juan del Águila (7) Juan Díaz de Solís (1) Juan Gutiérrez de Garibay (1) Juan II de Aragón (1) Juan II de Castilla (1) Juan II de Portugal (1) Juan José de Austria (2) Juan José Navarro (1) Juan Martín de Recalde (2) Juan Pablo de Carrión (1) Juan Pacheco (1) Juan Pérez de Azcue (1) Juan Pérez de Peralta (1) Juan Ronquillo (1) Juan Sebastián Elcano (2) Juan Varela (1) Juan Vázquez Coronado (1) Juana de Castilla (1) Juana la Beltraneja (1) Julián Romero (16) Justino de Nassau (2) La Ferté (1) La Meilleraye (1) La Mothe (3) Lala Mustafá (1) Lamboy (2) Lautrec (1) Lázaro de Eguiguren (1) León Fandiño (1) Lepanto (1) Lestock (1) Leyenda Negra (1) Leyes de Burgos (1) Liga de Esmalcalda (6) Liga Santa (2) Lope de Figueroa (12) Lope de Hoces (1) Lope de Vega (1) López de Acuña (1) Lorenzo Ugalde de Orellana (1) Luis de Armagnac (4) Luis de Carvajal (1) Luis de Córdova (1) Luis de Nassau (4) Luis de Requesens (8) Luis de Velasco (1) Luis Fajardo (2) Luis Pérez de Vargas (1) Luis Vicente de Velasco (1) Luis XIII (8) Luis XIV (5) Luis XV (1) Maarten Schenck (2) Maarten Tromp (1) Mansfeld (2) Manuel de Montiano (1) Manuel Filiberto (3) Manuel Ponce de Léon (1) Marcos Aramburu (1) Margarita de Parma (3) María de Estrada (1) María Pita (1) María Tudor (1) Marlborough (2) marqués de Aytona (1) Marqués de Caracena (3) marqués de Hinojosa (1) Marqués de Leganés (9) marqués de los Vélez (1) Marqués de Mortara (4) Marqués de Pescara (4) Marqués de Torrecuso (11) Marqués de Villafranca (2) Marqués del Vasto (14) Marradas (3) Martín de Aragón (2) Martín de Córdoba (1) Martín de Eguiluz (1) Martín de Idiáquez (3) Martín de Padilla (1) Martín Zamudio (1) Mathews (1) Matías de Alburquerque (1) Matthew Buckle (1) Matthias Gallas (10) Mauricio de Nassau (7) Maximiliano de Egmont (1) Mazarino (4) Melchor de Robles (3) Mercader (1) Mercedes (1) Mercy (2) Miguel de Ambulodi (1) Miguel de la Horna (2) Miguel de Oquendo (2) Miguel López de Legazpi (2) Moctezuma (1) monte Aldabe (1) Montmorency (1) Mosquetero (2) Mustafá Bajá (1) Namur (1) Napoleón (1) Nelson (2) Octavio de Aragón (1) Oglethorpe (1) Orden de Malta (4) Orden de Santiago (6) Ordenanzas (1) Pánfilo de Narváez (2) Pappenheim (4) Paz de Cateu-Cambrésis (2) Pedro de Alvarado (2) Pedro de La Gasca (1) Pedro de Paz (2) Pedro de Toledo (1) Pedro de Ursúa (1) Pedro de Valdivia (1) Pedro de Zubiaur (1) Pedro Ernesto de Mansfeld (5) Pedro González de Castejón (1) Pedro Mesía de la Cerda (1) Pedro Navarro (2) Pedro Téllez de Guzmán (1) Pialí Bajá (2) Piccolomini (10) Pío V (1) Piquero (2) Pirro Colonna (1) Pompeo Giustiniano (5) Príncipe de Carignano (1) príncipe de Condé (6) Príncipe de Ligné (2) Prior de Crato (7) Próspero Colonna (6) Rantzau (4) Real Felipe (1) Reyes Católicos (12) Richard Greenville (1) Richelieu (11) Rodrigo de Orozco (2) Rowley (1) Rui Faleiro (1) San Fulgencio (1) San Giuseppe (1) San Ildefonso (1) Sancho Dávila (13) Sancho de Londoño (9) Sancho de Luna (2) Santísima Trinidad (1) Sebastián de Benalcázar (1) Sebastián de San Miguel (2) Sebastián López (1) señor de Aubigny (2) Sirot (1) Sitio de Malta (1) Socorro de Irlanda (2) Solimán (3) Spielbergen (1) Tassis (6) Taupadel (1) Tay Fusa (1) Tercio de Ávila (2) Tercio de Cárdenas (1) Tercio de Castelnuovo (2) Tercio de Cerdeña (7) Tercio de Fuenclara (1) Tercio de Galeras (1) Tercio de Lombardía (11) Tercio de Lope de Figueroa (2) Tercio de Nápoles (7) Tercio de Saboya (5) Tercio de Sicilia (11) Tercio de Toralto (1) Tercio de Valdés (1) Tercio de Zamora (1) Tercios (11) Tercios Embarcados (1) Tercios Viejos (6) Teseus (1) Thermes (1) Thomas Howard (1) tlaxcaltecas (1) Toisón de Oro (2) Torquemada (1) Torstensson (1) Tratado de Aranjuez (1) Tratado de París (1) Turco (1) Turenne (4) Tuttlingen (1) Ulij Alí (1) Unión de Arras (3) Unión de Utrecht (3) Vasco de Gama (1) Vasco Núñez de Balboa (1) Velandia (2) Viaje del Cardenal Infante (3) Vicente Gonzaga (1) Vicente González-Valor (1) Vicente Yáñez Pinzón (3) vizconde de Turenne (1) Wallenstein (5) Werth (5) William Monson (1) William Penn (1)