Batalla de Pavía

Mostrando entradas con la etiqueta El Gran Capitán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Gran Capitán. Mostrar todas las entradas

La Guerra de Nápoles

 


La Guerra de Nápoles, conocida también como la Segunda Guerra Italiana, fue un conflicto por el control del Reino de Nápoles entre Francia y España, tras la ruptura por parte de la primera del Tratado de Granada por el cual ambas potencias se repartían ese territorio italiano.  

En el verano de 1499 Francia se había recuperado de la derrota sufrida en la Primera Guerra Italiana. Un nuevo rey había subido al trono, Luis XII, pero no por ello renunciaría a las pretensiones de su fallecido primo Carlos VIII de Francia. Tras finalizar la Santa Liga, Luis XII se vio con las manos libres para concertarse con Venecia, quien ansiaba las posesiones del ducado de Milán, y con el papado, quien pretendía de igual forma controlar parte del Reino de Nápoles. 

De esta manera en agosto de ese año Francia enviaba un poderoso ejército con 13.000 infantes franceses y suizos, unos 3.000 lanceros y 60 cañones, bajo el mando de Bérault Stuart, señor de Aubigny. Tras cruzar los Alpes se adentró en territorio del ducado. Ludovico Sforza ordenó a Galeazzo Sanseverino salirle al encuentro con una fuerza de 9.000 infantes y 1.500 caballos, pero el italiano fue incapaz de contener a los franceses, de modo que tuvo que retirarse a Alessandria della Paglia. Esto dejó expedito el camino a Aubigny, quien tomó uno a uno los fuertes del ducado. 

Segunda Batalla de Seminara


El 21 de abril de 1503 las fuerzas españolas del conde de Andrade derrotaban en Seminara, en la región italiana de Calabria, al ejército francés del señor de Aubigny, aliviando así la presión sobre el ejército del Gran Capitán, el cual se preparaba para combatir en Ceriñola.

En el marco de la Guerra de Nápoles, dentro de las conocidas como Guerras Italianas, a comienzos de 1502 Luis XII, tras romper de manera sorpresiva el Tratado de Granada, enviaba al duque de Nemours, Luis de Armagnac al frente de un poderoso ejército para invadir las posesiones españolas en el Reino de Nápoles, en Italia. Este fulgurante ataque había cogido desprevenidos completamente a los españoles, que se encontraban sin previo aviso ante un ejército mucho mayor en número, por lo cual tuvieron que replegarse ordenadamente hasta hacerse fuertes en la plaza de la Barletta, situada en la región de Apulia a orillas del Adriático.

De esta manera las fuerzas francesas se dividieron en dos. En Calabria, al suroeste de la península itálica, se concentrarían las fuerzas de Berault de Stuart, señor de Aubigny, que ascendían a unos 6.000 hombres, mientras que en Apulia, al sureste, lo haría el ejército principal francés, bajo el mando de Armagnac, con la misión de derrotar al Gran Capitán. Mientras esto sucedía, gracias una intensa labor diplomática por parte de Felipe el Hermoso parecía poder atisbarse una paz. Felipe logró convencer al rey francés de firmar el conocido como Tratado de Lyon, por el cual se cedía a Francia el sur del reino napolitano. Ni que decir tiene que los Reyes Católicos rechazaron rotundamente tal cuestión.

Los Tercios: Tercios Embarcados. Orígenes


Antecedentes históricos.

Los soldados en la marina ya existían en la Edad Media en Castilla y Aragón; pero esto ni mucho menos era una novedad, ya que tanto egipcios, como griegos, persas o romanos, por poner algunos ejemplos, venían empleando este tipo de unidades militares y construyendo las embarcaciones más idóneas para transportarlas. Estos hombres eran contratados de forma temporal para alguna jornada o empresa concreta y se les licenciaba al finalizar esta.

En España el antecedente histórico más lejano se atestigua en Las Partidas del rey castellano Alfonso X: "et sobresalientes llaman otrosi a los hombres que son puestos además en los navíos, así como los ballesteros y otros hombres de armas... no han de facer otros oficios sino defender a los que fueren en su navío lidiando con sus enemigos". Es decir, los sobresalientes eran soldados embarcados cuya única función era el combate, pero no se constituían como un ejército permanente, sino que eran reclutados individualmente cuando las circunstancias lo reclamaban.

Además debían ser "esforzados, recios et ligeros lo más que ellos pudiesen, et cuanto más usados fuesen de la mar, tanto será mejor", es decir, hombres que tenían relación con las armas, experiencias en combate, sobre todo pequeñas incursiones en costas enemigas y defensa y ataque de buques. En la costa del Cantábrico se podían reclutar algunos de los mejores hombres para este tipo de misiones, gentes curtidas en el mar y sus inclemencias.

Naves cántabras, en la batalla de la Rochelle

La Batalla de Ruvo


El 23 de febrero de 1503 las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán , tomaban al asalto la plaza de Ruvo, defendida por una guarnición francesa bajo el mando de Jaques de Chabannes, señor de La Palisse.

En el marco de las Guerras Italianas, el Tratado de Granada entre los Reyes Católicos y el monarca francés había hecho repartirse el centro y sur de Italia; Nápoles quedó bajo el dominio francés, mientras que Sicilia quedaba en manos de España. Pero pronto surgieron las discrepancias en la interpretación de los términos del acuerdo y el monarca francés, Luis XII, no dudó en invadir las posesiones italianas españolas para colmar sus ambiciones expansionistas a mediados de 1502.

Los franceses, aprovechando la sorpresa y su gran superioridad numérica, avanzaron hacia el sur de la península itálica y cercaron a las tropas españolas del Gran Capitán en la villa de Barletta. Allí se atrincheró el brillante militar español durante el invierno de 1502-1503, permitiendo tan solo un singular combate, para guardar el honor de los españoles, entre 11 de sus jinetes y 11 franceses, en lo que se conoció como el Desafío de Barletta. 

Los Tercios: Las Formaciones


Los Tercios fueron sin duda alguna la mejor fuerza de combate de los siglos XVI y XVII. Esto fue posible gracias no solo a los soldados que los componían; hombres forjados para la guerra como no había otros en Europa, sino también por lo innovador y revolucionario de sus tácticas de combate, cuyo origen se remontaba a los tiempos del Gran Capitán.

Hoy en día cuesta imaginar cómo era la vida de los soldados de los tercios. Aguantar las penosas condiciones a las que estaban sometidos; el frío, el calor, el hambre, la sed, la falta de pagas... y sobre todo el miedo, algo inevitable cuando rompía el combate. Cervantes, en su inigualable Don Quijote de la Mancha, escribía: "sonaba el duro estruendo de espantosa artillería; acullá se disparaban infinitas escopetas, cerca casi sonaban las voces de los combatientes". Para hacer frente a tales adversidades sería fundamental el entrenamiento y la disciplina, de tal manera que el soldado fuese capaz de aprender y desarrollar las tácticas de combate y mantener el orden en los momentos más complicados de la batalla.

Por tanto los tercios van a desarrollar, a través de dicho entrenamiento y disciplina, una serie de tácticas que los van a convertir en perfectas máquinas de guerra. Algunas de las enseñanzas obtenidas con las tácticas que el Gran Capitán desarrolló durante las Guerras italianas serán el empleo combinado de las fuerzas por mar y tierra; la movilidad de la infantería, capaz de avanzar por cualquier terreno; el uso masivo de las armas de fuego; las formaciones en profundidad, capaces de maniobrar con gran ventaja sobre los enemigos; y la importancia de la elección del terreno. El elemento esencial desde el cual van a partir estas tácticas se encuentra en las formaciones. Los tercios van a desarrollar principalmente tres tipos de formaciones: de batalla, de marcha y de guarnición.

Batalla de Garellano


El 28 de diciembre de 1503 las tropas españolas del Gran Capitán cargaban sobre el ejército francés en las inmediaciones del río Garellano, obteniendo una brillante victoria y poniendo fin a las pretensiones de Luis XII sobre Nápoles, quien se vería obligado a firmar la paz con España. 

Las pretensiones del rey francés Carlos VIII sobre el trono napolitano en 1494 habían dado comienzo a las llamadas Guerras Italianas. Francia fue derrotada por España y sus aliados: Venecia, Milán, el Sacro Imperio y los Estados Pontificios. Su sucesor en el trono, Luis XII, reanudó la guerra en 1499 y conquistó el Ducado de Milán, apresando al duque Ludovico Sforza, contando esta vez con el apoyo veneciano y del papa Alejandro VI y su hijo César Borgia.

Luis XII, que no quería repetir los errores de su predecesor, firmó con Fernando el Católico el Tratado de Granada mediante el cual se repartían el centro y el sur de Italia; Nápoles para Francia y Sicilia para España. Las discrepancias pronto surgieron y los franceses, a mediados de 1502, invadieron las posesiones españoles en Italia. La superioridad numérica francesa pronto dejó a los españoles en una situación crítica en la península itálica, quedando el Gran Capitán encerrado en la plaza de Barletta durante el invierno de 1502-1503.

Los Tercios: Las Armas


Los tercios hispánicos fueron una máquina de guerra perfecta que, durante siglo y medio, impusieron su fuerza en cualquier teatro de operaciones en el que la Monarquía Española tuviera que desenvolverse. Esto fue posible gracias a los hombres que componían sus filas y a los mandos que los dirigían. 

Y es que los soldados hispánicos, concretamente los españoles, eran los mejores de su época; la cultura de la guerra, ya que en la península ibérica se estuvo batallando durante 8 siglos con muy pocos momentos de paz, unida a la constante innovación táctica y técnica, fundamentalmente en los dominios italianos, y un orgullo sin parangón, que haría que el soldado español prefiriera la muerte a la deshonra, hizo de esto posible. El rey francés Francisco I, durante su cautiverio en Madrid exclamaría: "¡Bendita España, que pare y cría los hombres armados!", como aseveran Martínez Laínez y Sánchez de Toca en su libro Tercios de España: la infantería legendaria. 

Y es que estos hombres aprendían a combatir desde muy pronto. Apenas siendo niños eran habituales los juegos con espadas de madera, así que el manejo de las armas era algo natural en los españoles. Los hombres que ingresaban en los ejércitos de la Corona Española recibían armas, cuyo coste se les descontaba de sus pagas. Pero los soldados españoles, orgullosos como eran, solían hacerse con las mejores armas posibles; un buen armamento aumentaba la honra, es decir, la opinión que los demás tenían de ellos. Y es que honor y honra fueron dos conceptos que todo español que se preciara llevaba a límites insospechados.

Los Tercios: El Origen. De los Reyes Católicos a las Ordenanzas de Génova


Mucho se ha especulado con el origen de los tercios, las unidades de infantería que iban a emplear los reyes de España para extender sus dominios por Europa y allende los mares. La versión más extendida sobre los orígenes es la que apunta a la época del Gran Capitán durante las dos primeras guerras de Italia contra Francia, y señalan al militar español como el introductor de una serie de reformas que posteriormente darían lugar a los tercios, que acabarían convirtiéndose con el tiempo en una máquina de guerra casi imparable durante siglo y medio. 

Sin embargo el doctor en historia por la Sorbona de París, René Quatrefages atribuye el origen a los propios Reyes Católicos y su adaptación del modelo suizo de piqueros. Sea como fuere, es obvio que no no podemos olvidar las labores organizativas del ejército español que lleva a cabo Gonzalo Fernández de Córdoba como capitán general del ejército, como tampoco las evoluciones que poco después se van a ir desarrollando en Italia, principalmente en Lombardía, donde un ejército permanente va a ser usado por el emperador Carlos V para responder a sus necesidades bélicas, y cuyas unidades, de la mano de generales tan prestigiosos como Próspero Colonna, el marqués de Pescara, o el marqués del Vasto, se van a enseñorear de los campos de batalla.

Tampoco podemos olvidar la particularidad de las gentes de la guerra españolas. A diferencia del resto de reinos europeos, los distintos reinos cristianos de la Península Ibérica han pasado los últimos ocho siglos combatiendo frente al invasor musulmán; haciendo de la guerra una cuestión de supervivencia y, sobre todo, una forma de restablecer el antiguo reino visigodo, del que los distintos reinos se consideraban herederos. Esta característica va a cristalizar definitivamente a finales del siglo XV y principios del XVI, y de esta forma asistiremos a una revolución militar como pocas se hayan visto, con el uso masivo de las armas de fuego, que pondrá a la Monarquía Española al frente de la innovación en el arte de la guerra, haciendo caer en el olvido los modelos combativos que hasta el momento dominaban los campos de batalla de la vieja Europa. 

Batalla de Ceriñola


Un 28 de abril del año 1503, se producía la batalla de Ceriñola, que enfrentó a los ejércitos de Francia y de España por el dominio del Reino de Nápoles, tras haber roto los franceses el Tratado de Granada, firmado en octubre de 1500, y que establecía un reparto conjunto de estos territorios italianos. 

Se suele hablar de esta batalla como el origen de la hegemonía militar española en Europa. Ocurrida durante el transcurso de la Guerra de Nápoles (1501-1504), dentro de las conocidas como Guerras Italianas, enfrentó al ejército español bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como El Gran Capitán, contra el ejército francés de Luis de Armagnac, duque de Nemours y conde de Guisa.

La repentina ruptura de hostilidades por parte de la Francia de Luis XII, a comienzos de 1502, rompiendo los acuerdos alcanzados en el Tratado de Granada, cogió por sorpresa a las tropas españolas en Italia. Armagnac invadió las posesiones españolas y forzó a Fernández de Córdoba a retirar su ejército a la protección de la plaza de Barletta, villa de la región de Apulia situada a orillas del Adriático, en pleno golfo de Manfredonia. Los franceses consiguieron ocupar todo el Reino de Nápoles a excepción de las regiones de Apulia y Calabria.

El duque de Nemours, una vez aseguradas las posiciones arrebatadas a los españoles, mandó sitiar Barletta, estableciendo su campamento en la ciudad de Bisciglie, al sur de la plaza española. En septiembre de ese mismo año, y tras aguantar las constantes provocaciones francesas, Gonzalo Fernández de Córdoba aceptó un duelo a caballo en la ciudad de Trani, situada a mitad de camino de las posiciones españolas y francesas y por aquel entonces neutral. 11 caballeros de ambos reinos se batieron en duelo el 20 de septiembre en lo que se conoció como el Desafío de Barletta. 

Conquistadores: Vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano


El 6 de septiembre del año 1522, como si de un fantasma se tratase, hacía su aparición en la bahía de Sanlúcar de Barrameda la nao "Victoria", única superviviente de una expedición de cinco buques que habían zarpado de Sevilla 3 años atrás.

Fernando de Magallanes era un hidalgo portugués nacido en el año 1480 y que pronto entraría a servir como paje de la reina Leonor, esposa de Juan II de Portugal. En 1505 entró en la llamada Armada de la India, flota anual que partía hacia la India a través del Cabo de Buena Esperanza, ruta abierta por el gran marino portugués Vasco de Gama. Recorrió así miles de leguas, llegando a lugares tan imposibles en aquel entonces como Goa, Cochín o Cananor, en la India, Kerala, en Tanzania, o Malaca, en Malasia. En 1514, siendo ya toda una institución en su país, fue acusado de
comerciar ilegalmente en Marruecos, por lo que perdió su empleo. Desde ese momento se empecinará en investigar rutas hacia el Pacífico con el reputado cosmógrafo Rui Faleiro.

Por su parte, Juan Sebastián Elcano había nacido en la localidad guipuzcoana de Guetaria y provenía de una familia muy marinera, que se dedicaba a la pesca y al comercio. En 1509 embarcó en la expedición que dirigía el cardenal Cisneros para tomar Orán, dentro de la política de Fernando el Católico de tomar importantes plazas berberiscas en el Mediterráneo occidental. También participó en las Guerras Italianas de el Gran Capitán, pero esto le costó la ruina. Tuvo que deshacerse de su nave en favor de unos mercaderes de Saboya con los que previamente se había hipotecado para costear las pagas adeudadas a su tripulación, con la esperanza de que la Corona le entregase a tiempo el dinero que le debía, algo que no ocurrió. Arruinado y prófugo de la justicia, ya que se consideraba delito vender buques artillados en tiempos de guerra a los extranjeros, marchó hacia Sevilla buscando recuperar su patrimonio.

Guerreros: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán


El 1 de septiembre del año 1453 nacía en Montilla, villa de la provincia de Córdoba, Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, destacado miembro de la nobleza de Andalucía que revolucionó las tácticas de la guerra y padre del primer ejército moderno, siendo considerado hoy por muchos el mejor militar español hasta la fecha.

Era el segundo de los hijos de Pedro Fernández de Aguilar y Elvira de Herrera y Enríquez. Fue criado en Córdoba junto a su hermano Alfonso, pasando a ser paje del hermano de la futura reina Isabel la Católica, el infante Alfonso, en Segovia. Por aquella época Castilla se hallaba dividida por un conflicto interno entre los partidarios del infante Alfonso y los del rey Enrique IV. La muerte en 1468 de Alfonso centró las miradas en Isabel, y Gonzalo, tal y como lo había hecho con Alfonso, pasaría a ser un fiel servidor de la futura reina.

Al no ser el primogénito solo podía escoger entre el ejército o el sacerdocio, así que escogió lo primero. La guerra de sucesión castellana tras la muerte del rey en 1474, que enfrentaba a los partidario de Juana de Trastámara, hija del rey, con los leales a Isabel de Castilla, legítima heredera por el Tratado de los Toros de Guisando, supuso el inicio de su brillante carrera militar, destacándose en la batalla de Albuera, en 1479, donde dirigió una compañía de 120 jinetes, bajo las órdenes del maestre de la Orden de Santiago.

Batalla de Bicoca


El 27 de abril del año 1522 tenía lugar en la villa de Bicoca, en el Milanesado, una batalla entre las fuerzas francesas y venecianas contra los ejércitos del emperador Carlos, dirigidos por Próspero Colonna, la cual terminó con una sonora victoria de las fuerzas imperiales.

En el marco de la Guerra de los Cuatro Años, que enfrentaba a la Francia de Francisco I y su aliada Venecia contra el Emperador Carlos V y los Estados Pontificios por el control del norte de Italia, se produjo la batalla de Bicocca, una contienda que dejaría huella incluso siglos después, recordando las tácticas que el famoso Gran Capitán había aplicado en los campos de batalla italianos dos décadas antes. 

Los franceses, apoyados por el Estado de Venecia, se habían lanzado en 1521 a la ocupación del Milanesado. Odet de Foiex, vizconde de Lautrec, había reunido un ejército de más de 40.000 soldados, entre los que se encontraban mercenarios suizos a las órdenes de Albert von Stein y las Bandas Negras del condottiero Giovanni de Medicis. Para evitar que los franceses tomasen Milán, las tropas imperiales, comandadas por el gran militar Próspero Colonna, oponían apenas 12.000 soldados, por lo que Colonna, al igual que Fernández de Córdoba antes, estudió el terreno y le sacó el máximo partido posible. Celebró consejo con el duque de Tratto, el duque de Termenes, el marqués de Pescara, el marqués de Civita Sant Angelo, el conde Golisiano, Antonio de Leyva, Georg von Frunsberg y Fernando de Alarcón, comisario general del ejército, resolviendo interceptar al ejército de Lautrec que había abandonado la idea de tomar Milán ante la obstinada defensa que habían planteado los españoles. 

Isabel La Católica

Hija de Juan II de Castilla e Isabel de Avis, dinastía portuguesa, nació en Madrigal de las Altas Torres, una villa de Ávila, en 1451. A los 3 años se le comprometió con Fernando (conocido después como el Católico), hijo de Juan II de Aragón, pero posteriormente el rey Enrique IV, quiso desposarla con otros pretendientes y 10 años más tarde se trasladará a la Corte en Segovia junto a su hermano Alfonso.

Por aquel entonces, el Rey Enrique IV había tenido una hija, Juana de Castilla, más conocida como Juana la Beltraneja, con la heredera portuguesa, Juana. Muchos nobles se opusieron a aceptarla como heredera dadas las sospechas de que era hija ilegítima del Duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, y propusieron a Alfonso como heredero al trono.

Sin embargo éste murió en 1468, por lo que los nobles opositores a Enrique IV, la designaron a ella para ocupara al trono. Isabel no accedió a ello, por respeto al rey, que era además su hermanastro, pero consiguió ser proclamada Princesa de Asturias el 19 de septiembre de ese mismo año, en la ceremonia de los Toros de Guisando, y por tanto, optar al trono a la muerte de Enrique IV.

El rey, que veía en Isabel una rival formidable, siguió tratando de casarla con candidatos que le dejasen a su hija Juana libertad para finalmente acceder a la Corona de Castilla, pero Isabel se siguió negando y negoció en secreto con Juan II de Aragón, su matrimonio con Fernando, su hijo, a pesar del impedimento legal por ser primos segundos. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Cervera el 5 de marzo de 1469, tras falsificar una bula papal de Pío II. Finalmente, el 19 de octubre contrajeron matrimonio en Valladolid, y 2 años después, obtuvieron la dispensa papal de la mano de Sixto IV.

El 13 de diciembre de 1474, 2 días después de la muerte de su hermanastro Enrique IV, fue proclamada reina de Castilla, en cumplimento del acuerdo de los Toros de Guisando. Pocas semanas después estalló la Guerra de Sucesión Castellana, donde Isabel y sus partidarios castellanos, apoyados por la Corona de Aragón, se enfrentaron a los partidarios de Juana, respaldados por Portugal y Francia. Rápidamente Isabel se impuso en Castilla, desplazándose el conflicto a Portugal, que se resolvió finalmente con la firma del Tratado de Alcaçovas, reconociendo a Isabel y Fernando como reyes castellanos.

Isabel fue una reina enérgica y decidida, siempre presente en el campo de batalla y allá donde se le necesitase. Prueba de ello fueron su presencia en todas las batallas libradas, siempre acompañada de sus hijos en la retaguardia, prestando cuantos servicios necesitasen sus tropas. En la rendición de Baza, Isabel jugó un papel clave; su presencia en el frente, acompañada de su hija Isabel, y su arenga a las tropas, levantaron la moral de éstas y acabaron por minar el ánimo de los sitiados, que presentaron su rendición solo ante la propia reina.

Otra prueba de su valor fue el comportamiento durante la revuelta segoviana que amenazaba con tomar el Alcázar, donde se encontraba su primogénita, debido a que ésta estaba al cuidado de un matrimonio de origen judío. Isabel, que se encontraba a más de 50 kilómetros de allí, partió rápidamente acompañada de apenas 3 guardias y cuando llegó el Alcázar, se dirigió personalmente a la multitud y escuchó una a una las peticiones de la gente. Los segovianos le juraron fidelidad a pesar de seguir confiando la educación de su hija al mismo matrimonio.

A Isabel de Castilla le debemos la creación de los hospitales de campaña. Su presencia permanente en el campo de batalla, le llevó a acompañarse de multitud de médicos y cuidadores para atender a los heridos, creando instalaciones especialmente dedicadas a ese fin en la retaguardia, reduciendo así el número de bajas entre sus tropas. Siempre interesada en los asuntos militares, tuvo en Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, a su hombre más preciado y distinguido, fiel a sus servicios desde los tiempos de la Guerra de Sucesión Castellana, destacándose definitivamente en la toma de Granada.

Su carácter curioso y arriesgado le llevó a apostar decididamente por la propuesta de Cristóbal Colón. Se opuso a la esclavización de los indígenas y dictó las primeras normas otorgando derechos a éstos, algo inédito en Europa, y que darían lugar posteriormente a las Reales Ordenanzas y a las Leyes de Burgos. También decretó la creación de un cuerpo policial para evitar el bandidaje y hacer más seguro el comercio, la Santa Hermandad, a petición de los concejos municipales.

En 1494 firmó con Portugal el Tratado de Tordesillas, marcando los límites de influencia de España y Portugal en el Atlántico. En 1496 el papa Alejandro VI concedió a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos, mediante la bula “Si Convenit”, que quedaría en herencia para sus sucesores. También concedería a Isabel, en 1500, el título de Rosa de Oro de la Cristiandad.

Falleció el 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real de Medina del Campo, tras llevar tiempo sumida en una profunda depresión por su enfrentamiento con su hija Juana y ver cómo morían su madre, su primogénita, su único hijo varón y su nieto, Miguel, que estaba llamado a unir las coronas española y portuguesa. En su testamento dejó escrito, según registros del político Diego Clemencín y Viñas: “Mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de S. Francisco que es en el Alhambra de la ciudad de Granada (...) en una sepultura baja que no tenga bulto alguno, salvo una losa baja en el suelo, llana, con sus letras en ella. Pero quiero e mando, que si el Rei eligiere sepultura en otra cualquier iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar destos mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado e sepultado junto.”

Es en la Capilla Real de Granada donde yacen sus restos, junto a los de su marido, Fernando, su nieto y su hija Juana y el marido de ésta, Felipe el Hermoso, además de su propia corona y el cetro real.









Archivo del blog

Etiquetas

Achilles (1) Agustín de Cepeda (1) Agustín íñiguez (3) Aldringer (6) Alejandro Arroyo (1) Alejandro Farnesio (22) Alejandro O'Reilly (1) Alexander (1) Alfonso de Ávalos (2) Alí Bajá (1) Almagro (1) Alonso de Alvarado (1) Alonso de Bazán (3) Alonso de Córdoba (1) Alonso de Pimentel y Zúñiga (1) Alonso de Sotomayor (1) Alonso Martín (1) Alonso Pita da Veiga (2) Alonso Vázquez (1) Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1) Álvaro de Bazán (11) Álvaro de Quiñones (1) Álvaro de Sande (7) Ambrosio de Spínola (17) Anastagi (1) Andrea Cantelmo (2) Andrea Doria (9) Andrés de Urdaneta (3) Anhalt (1) Antonio Barceló (1) Antonio de Leyva (5) Antonio de Montesinos (1) Antonio de Oquendo (5) Antonio Salgado (1) Arcabucero (2) archiduque Alberto de Austria (7) Armada (1) Armamento (1) Aumont (1) aztecas (1) Balanzón (2) Barbarroja (2) Bartolomé de las Casas (1) Batallas (76) Batallas Navales (26) Beltrán de Godoy (1) Beltrán de la Cueva (1) Bergh (5) Bernardino de Avellaneda (1) Bernardino de Mendoza (7) Bernardo de Gálvez (2) Blas de Lezo (1) Boabdil (1) Brunswick (6) Bucquoy (6) Calmecahua (1) Camino Español (9) Campañas de Farnesio en Flandes (3) Campañas de Osuna en Sicilia (3) Campañas de Spínola en Flandes (6) Campañas del marqués de Leganés en Milán (3) Capitana (1) Cardenal Cisneros (1) Cardenal Infante (15) Carlo della Gata (3) Carlos Coloma (6) Carlos de Ibarra (2) Carlos de Lannoy (3) Carlos I (28) Carlos II (2) Carlos III (5) Carlos IV (1) Carlos Padilla (1) Carlos V (17) Carlos VII (1) Carlos VIII (1) Castel-Rodrigo (2) César Borgia (1) Cesaro de Nápoles (1) Churruca (1) Cisneros (1) Collalto (1) Colloredo (4) conde de Anholt (1) Conde de Bayolo (1) conde de Brouay (1) conde de Floridablanca (2) Conde de Fuenclara (1) conde de Fuensaldaña (1) conde de Fuentes (2) Conde de Leicester (1) conde de Marsin (1) conde de Monterrey (1) Conde de Oñate (2) Conde de Paniguerola (3) conde de Peñalva (1) conde de Tilly (6) conde de Vimioso (1) Conde-duque de Olivares (13) Conquistadores (9) Corneille Joll (1) Coselete (1) Cosme Álvarez (1) Crequi (1) Cristian IV (1) Cristóbal Colón (2) Cristóbal de Eraso (2) Cristóbal de Mondragón (23) Cristóbal de Morales (1) Cristóbal de Olid (1) Cristóbal Lechuga (3) Cromwell (1) D'Allegre (1) De Court (1) Díaz de Pineda (1) Diego Brochero (1) Diego Colón (3) Diego Dávila (1) Diego de Almagro (1) Diego de Mendoza (1) Diego de Quiñones (1) Diego García de Paredes (3) Dragut Reis (1) Drake (5) Duque de Alba (34) Duque de Alburquerque (6) Duque de Cléveris (1) Duque de Enghien (4) Duque de Feria (4) Duque de Guisa (2) Duque de Lerma (3) duque de Lorena (4) Duque de Medina Sidonia (1) Duque de Osuna (5) duque de Saboya (4) Duque de Urbino (1) Edward Vernon (1) Egmont (5) El Gran Capitán (13) El Gran Condé (4) El Gran Duque de Alba (3) Enrique II (2) Enrique III de Valois (1) Enrique IV (2) Enrique Olivares (1) Enrique VIII (5) Ernesto de Mansfeld (10) Escaño (1) España en la Guerra de los 30 años (17) Fadrique Álvarez de Toledo (3) Fadrique de Toledo (4) Federico el Palatino (6) Federico Enrique (1) Felipe de Silva (2) Felipe el Hermoso (1) Felipe II (43) Felipe III (18) Felipe IV (22) Felipe Strozzi (2) Felipe V (3) Fernández de Córdoba (10) Fernández de Enciso (1) Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1) Fernando de Andrade (2) Fernando de Magallanes (2) Fernando el Católico (9) Fernando Girón de Salcedo (1) Fernando I (1) Fernando VI (1) Fernando VII (1) Ferrante Gonzaga (3) Ferrante Limonti (1) Filiberto de Saboya (1) Franc (1) Francisco Coloma (1) Francisco de Acevedo (1) Francisco de Bobadilla (7) Francisco de Ibarra (2) Francisco de Medina (1) Francisco de Melo (7) Francisco de Mendoza (2) Francisco de Meneses (1) Francisco de Orellana (2) Francisco de Prado (2) Francisco de Quevedo (1) Francisco de Rivera (3) Francisco de Saavedra (1) Francisco de Sarmiento (5) Francisco de Valdés (4) Francisco de Vallecilla (1) Francisco de Zanoguera (1) Francisco I (9) Francisco Menéndez (1) Francisco Pizarro (3) Francisco Sforza (1) Francisco Valdés (1) Francisco Verdugo (9) Francisco Vivero (1) Fray Gaspar de Carbajal (1) Galeón de Manila (2) Galveston (1) Gambacorta (6) García de Toledo (5) Garcíes (1) Garcilaso de la Vega (1) Gaspar de Toralto (3) Georg von Frundsberg (6) George Clifford (1) George Pocock (1) George Walker (1) George Washington (1) Glorioso (1) Gonzalo de Bracamonte (6) Gonzalo de Córdoba (1) Gonzalo de Ronquillo (1) Gonzalo Pizarro (2) Gran Sitio de Malta (3) Grande y Felicísima Armada (3) Gravina (1) Guardas de Castilla (1) Guébriant (2) Guerra anglo-española (6) Guerra de Colonia (1) Guerra de Devolución (2) Guerra de Esmalcalda (2) Guerra de Independencia norteamericana (2) Guerra de la Valtelina (1) Guerra de los 30 años (26) Guerra de los 7 años (2) Guerra de los 80 años (36) Guerra de Nápoles (5) Guerra del Arauco (1) Guerra del Asiento (4) Guerra del Monferrato (2) Guerra del Palatinado (6) Guerras Italianas (11) Guerreros (26) Guillermo de Orange (22) Guillermo Verdugo (5) Gustavo Adolfo (3) Gutierre de Cetina (1) Gutiérrez de Otero (1) Hasán Bajá (1) Hatzfeldt (3) Hawkins (1) Hernán Cortés (2) Hernando Colón (1) Hernando de Acosta (2) Hernando de Toledo (2) Herreruelo (1) Holac (3) Horn (9) Hugh O´Donnell (1) Hugh O´Neill (2) Hugo de Cardona (2) Hugo de Moncada (1) Idiáquez (3) Inés de Ben (1) Infantería de Marina (1) Isabel Clara Eugenia (3) Isabel de Avis (1) Isabel I (9) Isabel la Católica (3) Isemburg (7) Jacinto Vera (1) Jacobo I (1) Jean de Beck (6) Jean de la Valette (3) Jeireddín Barbarroja (2) Jenkins (1) Jerónimo Agustín (2) Jervis (3) John Montagu (1) John Norreys (9) José de Córdoba (1) José de Irazábal (1) José de Mazarredo (3) José de Urrutia (1) Juan Andrea Doria (1) Juan Bravo de Laguna (3) Juan Cerbellón (4) Juan de Austria (6) Juan de Cardona (2) Juan de Guevara (1) Juan de la Cerda (1) Juan de la Cosa (1) Juan de Lezcano (4) Juan de Oznayo (1) Juan de Prado Malleza (1) Juan de Urbieta (1) Juan de Vivero (1) Juan del Águila (7) Juan Díaz de Solís (1) Juan Gutiérrez de Garibay (1) Juan II de Aragón (1) Juan II de Castilla (1) Juan II de Portugal (1) Juan José de Austria (2) Juan José Navarro (1) Juan Martín de Recalde (2) Juan Pablo de Carrión (1) Juan Pacheco (1) Juan Pérez de Azcue (1) Juan Pérez de Peralta (1) Juan Ronquillo (1) Juan Sebastián Elcano (2) Juan Varela (1) Juan Vázquez Coronado (1) Juana de Castilla (1) Juana la Beltraneja (1) Julián Romero (16) Justino de Nassau (2) La Ferté (1) La Meilleraye (1) La Mothe (3) Lala Mustafá (1) Lamboy (2) Lautrec (1) Lázaro de Eguiguren (1) León Fandiño (1) Lepanto (1) Lestock (1) Leyenda Negra (1) Leyes de Burgos (1) Liga de Esmalcalda (6) Liga Santa (2) Lope de Figueroa (12) Lope de Hoces (1) Lope de Vega (1) López de Acuña (1) Lorenzo Ugalde de Orellana (1) Luis de Armagnac (4) Luis de Carvajal (1) Luis de Córdova (1) Luis de Nassau (4) Luis de Requesens (8) Luis de Velasco (1) Luis Fajardo (2) Luis Pérez de Vargas (1) Luis Vicente de Velasco (1) Luis XIII (8) Luis XIV (5) Luis XV (1) Maarten Schenck (2) Maarten Tromp (1) Mansfeld (2) Manuel de Montiano (1) Manuel Filiberto (3) Manuel Ponce de Léon (1) Marcos Aramburu (1) Margarita de Parma (3) María de Estrada (1) María Pita (1) María Tudor (1) Marlborough (2) marqués de Aytona (1) Marqués de Caracena (3) marqués de Hinojosa (1) Marqués de Leganés (9) marqués de los Vélez (1) Marqués de Mortara (4) Marqués de Pescara (4) Marqués de Torrecuso (11) Marqués de Villafranca (2) Marqués del Vasto (14) Marradas (3) Martín de Aragón (2) Martín de Córdoba (1) Martín de Eguiluz (1) Martín de Idiáquez (3) Martín de Padilla (1) Martín Zamudio (1) Mathews (1) Matías de Alburquerque (1) Matthew Buckle (1) Matthias Gallas (10) Mauricio de Nassau (7) Maximiliano de Egmont (1) Mazarino (4) Melchor de Robles (3) Mercader (1) Mercedes (1) Mercy (2) Miguel de Ambulodi (1) Miguel de la Horna (2) Miguel de Oquendo (2) Miguel López de Legazpi (2) Moctezuma (1) monte Aldabe (1) Montmorency (1) Mosquetero (2) Mustafá Bajá (1) Namur (1) Napoleón (1) Nelson (2) Octavio de Aragón (1) Oglethorpe (1) Orden de Malta (4) Orden de Santiago (6) Ordenanzas (1) Pánfilo de Narváez (2) Pappenheim (4) Paz de Cateu-Cambrésis (2) Pedro de Alvarado (2) Pedro de La Gasca (1) Pedro de Paz (2) Pedro de Toledo (1) Pedro de Ursúa (1) Pedro de Valdivia (1) Pedro de Zubiaur (1) Pedro Ernesto de Mansfeld (5) Pedro González de Castejón (1) Pedro Mesía de la Cerda (1) Pedro Navarro (2) Pedro Téllez de Guzmán (1) Pialí Bajá (2) Piccolomini (10) Pío V (1) Piquero (2) Pirro Colonna (1) Pompeo Giustiniano (5) Príncipe de Carignano (1) príncipe de Condé (6) Príncipe de Ligné (2) Prior de Crato (7) Próspero Colonna (6) Rantzau (4) Real Felipe (1) Reyes Católicos (12) Richard Greenville (1) Richelieu (11) Rodrigo de Orozco (2) Rowley (1) Rui Faleiro (1) San Fulgencio (1) San Giuseppe (1) San Ildefonso (1) Sancho Dávila (13) Sancho de Londoño (9) Sancho de Luna (2) Santísima Trinidad (1) Sebastián de Benalcázar (1) Sebastián de San Miguel (2) Sebastián López (1) señor de Aubigny (2) Sirot (1) Sitio de Malta (1) Socorro de Irlanda (2) Solimán (3) Spielbergen (1) Tassis (6) Taupadel (1) Tay Fusa (1) Tercio de Ávila (2) Tercio de Cárdenas (1) Tercio de Castelnuovo (2) Tercio de Cerdeña (7) Tercio de Fuenclara (1) Tercio de Galeras (1) Tercio de Lombardía (11) Tercio de Lope de Figueroa (2) Tercio de Nápoles (7) Tercio de Saboya (5) Tercio de Sicilia (11) Tercio de Toralto (1) Tercio de Valdés (1) Tercio de Zamora (1) Tercios (11) Tercios Embarcados (1) Tercios Viejos (6) Teseus (1) Thermes (1) Thomas Howard (1) tlaxcaltecas (1) Toisón de Oro (2) Torquemada (1) Torstensson (1) Tratado de Aranjuez (1) Tratado de París (1) Turco (1) Turenne (4) Tuttlingen (1) Ulij Alí (1) Unión de Arras (3) Unión de Utrecht (3) Vasco de Gama (1) Vasco Núñez de Balboa (1) Velandia (2) Viaje del Cardenal Infante (3) Vicente Gonzaga (1) Vicente González-Valor (1) Vicente Yáñez Pinzón (3) vizconde de Turenne (1) Wallenstein (5) Werth (5) William Monson (1) William Penn (1)