Las Guardas de Castilla se constituyeron como el primer cuerpo militar profesional y permanente en España, ideadas como una tropa de élite que debía proteger el reino de las amenazas internas y externas, a semejanza de los hombres de armas o gendarmes de Francia.
La Guerra de Granada supuso un punto de inflexión en las tácticas militares españolas. La renovación bélica que se va a producir en las siguientes décadas es de una crucial importancia en la propia historia de España y Europa; desde los Reyes Católicos al emperador Carlos V, su nieto, se va a avanzar a un ritmo imparable pasando de la Santa Hermandad a los afamados Tercios, que se convertirían en la más eficiente máquina militar durante siglo y medio hasta su declive a partir de la segunda mitad del siglo XVII.
De esta forma a finales del siglo XV tendremos en España un conjunto de fuerzas militares de distinta procedencia y utilidad, formado por las Guardas de Castilla, la Santa Hermandad, la caballería de vasallos y las distintas fuerzas aportadas por los nobles y por los concejos, así como una fuerza dedicada exclusivamente al manejo de la artillería. De todas ellas, solo las Guardas tenían un carácter permanente y, lo que es más importante, estaban formadas por auténticos profesionales de la guerra, no obstante las integraban los llamados hombres de armas, y dependían únicamente de la autoridad real.


