Batalla de Pavía

Batalla de Ceriñola


Un 28 de abril del año 1503, se producía la batalla de Ceriñola, que enfrentó a los ejércitos de Francia y de España por el dominio del Reino de Nápoles, tras haber roto los franceses el Tratado de Granada, firmado en octubre de 1500, y que establecía un reparto conjunto de estos territorios italianos. 

Se suele hablar de esta batalla como el origen de la hegemonía militar española en Europa. Ocurrida durante el transcurso de la Guerra de Nápoles (1501-1504), dentro de las conocidas como Guerras Italianas, enfrentó al ejército español bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, más conocido como El Gran Capitán, contra el ejército francés de Luis de Armagnac, duque de Nemours y conde de Guisa.

La repentina ruptura de hostilidades por parte de la Francia de Luis XII, a comienzos de 1502, rompiendo los acuerdos alcanzados en el Tratado de Granada, cogió por sorpresa a las tropas españolas en Italia. Armagnac invadió las posesiones españolas y forzó a Fernández de Córdoba a retirar su ejército a la protección de la plaza de Barletta, villa de la región de Apulia situada a orillas del Adriático, en pleno golfo de Manfredonia. Los franceses consiguieron ocupar todo el Reino de Nápoles a excepción de las regiones de Apulia y Calabria.

El duque de Nemours, una vez aseguradas las posiciones arrebatadas a los españoles, mandó sitiar Barletta, estableciendo su campamento en la ciudad de Bisciglie, al sur de la plaza española. En septiembre de ese mismo año, y tras aguantar las constantes provocaciones francesas, Gonzalo Fernández de Córdoba aceptó un duelo a caballo en la ciudad de Trani, situada a mitad de camino de las posiciones españolas y francesas y por aquel entonces neutral. 11 caballeros de ambos reinos se batieron en duelo el 20 de septiembre en lo que se conoció como el Desafío de Barletta. 

Batalla de Mook


El 14 de abril de 1574 el ejército hispánico, bajo el mando del maestre Sancho Dávila, obtenía una brillante victoria sobre las tropas protestantes de Luis de Nassau en la localidad de Mook, en la provincia de Limburgo.

En el marco de la Guerra de los 80 años, Luis de Nassau se lanzó con sus tropas desde Alemania a comienzos de 1574. En febrero cruzó la frontera con la misión de unirse a Guillermo de Orange. Con 6.000 infantes y 3.000 jinetes invadió el Brabante e intentó desviar la atención española, cuyas tropas se encontraban asediando Leiden desde octubre del año anterior.

Luis de Requesens, gobernador de los Países Bajos, apenas disponía de hombres, por lo que Luis de Nassau creyó que los católicos no podrían contener su ofensiva. Pero no contó con la extraordinaria capacidad española para reaccionar en situaciones adversas y sobre todo, con la calidad de sus tropas.

Requesens, en cuanto tuvo constancia de la invasión protestante, envió todos los hombres que fue capaz de reunir. El plan: tratar de interrumpir el avance de Luis en el río Mosa. Para ello los españoles recurrieron a escaramuzar con el enemigo ante la superioridad numérica de éste. Uno de estos episodios se dio el día 18 de marzo cuando, mediante una encamisada, táctica muy usada por los españoles, con apenas 300 arcabuceros españoles y casi igual número de valones, causaron al enemigo más de 700 bajas, por tan solo 4 valones y 3 españoles muertos.

Guerreros: El Coronel Francisco Verdugo


El 13 de marzo de 1537 nacía en Talavera de la Reina Francisco Verdugo. Hijo de carnicera y sin demasiadas oportunidades en el Toledo del siglo XVI, decidió enrolarse en la compañía que en 1556 se encontraba levantando el capitán Bernardino Martín de Ayala, por 1.500 maravedíes, apenas 4 escudos.

A partir de ahí, con 19 años, es donde comienza la andadura de uno de los militares más importantes de la historia de España. 

No tardaría en partir rumbo a Nápoles, donde quedó encuadrado en una compañía de arcabuceros perteneciente al afamado Tercio de Saboya. Tras el fallido intento de invasión francesa del Milanesado, el tercio, comandado por el maestre de campo Alonso de Navarrete, se dirigió a toda prisa rumbo a Flandes, para proteger las fronteras del imperio y amenazar el norte de Francia.

Allí se unieron a las tropas de Felipe II, dirigidas por el duque de Saboya, Manuel Filiberto, que invadieron la Champaña y la Picardía francesa para caer sobre San Quintín en 1557. Tuvo Verdugo una destacada actuación, distinguiéndose junto a su compañía en el apoyo a la carga de la caballería española dirigida por el conde de Egmond, y que acabaría deshaciendo los flancos franceses. El propio capitán Julián Romero le propuso para cobrar una ventaja de 8 escudos, algo poco frecuente entre soldados bisoños.

Batalla de Borgerhourt


El 2 de marzo de 1579 las fuerzas españolas, dirigidas por Alejandro Farnesio, príncipe de Parma, vencían a las tropas inglesas y francesas que apoyaban a los protestantes holandeses de la Unión de Utrecht, en la villa de Borgerhout.

Desde su nombramiento en el cargo de gobernador de los Países Bajos, tras la muerte de su tío Juan de Austria, Alejandro Farnesio, que había llegado a Flandes hacía menos de año y medio, había impulsado una extraordinaria labor diplomática y militar que llevó a la firma de la Unión de Arras, con la que las provincias del sur mostraban su compromiso de permanecer leales a la Corona Española.

Los Estados Generales, por su parte, firmaron la Unión de Utrecht el 23 de enero de 1579, ante la amenaza que suponía el imparable avance de las tropas de Farnesio. Bruselas estaba en serio peligro y los protestantes buscaron refugio en Amberes. El príncipe de Parma, a comienzos de año diseñó una estrategia de acoso y derribo contra los protestantes, que le llevó a tomar Weert y a derrotar a las temibles reiters alemanes de Juan Casimiro en Eindhoven y ponerlos en fuga. Entonces decidió sitiar la ciudad de Maastricht, su principal objetivo, de tal forma que quedase expedito el camino hacia la ansiada Amberes.

Por su parte, y dentro de dicha estrategia, el príncipe de Parma envió al coronel español Cristóbal de Mondragón con la misión de aislar los Países Bajos por el este, evitando que los protestantes alemanes pudieran socorrer a los holandeses, y tomando las importantes villas de Strelen, Erkelenz y Kerpen. De este modo Maastricht quedó completamente aislada por el norte y por el este. Por otro lado, los espías del gobernador le habían informado de la presencia de un contingente de selectas tropas de calvinistas franceses, junto a las inglesas y escocesas de John Norreys en la villa de Borgerhout.

Batalla de Pavía




El 24 de febrero de 1525 las tropas imperiales de Carlos V aplastaban a los ejércitos del rey francés, Francisco I, en la batalla de Pavía, al sur de Milán, batalla que sería la tumba de buena parte de la nobleza francesa de aquella época y en la que caería preso de los españoles el propio monarca galo.

En el contexto de las Guerras Italianas, España y Francia se medían en un conflicto por decidir cuál era la potencia dominante en Europa. Francisco I, que había perdido la carrera por el trono al Sacro Imperio contra el monarca español Carlos I, se lanzó a la invasión de Navarra a comienzos de octubre de 1521, mientras que en noviembre del mismo año el ejército español entraba en Milán y provocaba la huida de las tropas francesas de la ciudad, quedando como último reducto el castillo de la ciudad, al que Antonio de Leyva y el marqués de Pescara pusieron asedio de inmediato con tropas alemanas. 

A pesar de ello, el rey galo no se dio por vencido y se lanzó contra el Milanesado nuevamente, amenazando Pavía y Monza hasta que, el 27 de abril de 1522 los españoles lograron una de las victorias más espectaculares e increíbles de la historia en la Batalla de Bicoca. España seguía imponiendo su hegemonía en Europa gracias a la visión estratégica del propio monarca, que además contaba con los mejores mandos militares del momento. Hombres como Próspero Colonna, el marqués del Vasto o el de Pescara, Carlos de Lannoy o Antonio de Leyva, constituían la élite de los ejércitos de toda Europa. 

Batalla de Lizard Point


El 18 de febrero de 1637 tenía lugar el combate naval de Lizard Point, entre una escuadra española comandada por Miguel de la Horna y una fuerza holandesa que daba cobertura a un convoy angloholandés compuesto por 44 buques.

La Guerra de los 80 años daba sus últimos coletazos. España, asfixiada económicamente e inmersa también en la fase final de la Guerra de los 30 años, que la enfrentaba directamente con la Francia de Richelieu, aún seguía siendo la primera potencia en Europa y sus ejércitos, cada vez más exiguos, constituían todavía una temible fuerza.

La Armada no era ajena a esto. La del Mar Océano contaba con un total de 49 galeones para cubrir toda la ruta de América, número inferior a con los que contaban los franceses y holandeses, pero los marinos españoles eran los mejores de su época y además, para contrarrestar la diferencia numérica, se fomentó la práctica del corso, que dio muy buenos resultados en los últimos años de esa década.

Batalla de Gembloux


El 31 de enero de 1578 las tropas realistas, comandadas por don Juan de Austria y Alejandro Farnesio, se enfrentaron en Gembloux a los ejércitos de los Estados Generales de los Países Bajos, obteniendo una aplastante victoria que daría un notorio giro en el devenir de la guerra. 

Llevaba casi 10 años en marcha la Guerra de los Ochenta Años años. Atrás quedaban los inicios de la contienda con la victoria protestante en mayo de 1568 en Heiligerlee, y la posterior devolución del golpe por parte de los españoles en Jemmingen. La sustitución como gobernador de los Países Bajos del Duque de Alba por Luis de Requsens, no había logrado frenar las revueltas protestantes, que se recrudecían por momentos. Felipe II, angustiado por el cariz que tomaban los acontecimientos, resolvió nombrar gobernador, tras la muerte de Requesens en 1576, a su hermanastro Juan de Austria, confiando en que el "Héroe de Lepanto" pudiera hacerse con el control de la situación. Tras su llegada en noviembre de 1576, no perdió un segundo y comenzó a tender puentes con los protestantes.

En febrero de 1577, don Juan lograba firmar el conocido como "Edicto Perpetuo" en el cual aceptaba los acuerdos de la "Pacificación de Gante", por los que se declaraba la tolerancia religiosa en los Países Bajos, se realizaba una amnistía para los presos holandeses, se confirmaban y otorgaban nuevos privilegios a la nobleza y el clero protestante, se nombraba a Guillermo de Orange como Estatúder de Holanda y Zelanda, y se sacaban a las tropas extranjeras de los Países Bajos, incluyendo a los tercios españoles, en un plazo de 20 días. A cambio, los protestantes reconocían a Felipe II como su rey y a Juan de Austria como gobernador actuando en nombre de éste, y se comprometían a respetar a los católicos de sus territorios.

Defensa de Panamá. El final de Drake


El 15 de enero de 1596 Francis Drake daba la orden a sus buques de zarpar y abandonar el intento inglés de saquear Panamá, tras haber sufrido una sucesión de derrotas, que lo dejaron enfermo y completamente abatido.

En el marco de la Guerra anglo-española, que ya se alargaba por 10 años, la reina Isabel I encargó a dos de sus militares de mayor prestigio, Francis Drake y John Hawkins, ambos antiguos piratas, la misión de atacar las posesiones españolas en el Caribe, y desestabilizar el dominio de Felipe II sobre las rutas hacia América.

Si bien es cierto que la estrella de Drake no brillaba como antaño, debido a su nefasta dirección de la "Contraarmada", en 1589, que tenía por objeto atacar y saquear varios puertos españoles, el veterano pirata seguía teniendo un aura casi mística entre sus hombres, por lo que la reina lo sacó de su "destierro" en Plymouth, tratando de revertir el curso de la guerra, que se inclinaba inexorablemente del lado español, tras las derrotas en Coruña, Lisboa o las Azores.

Drake, convencido de que lo más dañino para España era atacar sus posesiones en el Caribe, le propuso el plan a la reina, que finalmente accedió a tal empresa, colocando como segundo de Drake a John Hawkins, y dando el mando de la infantería una vez en tierra al general Thomas Baskerville. Para ello contaban con 6 galeones reales, los mejores de la armada inglesa: el "Garland", el "Adventure", el "Hope", el "Defiance", el "Bonaventure" y el "Foresight". A estos buques había que sumarles más de una veintena de pinazas y numerosas barcazas y naves menores para transporte de tropas y pertrechos. Drake, además, contaba con 3.000 soldados y más de 1.500 marinos.

Leyes de Burgos


El 27 de diciembre de 1512 el rey de España, Fernando "El Católico", firmaba en la ciudad de Burgos unas pioneras leyes, creadas por una comisión de expertos juristas y teólogos, que organizaban la conquista del Nuevo Mundo y sobre todo, desarrollaban el primer cuerpo jurídico donde se otorgaban derechos a los indios.

Casi 20 años habían pasado ya desde que la expedición dirigida por Cristóbal Colón llegase al Nuevo Mundo, y los españoles se habían extendido por las islas del Caribe, las selvas de Colombia y Panamá, y exploraban hacia el norte la costa mexicana. El descubrimiento de tierras llevaba consigo la necesidad de repoblarlas y sobre todo, de cultivarlas y trabajarlas. Y es que los españoles no habían ido hasta allí a buscar puertos comerciales, como hacían los portugueses, y más adelante los franceses, ingleses u holandeses; los españoles iban a trasplantar España al Nuevo Mundo.

Casi desde el inicio de los viajes a América, en los barcos españoles no solo viajaban hombres, también lo hacían mujeres y familias enteras. A comienzos del nuevo siglo la esclavitud de los indios había sido prohibida, bajo pena de muerte, por la reina Isabel. A los colonos que se establecían en tierras americanas se les asignaba una parcela de terreno y una serie de indios para trabajarlo, los cuales entregaban un tributo fijo, bien fuera en alimentos o minerales, y a cambio los españoles debían darles asistencia, protección y trato justo; esto se llamaba encomienda.

Conquistadores: Pedro de Valdivia


El 25 de diciembre del año 1553 fallecía durante la batalla del fuerte de Tucapel, Chile, durante la Guerra del Arauco contra los indios mapuches, el militar y conquistador español Pedro de Valdivia.

Nació un 17 de abril de 1497 en Extremadura, en la región de la comarca de La Serena, siendo incierto el lugar exacto. El cronista y militar español, Alonso de Góngora Marmolejo, compañero de armas de Valdivia, afirmaba que éste era natural de Castuera, donde estaba su casa. Hijo de Pedro de Oncas de Melo e Isabel Gutiérrez de Valdivia, pronto destacó como un notable militar, enrolándose en 1520 en el ejército del rey Carlos I en la Guerra de los Comuneros.

De ahí partió para combatir en las Guerras Italianas, distinguiéndose en la batalla de Pavía, en febrero de 1525, volviendo a España para contraer matrimonio con Marina Ortiz de Gaete, y volviendo a destacarse en el combate dos años después, durante el saqueo de Roma. La vida en España no le satisfacía y, como otros muchos hidalgos empobrecidos de su época, partió al Nuevo Mundo con el afán de buscar fortuna y gloria. Esa sería su máxima en la vida.

Rendición de Ulm. Campaña del Danubio


Un 23 de diciembre del año 1546 la ciudad de Ulm, una de las principales ciudades que sustentaban la revuelta de la Liga Esmalcalda contra el emperador Carlos V, capitulaba, finalizando así con éxito la campaña del Danubio emprendida por las fuerzas imperiales contra los protestantes alemanes.

Las tensiones religiosas vividas a comienzos del siglo XVI en Alemania desembocaron, tras la Confesión de Augsburgo, en la creación de la Liga Esmalcalda, nombrada así por celebrarse en la ciudad alemana de Turingia, en 1531. Con ella, diversos príncipes luteranos alemanes, liderados por el landgrave Felipe de Hesse y el elector de Sajonia, Juan Federico, formaban una alianza militar con el propósito de defender el protestantismo.

Si bien en un principio no se declaró una guerra abierta contra el emperador y el catolicismo, las expropiaciones de tierras, las expulsiones e incluso ejecuciones y linchamientos a la población católica, hicieron que los príncipes de dicha confesión religiosa, encabezados por el duque de Baviera y por Jorge de Sajonia, se organizasen formando la Liga Católica en 1538, también conocida como Santa Liga de Nuremberg, por ser esa ciudad la elegida para acoger la reunión.

Los años transcurrieron con bastantes tensiones hasta la celebración de la Dieta de Ratisbona, a comienzos del verano de 1546. El emperador Carlos se había estado preparando para una posible revuelta; consiguió firmar un acuerdo con el papa Paulo III por el que Roma se comprometía con más de 10.000 soldados y un aporte económico de 200.000 ducados. También consiguió atraer a su causa al margrave de Brandemburgo-Kustrin, al de Brandemburgo-Kulmbach, al duque de Brunswick-Kalemberg, e incluso al duque Mauricio de Sajonia, uno de los más notables príncipes protestantes.

Guerreros: Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna


Nacido el 17 de diciembre del año 1574 en Osuna, villa española de la provincia de Sevilla, Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar, dio desde bien joven muestras de grandes dotes militares y políticas, cualidades que le valdrían para llegar a ser uno de los más destacados españoles de su tiempo.

Provenía de una destacada familia, ya que sus padres eran Juan Téllez-Girón y Guzmán, II Duque de Osuna, y su madre, Ana María de Velasco y Tovar, era nada más y nada menos que la hija del Condestable de Castilla, Íñigo Fernández de Velasco, duque de Frías, y una de las mujeres más influyentes y destacadas de su época, de la que se cuenta que tenía el valor de 100 hombres.

Al historiador italiano Gregorio Leti le debemos la primera obra biográfica sobre el duque de Osuna, publicada en Ámsterdam en tres tomos en el año 1699. Gracias a ella sabemos que su abuelo, el primer duque de Osuna, fue nombrado en 1582 virrey de Nápoles, llevándose a su nieto con él, que sería educado bajo el atento cuidado de la mujer de su abuelo, supliendo en cierta medida la muerte de su madre.

En Nápoles se le dio la mejor educación posible a cargo de Andrea Savone, un humanista e historiador brillante, pero además se le instruyó en el arte de las armas, recibiendo formación por parte de alguno de los mejores maestros españoles destacados en los tercios acantonados en Italia. Leti afirmaba en su obra que su abuelo decía  que "no había de criarse solamente en letras, porque no se hiciera flojo y descuidado en su particular proyecto". De esta manera el futuro duque se curtió en el manejo de las armas tanto como en el de la pluma.

El Asedio de Melilla


El 9 de diciembre del año 1774 las fuerzas del sultán de Marruecos, Mohammed ben Abdalah, pusieron sitio a la plaza española de Melilla, que resistió de manera asombrosa bajo el mando del gobernador militar, Juan Sherlock.

Durante el reinado de Carlos III las rencillas entre España e Inglaterra se sucedían tras la Guerra de los 7 años, sucedía unos años atrás. Los ingleses se ofrecían a ayudar a cualquier enemigo declarado de España, algo aprovechado por el Sultanato de Marruecos. Con la promesa de la ayuda británica el sultán envió una carta al rey español el 19 de septiembre de 1774, advirtiéndole que, junto al Bey de Argel, tenía intención de conquistar todas las plazas de la Berbería, pidiendo que le fueran entregadas en el plazo de 4 meses.

A pesar de la declaración claramente hostil, el sultán no deseaba interrumpir las relaciones comerciales con España ni entrar en guerra por mar con ella. Carlos III no salía de su asombro ante aquella propuesta, y por supuesto, no accedió a la demanda del sultán de entregar así como así las plazas españolas o no hacer la guerra en el mar.

El Milagro de Empel


El 8 de diciembre de 1585 se producía la milagrosa salvación de los Tercios españoles en la isla de Bommel que se encontraban asediados por las tropas holandesas, gracias a la "mediación" de la Virgen de la Inmaculada Concepción.   

Inmersos en la Guerra de los Ochenta años, y tras tomar Amberes, las tropas españolas del conde Pedro Ernesto de Mansfeld se dirigieron hacia el norte de la región de Brabante, por orden de Alejandro Farnesio, para socorrer a las poblaciones católicas que estaban siendo atacadas por los protestantes y enfrentarse a los ejércitos enemigos que allí se encontraban. El ejército realista disponía en esos moamentos de seis tercios, cuatro de ellos españoles; el de Mondragón, que era el de Lombardía y, por tanto, el más antiguo, el de Juan del Águila, que se había formado con gente del de Sicilia, el de Agustín Íñiguez, y el de Francisco Arias de Bobadilla, a los que se unían los italianos de Gastón Spínola y de Capuzucca. 

Para finales de noviembre de 1585, Mansfeld había llegado ya al río Mosa y se disponía a instalar a su ejército en Alost. Desde allí ordenó a los Tercios de Francisco de Bobadilla, Agustín Íñiguez y Cristóbal de Mondragón, a los que se uniría la compañía de arcabuceros a caballo del capitán Juan García de Toledo, que ocuparan la isla de Bommel, situada entre los ríos Mosa y Waal. La isla contaba con apenas 25 kilómetros de longitud y unos 9 de anchura máxima, un espacio bastante pequeño. En total, la fuerza de Bobadilla la constituían unos 5.000 hombres repartidos en 61 banderas, más un estandarte de caballos, mientras que Mansfeld se quedaba en Bolduque con el Tercio de Juan del Águila.

Legazpi llega a las Filipinas


El 21 de noviembre del año 1564 una expedición española, bajo el mando de Miguel López de Legazpi, parte del puerto de Jalisco en busca de las islas del Poniente, llegando a las islas Filipinas, descubiertas por Hernando de Magallanes en 1521.

En la década de los años 50 del siglo XVI, los españoles ya habían dado la vuelta al mundo y explorado gran parte de América, dominando el comercio en el Atlántico. Pero esto no les impedía seguir ambicionando más aventuras y gloria. Un reino casi despoblado era la potencia puntera y sus dominios se extendían a lo largo y ancho del globo.

En esta tesitura Felipe II escribe al virrey de Nueva España, Luis de Velasco, instándole a continuar explorando nuevas rutas comerciales en el "Mar del Sur". Una de las consignas que el "Rey Prudente" da, es que participe en dicha expedición Andrés de Urdaneta, experto marino y cosmógrafo natural de Villafranca de Ordicia, en Guipúzcoa, que había participado de joven en la expedición dirigida por García Jofre de Loaísa a las Molucas.

Defensa de Cádiz


El 7 de septiembre del año 1625 la flota anglo-holandesa abandonaba la bahía de Cádiz, tras ser rechazada por las fuerzas españolas bajo el mando de Fernando Girón de Salcedo y de Manuel Pérez de Guzmán y Silva, duque de Medina Sidonia.

Tras reiniciarse las hostilidades con los holandeses al expirar la Tregua de los 12 años, Inglaterra, quien tenía importantes pactos con las Provincias Unidas, mostraba una cada vez mayor hostilidad hacia España. La Guerra del Palatinado, dentro del marco de la Guerra de los 30 años, precipitaría los acontecimientos y la declaración de guerra en marzo de 1624 por parte del rey inglés, Jacobo I, cuya hija estaba casada con Federico el Palatino.

Jacobo moriría apenas un año después, pero el proyecto sería continuado por su hijo, Carlos I de Inglaterra. Los espías del monarca español, Felipe IV, le habían informado de las intenciones de los ingleses de atacar Cádiz, epicentro del comercio con América en la península. Carlos había mandado hacer leva general de marinería, preparar más de un centenar de naves, traer de Holanda más de 2.000 soldados veteranos que se unirían a los 8.000 soldados que estaban preparados en Inglaterra.

Carlos V toma Cateau-Cambrésis


El 3 de noviembre del año 1543 las fuerzas imperiales de Carlos V pusieron en fuga a los ejércitos franceses del rey Francisco I, que se hallaban acampados en Cateau-Cambrésis, dejando expedito el camino de las fuerzas del emperador hacia Cambrai.

Como respuesta a los ataques franceses de 1542, orquestados por Francisco I contra las posesiones de la Corona Española, tanto en la propia frontera de España como en el Milanesado y sobre todo en los Países Bajos, Carlos V emprendió en 1543 una enérgica política tanto diplomática como militar, para recuperar la iniciativa en el teatro europeo.

Completamente desengañado de la palabra y el honor del rey francés, el cual no tenía reparos en incumplir sus juramentos, como el realizado para obtener su liberación tras su captura en la batalla de Pavía, o sus pactos con el Turco, a pesar de declararse como "Rey Cristianísimo", Carlos comprendió que la única manera de tratar con el monarca galo era mediante la vía de las armas.

Socorro de Goes


Un 21 de octubre del año 1572 las tropas angloholandesas de Jerome de Tseraart, gobernador de Flesinga, se batían en retirada, tras tener que levantar el cerco de Goes, ante el empuje de los tercios españoles comandados por Cristóbal de Mondragón.

El duque de Alba, enviado en 1567 por el rey Felipe II para sofocar las revueltas protestantes, había logrado recuperar el control del sur de los Países Bajos, pero el norte era otra cosa. Lejos del control de la gobernadora, se habían multiplicado las ciudades en rebeldía. Esto era algo harto costoso de dominar, ya que habría que entrar en una guerra de expugnación de plazas muy costosa y sufrida, algo que España no se podía permitir. 

A finales de agosto de 1572, y en el marco de la Guerra de los 80 años, el gobernador calvinista de Flesinga, Jerome de Tseraart, levantaba un ejército para sitiar la plaza de Goes, bajo dominio español. Tseraarts ya había intentado arrebatarle la plaza a los españoles, pero había sido repelido brillantemente por los tercios encargados de su defensa. Ahora armaba una potente fuerza: 4.500 calvinistas flamencos y franceses, respaldados por más de 1.000 protestantes alemanes, bajo mando del propio Tseraart, y unos 2.000 ingleses comandados por Thomas Morgan y Humphrey Gilbert. A estas fuerzas había que añadirles la fuerza naval: más de 40 naos gruesas, mucha artillería y decenas de charrúas, todo ello dirigido por Peterson Worst, uno de los almirantes holandeses de los llamados Mendigos del mar.

Batalla de Lepanto


El 7 de octubre de 1571 se producía la batalla de Lepanto, que enfrentó en el golfo de Patras a las fuerzas navales del imperio otomano y a las de la Liga Santa, formada por España, Venecia, la Orden de Malta y el Papado, y que acabó con una rotunda victoria cristiana.

Con Selim II como sultán otomano, en septiembre de 1570 los turcos habían comenzado a asediar la ciudad de Famagusta, en el este de Chipre, tras haber tomado Nicosia y buena parte de la isla. Bajo el mando de Lala Mustafá y Pialí Bajá, más de 150.000 turcos tomaron, tras casi un año de asedio, la ciudad. El encargado de la defensa de Famagusta, Marco Antonio Bragadino, pronunciaría unas proféticas palabras: "Un día nuestra armada llegará y tu ejército y tu flota quedarán destruidos".

A la par que los turcos asediaban Chipre, Venecia, España y el Papado unían sus fuerzas para tratar de enviar un socorro. Los venecianos, con Girolamo Zanne al mando, enviaban 136 galeras, 11 galeazas y otros 14 buques diversos. El papa contribuía con 12 galeras bajo el mando de Marco Antonio Colonna, virrey de Sicilia. España, por su parte, mandaba a Juan Andrea Doria con 50 galeras. Pero las desavenencias entre los distintos generales y el mal estado de muchos de los buques venecianos, pusieron fin a la esperanza de enviar la ayuda necesaria para que Chipre no cayese.

La Naval de Manila


Un 6 de octubre del año 1646 se producía el quinto y último enfrentamiento entre los galeones de Manila españoles, buques mercantes que atravesaban el Pacífico entre Manila y Acapulco, y una poderosa flota de guerra holandesa que tenía órdenes de arrebatar filipinas a España.

En el marco de la Guerra de los 80 años, los holandeses trataban por todos los medios de ampliar sus rutas comerciales en Asia a costa de los españoles. Mediante la práctica del corso, que llevaban realizando en aquellas aguas desde los comienzos del siglo XVII, los protestantes se dedicaron fundamentalmente a asaltar los juncos chinos y japoneses que comerciaban con Filipinas, y a hostigar a la flota comercial española de las islas, conocida como el Galeón de Manila. Ésta realizaba el trayecto entre Filipinas y Nueva España entre una y dos veces al año, por la ruta descubierta por Andrés de Urdaneta en 1565.

En 1642 habían arrebatado el control de Formosa a los españoles, sumándola así a los puertos que ya tenían en Yakarta y por toda Indonesia. Para 1644 la situación se había vuelto insostenible en Filipinas: el comercio había caído bruscamente y no se recibían productos de América desde hacía 2 años. En este orden de cosas la moral de la guarnición era muy baja, y el estado de las defensas se deterioraba rápidamente ante la falta de materiales, dinero y hombres. Para colmo, la flota estaba en cuadro, contando tan solo con 3 galeones muy deteriorados, 1 galera y algunos pequeños bergantines.

Conquistadores: El regreso de Vicente Yáñez Pinzón


El 30 de septiembre del año 1500 regresaba al puerto de Palos Vicente Yáñez Pinzón. Lo hacía con tan solo 2 de las 4 carabelas con las que partió menos de un año antes, y tras haber descubierto las costas de Brasil y el río Amazonas.

Vicente Yáñez Pinzón era el menor de los famosos hermanos Pinzón. Nacido ente 1461 y 1462, provenía de una familia de gran tradición marinera, de las más influyentes de la región de Palos de la Frontera. Pocas cosas se saben de su infancia y Juventus salvo que su hermano mayor, Martín Alonso Pinzón, le instruyó en el arte de la navegación y en las prácticas corsarias en las costas berberiscas, demostrando grandes dotes marineras y de donde obtuvo provechosos conocimientos náuticos y militares.

Vicente no dudó en sumarse a su hermano Martín en el apoyo a la empresa de Cristóbal Colón. Ambos participaron activamente en el reclutamiento de la tripulación, así como en los preparativos de la expedición a las Indias. Al fin, el 3 de agosto de 1492 partieron, siendo Vicente el capitán de la carabela "Niña". En los momentos más difíciles de la expedición siempre se mantuvo del lado de Colón, ayudando a sofocar los motines y rescatándole cuando la "Santa María" naufragó.

Guerreros: Ambrosio Spínola


El 25 de septiembre de 1630 moría poniendo sitio a la villa de Casale, en la Guerra de Sucesión Mantua, dentro del marco de la Guerra de los 30 años, Ambrosio Spínola, uno de los más notables militares al servicio de España.

Ambrosio Spínola Doria vino al mundo en Génova en el año 1569. Descendiente de una rica familia genovesa, los Spínola, era el primogénito de Filippo Spínola, marqués de Sesto, y Policena Cossino. La familia había adquirido gran fortuna principalmente por sus negocios de asiento de galeras con la Corona Española y el comercio. Como hijo mayor fue educado para administrar las finanzas de la familia, algo de ingente trabajo debido a la gran fortuna que manejaba. Ambrosio pasó su infancia y juventud estudiando y leyendo, sobre todo acerca de estrategia militar, de la que era un gran apasionado, pero sus obligaciones eran lo primero.

Sus hermanos, en cambio, pronto entraron al servicio de los ejércitos de España, destacando Federico, un auténtico aventurero que desde pequeño mostró grandes dotes para luchar, sobre todo en Flandes. La familia Spínola tuvo disputas con la familia Doria, la otra gran familia genovesa. Estos pleitos llegaron a tal punto que tuvo que intervenir el propio monarca español para solventar las desavenencias entre ellas. Ambrosio manejaba bien los negocios familiares, pero éstos no parecían satisfacer su carácter, alimentado por sus lecturas de juventud. Ambrosio anhelaba ese espíritu de guerra y no desperdició la ocasión de ofrecer sus servicios y fortuna a España. Su hermano Federico apostaba firmemente por crear una escuadra de buques con los que intentar invadir nuevamente Inglaterra, pero la idea no cuajó en la corte de Felipe II, que aún se lamía las heridas por el fracaso casi una década antes de la Grande y Felicísima Armada.

Batalla de Zutphen



Un 22 de septiembre del año 1586 se producía la batalla de Zutphen, villa de los países bajos españoles a la que las tropas anglo-holandesas del conde de Leicester habían dado sitio, y de la cual saldrían derrotadas tras acudir un socorro bajo el mando de los maestres de campo Francisco Verdugo y Juan del Águila

En el marco de la Guerra de los Ochenta años, con Alejandro Farnesio como Gobernador de los Países Bajos, los protestantes holandeses se hallaban en una situación muy complicada, dada las constantes derrotas a las que les estaba sometiendo el duque de Parma. Maastricht, Tournai, Sichen, Eindhoven, Brujas, Gante o Amberes, son algunas de las vitorias que el italiano consiguió para la causa española. 

Las cosas pintaban mal no solo para los holandeses, sino para cualquier enemigo de la Corona de España, por lo que Isabel I de Inglaterra se decidió a enviar ayuda a los protestantes; 600.000 florines, 7.000 soldados y más de 500 de los más notables nobles ingleses bajo el mando de Robert Dudley, conde de Leicester, el cual sería nombrado gobernador y capitán general de los Estados de la Unión Protestante nada más pisar Holanda. Por descontado tal ayuda no sería gratuita. Si la reina Isabel enviaba esa fuerza comandada por su favorito y amante, era porque esperaba sacar tajada, y mucha, de aquel conflicto.

Asedio de Mons


El 19 de septiembre de 1572 se firmaban las capitulaciones de la rendición de Mons, ciudad tomada en mayo de ese año por los protestantes holandeses de Luis de Nassau, y que fue recuperada por los ejércitos del Duque de Alba, gobernador de los Países Bajos.

En el marco de la Guerra de los 80 años, los protestantes preparaban un nuevo golpe de mano empujados por las negociaciones que estaban llevando a cabo con los franceses y los ingleses. Éstos, tras la victoria de los españoles en Lepanto, temían que Felipe II quedase con las manos libres para extender su poder aún más en Europa, por lo que tenían un claro interés en avivar las llamas de las revueltas en los Países Bajos.

Con estas promesas de respaldo se lanzó Luis de Nassau a tomar Mons. Iba acompañado de Mos de Genlis y su ejército de 1.500 hugonotes franceses. Mediante diversas artimañas consiguieron meter una pequeña fuerza en la ciudad y abrir las puertas para que entrase después el resto del ejército. A los pocos días llegarían unos 2.000 soldados franceses más, y otros 2.500 hombres, entre infantes y jinetes, bajo el mando del conde de Montgomery, que irían a conquistar distintas plazas. Los saqueos de templos y abusos y asesinatos contra la población católica no se hicieron esperar.

Batalla naval de los Abrojos


El 12 septiembre de 1631, en las aguas de la costa de Pernambuco, la escuadra española de Antonio de Oquendo derrotó a una flota holandesa que estaba bajo el mando de Adrian Jansz Pater, tras más de 7 horas de duros combates.

En el marco de la Guerra de los 30 años, los holandeses habían tomado los puertos de Olinda y Pernambuco en febrero de 1630, como parte de su estrategia de debilitar a España atacando en sus provincias de ultramar. Pusieron en tierra 6.000 infantes que avanzaron hacia la villa de Arrecife, que fue incendiada por el gobernador, Matías de Alburquerque, quien, ante la imposibilidad de plantar cara al enemigo en campo abierto, dado lo exiguo de sus tropas, se dedicó a emboscarles y hostigarles hasta el punto de que los holandeses se vieron obligados a aprovisionarse por mar. En mayo de 1631 tomaba el mando aquellas plazas el almirante Adrian Jansz Pater, sustituyendo al almirante Lock, que regresaba con la mayor parte de su flota para Holanda.

El 5 de mayo de 1631, con 54 años y una vida llena de victorias en el mar, Antonio de Oquendo y Zandátegui, natural de San Sebastián y por aquel entonces almirante general de la Armada del Océano, cargo alcanzado por ilustres marinos como Juan de Lezcano, López de Legazpi, Juan de Austria o Álvaro de Bazán, zarpó desde Lisboa rumbo a las colonias brasileñas de Pernambuco y de Bahía de todos los Santos, capitaneando una flota que debía llevar tropas para poner fin a aquella invasión.

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