Batalla de Pavía

Paz con Argel


El 14 de junio de 1786 España firmaba la paz con Argel poniendo fin a un conflicto que duraba ya más de dos siglos y al que en numerosas ocasiones los españoles habían tratado sin éxito de poner fin. 

Desde los tiempos de Carlos I las costas españolas y sus posesiones en Italia se veían amenazadas por los corsarios argelinos. Ahora, con Carlos III en el trono, y tras el resurgimiento de la armada española, se preparaba el golpe definitivo contra la piratería de esas tierras. 

El primer intento se produjo en 1775, tras conseguir con éxito derrotar a las tropas del sultán de Marruecos en su asedio a Melilla, se organizó una flota para tomar Argel al mando del teniente general Pedro González de Castejón, compuesta por más de 30 buques, entre los que había 6 navíos y 12 fragatas. La expedición fracasó por la pésima elección del lugar de desembarco, por parte del general de las tropas terrestres, Alejandro O'Reilly, y su mala ejecución del asalto sobre Argel.

Defensa del Castillo del Morro


Un 6 de junio de 1762 una enorme escuadra inglesa compuesta por más de dos centenares de barcos al mando del almirante George Pocock llegaba a la Habana con el objetivo de arrebatársela a los españoles.

Dentro del marco de la Guerra de los 7 años, España, que de la mano del rey Carlos III había firmado un nuevo Pacto de Familia con Francia, se enfrentaba a los continuos ataques británicos en el Atlántico y el Caribe. Los ingleses tenían en mente apoderarse de la Habana y hacerse con el control de una de las joyas de la Corona Española. Para ello reunieron una potente flota que zarpó de Inglaterra en marzo. 23 navíos, 27 fragatas y otra veintena de buques menores acompañando a unos 150 barcos de transporte que llevaban más de 16.000 soldados.

Carlos III, sabedor de que los ingleses tenían los ojos puestos en Cuba, había nombrado en 1760 al mariscal Juan de Prado Malleza, capitán general y gobernador de la isla, y le había dotado de medios materiales y humanos para repeler cualquier posible ataque. Pero cuando las velas inglesas se divisaron en el horizonte de La Habana el 6 de junio de 1762, se pudo comprobar la trágica realidad: ni los muros ni los castillos se habían reforzado como era debido, ni se habían dispuesto la mayoría de cañones enviados por el monarca, ni se había colocado ni una sola de las piezas de artillería de tiro rasante. Tampoco se habían organizado, tal y como había ordenado el rey, las milicias locales.

Sitio de Breda


El 5 de junio del año 1625, Justino de Nassau rendía la ciudad de Breda a las tropas españolas del capitán general Ambrosio de Spínola, tras un asedio que se prolongó durante más de 10 meses. 

Tras la tregua de los 12 años, en 1621 se rompían de nuevo las hostilidades entre España y Holanda. Francia e Inglaterra se habían desentendido, al menos momentáneamente, del escenario de los Países Bajos, por lo que los españoles se prepararon a conciencia para hacer frente a la ofensiva en el sur que iban a plantear los holandeses, así que dispusieron tropas y recursos materiales por todos los territorios bajo su control para poder frenarles.

Se encontraba Felipe IV ya en el trono del reino y los españoles, con Ambrosio de Spínola como capitán general del ejército de Flandes, habían tomado la ciudad de Juliers, una plaza estratégica de vital importancia para las comunicaciones entre los rebeldes holandeses y sus aliados protestantes en los territorios alemanes. Ahora Spínola ponía sus ojos en la ciudad de Breda, que era el principal bastión rebelde de la región de Brabante.

La Contraarmada: La Defensa de Lisboa


Un 26 de mayo de 1589, y tras ser repelidos por los españoles en La Coruña, los ingleses desembarcaban en la ciudad portuguesa de Peniche con el objetivo de tomar Lisboa y usurpar el trono de Portugal al rey Felipe II, y poner en su lugar al Prior de Crato.

En el marco de la llamada "Contraarmada", por ser inmediatamente posterior al intento de invasión de Inglaterra por parte de la "Grande y Felicísima Armada", la flota de Drake partió desde Plymouth e intentó sin éxito tomar la ciudad costera de La Coruña, por lo que se dirigió hacia Lisboa, destino original del plan, al objeto de arrebatar el trono a Felipe II y colocar en su lugar a Antonio, Prior de Crato, que había firmado un pacto secreto con la reina Isabel por el que le entregaba numerosas plazas, así como 5 millones de ducados y un tributo anual a cambio de su ayuda.

Así las cosas, el 26 de mayo de 1589 la flota de Francis Drake llegaba a las costas de Peniche, al norte de Lisboa. Ahí comenzaron a desembarcar algo más de 10.000 soldados ingleses a las órdenes del coronel John Norreys. El plan inglés era sencillo: avanzar por tierra con la infantería mientras que la flota de Drake forzaría la boca del Tajo batiendo las defensas de la ciudad desde el agua. Además esperaban contar con la ayuda de parte de los habitantes de Lisboa, pues pensaban que el Prior contaba con adeptos entre los habitantes de la ciudad.

Batallas de Cagayán


En el año 1582, tras los constantes ataques de los piratas japoneses a los territorios españoles de Filipinas, una escuadra española, al mando del capitán Juan Pablo de Carrión, se enfrentaba con las fuerzas japonesas capitaneadas por Tay Fusa en la provincia de Cagayán, en la isla de Luzón, venciendo y poniendo fin a la amenaza pirata.

Ya en 1574, el pirata chino Li Ma Hong, había atacado Manila al frente de 3.000 soldados, siendo rechazado por las fuerzas defensoras españolas. Pero al comienzo de la década de los 80, piratas japoneses denominados "wako", empezaron a asaltar las poblaciones de la isla de Luzón, causando el pánico en los habitantes de la región, y estableciendo una base allí. Con numerosos barcos y multitud de artillería proporcionada por los portugueses, estos piratas resultan ser un enemigo terrible en una isla donde el socorro es prácticamente imposible.

Por aquel entonces era gobernador de las Filipinas Gonzalo de Ronquillo, quien escribió al rey pidiendo ayuda ante el cariz de los acontecimientos. Felipe II temía que la piratería japonesa pudiera cortar la ruta del Galeón de Manila, así que envió a Juan Pablo Carrión, veterano hombre de armas y experto expedicionario y marino que contaba en aquel momento con 70 años de edad.

Batalla de Pensacola


Tal día como hoy, en el año 1781, finalizaba la batalla de Pensacola, librada en la Florida de la actual Estados Unidos en el marco de la Guerra de Independencia norteamericana, y que enfrentó a las tropas españolas de Bernardo de Gálvez frente a las británicas de John Campbell, con el resultado de una importante victoria española.

Instalados en la Luisiana, tras habérsela cedido Francia a España por el Tratado de París, los españoles entraron en guerra con Gran Bretaña tomando partido por las 13 colonias americanas en su revuelta contra el imperio británico, tras firmar el Tratado de Aranjuez junto a Francia en junio de 1779.

Los ingleses, desde sus territorios en Florida, perdidos por España en la Guerra de los 7 años, invadieron Luisiana, por lo que el gobernador y general, Bernardo de Gálvez, movilizó un ejército con el que recuperar la iniciativa. Ésta llegó con la toma del Fuerte Charlotte, en la ciudad de Mobile, en marzo de 1780, y que constituía un importante puesto fronterizo y una amenaza considerable sobre la ciudad española de Nueva Orleans.

La Contraarmada: La Defensa de Coruña


El 4 de mayo de 1589 tropas inglesas y holandesas trataron sin éxito de hacerse con la ciudad de Coruña, brillantemente defendida por el poco ejército que el gobernador de la villa, Juan Pacheco, pudo reunir, destacándose María Mayor Fernández de la Cámara y Pita, más conocida como María Pita, y que acabaría siendo elevada a la categoría de heroína del pueblo.

Tras el fracaso de la "Grande y Felicísima Armada", enviada por Felipe II para tomar Inglaterra un año antes, la reina Isabel I decidió tratar de devolver el golpe a España, y mandó una flota de entre 150 y 200 buques, entre ellas unas 60 urcas holandesas, que transportaban un ejército de más de 25.000 hombres, entre tropa y marinería. El objetivo principal era destruir los buques que habían sobrevivido de la flota española, los cuales se encontraban en su mayoría reparándose en los puertos del Cantábrico. Además se pretendía tomar la ciudad de La Coruña, y desde allí, avanzar hacia el sur para tomar Lisboa y entronizar al Prior de Crato, rival que había sido vencido en la Batalla de Alcántara 9 años antes, perdiendo así el trono portugués en favor del monarca español.

Las aspiraciones de Crato significaban la ruina para Portugal, ya que había pactado en secreto con la reina inglesa una compensación de 5 millones de ducados, más un tributo anual y la cesión de numerosas plazas portuguesas. Además había autorizado el saqueo inglés de Lisboa durante 12 días, ya que la nobleza de esta ciudad se puso de parte de Felipe en su lucha por el trono.

Batalla de Bicoca


El 27 de abril del año 1522 tenía lugar en la villa de Bicoca, en el Milanesado, una batalla entre las fuerzas francesas y venecianas contra los ejércitos del emperador Carlos, dirigidos por Próspero Colonna, la cual terminó con una sonora victoria de las fuerzas imperiales.

En el marco de la Guerra de los Cuatro Años, que enfrentaba a la Francia de Francisco I y su aliada Venecia contra el Emperador Carlos V y los Estados Pontificios por el control del norte de Italia, se produjo la batalla de Bicocca, una contienda que dejaría huella incluso siglos después, recordando las tácticas que el famoso Gran Capitán había aplicado en los campos de batalla italianos dos décadas antes. 

Los franceses, apoyados por el Estado de Venecia, se habían lanzado en 1521 a la ocupación del Milanesado. Odet de Foiex, vizconde de Lautrec, había reunido un ejército de más de 40.000 soldados, entre los que se encontraban mercenarios suizos a las órdenes de Albert von Stein y las Bandas Negras del condottiero Giovanni de Medicis. Para evitar que los franceses tomasen Milán, las tropas imperiales, comandadas por el gran militar Próspero Colonna, oponían apenas 12.000 soldados, por lo que Colonna, al igual que Fernández de Córdoba antes, estudió el terreno y le sacó el máximo partido posible. Celebró consejo con el duque de Tratto, el duque de Termenes, el marqués de Pescara, el marqués de Civita Sant Angelo, el conde Golisiano, Antonio de Leyva, Georg von Frunsberg y Fernando de Alarcón, comisario general del ejército, resolviendo interceptar al ejército de Lautrec que había abandonado la idea de tomar Milán ante la obstinada defensa que habían planteado los españoles. 

Batalla de Mühlberg. La Campaña del Elba



El 24 de abril de 1547 las tropas imperiales, comandadas por el propio emperador Carlos V, obtenían una victoria aplastante en la localidad alemana de Mühlberg, sobre el ejército de la Liga de Esmalcalda, dirigido por Juan Federico I, Elector de Sajonia, y Felipe I, Landgrave de Hesse.

Creada en 1531, la Liga Esmalcalda agrupaba a los territorios de Sajonia, Hesse, El Palatinado, Brunswick, Bremen, Lübeck, Magdeburgo, Estrasburgo, Ulm y Constanza entre otros, extendiendo sus dominios desde el Báltico hasta Suiza, con el fin de apoyar la Reforma Luterana y debilitar el poder del emperador del Sacro Imperio, Carlos V. Lo que en un primer momento era una unión para tratar de mantener los privilegios de los príncipes protestantes, se acabó convirtiendo en una guerra sin declaración previa, más aún con las ayudas recibidas por los protestantes desde Francia primero, y más tarde desde Dinamarca.

Alentados por el titubeo y la tolerancia inicial del emperador, pronto empezaron las confiscaciones de tierras a la Iglesia Católica y la expulsión y persecución de católicos, ya que los protestantes no solo buscaban imponer su fe, sino apropiarse también del patrimonio de sus enemigos. Los príncipes católicos se unieron algo más tarde, en 1538, bajo la llamada Liga Católica o Santa Liga de Nuremberg. Reclamado por la Iglesia, Carlos V, como emperador, estaba obligado a defender al catolicismo de los constantes ataques en los territorios protestantes, por lo que se decidió a actuar acompañado por su hermano Fernando, archiduque de Austria y rey de Hungría y Bohemia, y de sus aliados en Baviera, territorio que permanecía fiel a la Iglesia Católica. 

Sitio de Orán y Mazalquivir


Un 3 de abril del año 1563 se producía el inicio del sitio de las pequeñas fortalezas españolas de Orán y Mazalquivir, por las fuerzas turcas de Hasán Bajá, hijo de Jeireddín Barbarroja, y gobernador de Argel, que acabaría con una incontestable victoria por parte de las tropas de Alfonso de Córdoba y Velasco, II conde de Alcaudete y gobernador de ambas villas, y su hermano Martín.

En 1551 Turgut Reis, almirante turco, arrebataba Trípoli a los Caballeros de la Orden de Malta. A esto le seguiría la caída de la crucial plaza de Bujía en 1555, dejando así las plazas de Orán y Mazalquivir como el único territorio cristiano en los mares de las costas berberiscas. Estas plazas constituían un serio problema para los intereses otomanos en la zona y sobre todo para Hasán Bajá, gobernador de Argelia.

La plaza de Mazalquivir, tomada en 1505 por Diego Fernández de Córdoba, quien en 1509, y junto al cardenal Cisneros tomaría Orán, había sido convertida en presidio por el propio Córdoba, gobernador de las mismas, desde su captura hasta el comienzo del siglo XVI. Estas villas servían de puertos seguros para los españoles desde donde operar contra la expansión otomana por el Mediterráneo occidental. Ante esta amenaza en 1562 Hasán solicitó ayuda al sultán otomano Solimán, y consiguió reunir un poderoso ejército de aproximadamente 100.000 hombres, así como una treintena de galeras, casi dos decenas de galeotas y diversos buques menores, algunos de ellos facilitados por Francia.

Bloqueo de Cádiz (1797-1799)


El 2 de abril de 1797 los británicos completaban el bloqueo del puerto de Cádiz, el cual duraría más de 2 años, y que terminaría con una incontestable victoria española dirigida brillantemente por el almirante José de Mazarredo.

Tras vencer a la escuadra española del almirante Córdoba, en febrero de 1797, frente al cabo de San Vicente, la escuadra británica comandada por el almirante John Jervis, conde de Saint Vincent, se dirigió a Cádiz para tratar de tomarla al asalto. Para ello Jervis contaba con nada menos que 23 navíos, varios de ellos de 3 puentes, 5 fragatas, diversas bombarderas y multitud de otros buques menores, con los que consiguió bloquear en un primer momento la bahía de Cádiz, apresando varios mercantes que no pudieron ser avisados a tiempo de la llegada del enemigo.

A comienzos de abril, ante la gravedad de los acontecimientos, el teniente general José de Córdoba y Ramos fue destituido, y José de Mazarredo Salazar, general de la armada, fue puesto al frente de las fuerzas encargadas de la defensa de la ciudad. Éste se acompañó de marinos muy dotados y expertos, como Cosme Damián Churruca, Federico Carlos Gravina o Antonio de Escaño, e ideó una defensa mediante el uso combinado de lanchas cañoneras, pequeños botes artillados con cañones de 24 libras principalmente, capaces de causar graves daños ofreciendo un blanco muy pequeño, y el refuerzo de las baterías de costa.

Batalla naval de Tolon


Un 9 de marzo del año 1744 llegaba al puerto de Cartagena la escuadra española comandada por Juan José Navarro, Marqués de la Victoria y Capitán General de la Real Armada Española, tras haberse enfrentado en desproporcionado combate con las fuerzas navales inglesas en las costas de Tolón, Francia.

En el marco de la Guerra del Asiento, que enfrentaba a Inglaterra y España por el incidente de la oreja de Jenkins, pirata británico al que el capitán León Fandiño cortó la oreja por contrabando en aguas españolas, los españoles también estaban en guerra en el Imperio Austríaco, por la sucesión al trono de éste, en lo que se convirtió en una guerra entre las potencias europeas que duró 8 años.

España y Francia, que en dicha contienda estaban del lado del Electorado de Baviera y Emperador del Sacro Imperio, Carlos VII, desplazaron 50.000 efectivos, además de provisiones y artillería, tanto por tierra como por mar, hasta la ciudad de Tolón, punto de reunión y desde donde partirían rumbo al norte de Italia.

Conquistadores: Orellana cruza el Amazonas


Un 12 de febrero de 1542, Francisco de Orellana llegaba a las aguas del río Amazonas, tras partir un año antes desde Quito, y se convertía en el primer europeo en navegarlas.

Francisco de Orellana, natural de Trujillo, nació en 1511 y con tan solo 16 años se aventuró a partir hacia América donde, tras un periodo en Nicaragua, sirvió a las órdenes de Francisco Pizarro en Perú, llegando a perder un ojo en un combate. En 1538 fue enviado a la costa ecuatoriana como gobernador de la provincia de Culata, pacificándola y fundando la ciudad de Guayaquil.

A su vez, tras la toma del reino de Quito a manos de Sebastián de Benalcázar, corrió como la pólvora la noticia de unas tierras en las que un rey indígena se cubría el cuerpo con oro, en una ofrenda a los dioses, y se bañaba en las aguas de un río que daba a una laguna, la cual, se suponía, estaría plagada de tal preciado metal, y donde además abundaban los árboles de la canela, especia muy apreciada por los europeos.

Conquistadores: Cabeza de Vaca descubre las cataratas del Iguazú

Un 31 de enero del año 1542, el explorador español Álvar Núñez Cabeza de Vaca se convertía en el primer europeo en contemplar las cataratas del Iguazú.
Nacido en el seno de una familia hidalga en Jerez de los Caballeros, a finales del siglo XV, pronto se alistaría en el ejército; primero combatiendo en la Liga Santa y después en las tropas de Carlos I durante las Guerras de los Comuneros.
En 1527 partió hacia América bajo las órdenes de Pánfilo de Narváez, en una expedición que tenía la misión de encontrar la Fuente de la eterna juventud y la conquista de Florida. Tras un penoso viaje lleno de contratiempos, con parada en Cuba y Santo Domingo, los cinco navíos con 600 hombres a bordo, lograron llegar a la bahía de Tampa casi un año después de su partida desde San Lucar de Barrameda.
Desde ahí iniciaron un viaje que les llevó por toda la costa del sur norteamericano. Narváez mandó a la flota buscar un puerto seguro en dirección oeste, mientras que él y sus hombres, entre los que se encontraba Cabeza de Vaca, seguirían a pie. Esa travesía fue calamitosa y llena de peligros; se enfrentaron a tribus indígenas locales muy agresivas, como los Apalaches, y a una climatología terrible y caracterizada por fuertes huracanes.
Sin poder dar con su flota, continuaron hacia el oeste en canoas para evitar los peligros del interior, encontrando las desembocaduras del río Alabama y más tarde del Mississippi. Fue aquí donde, tras una terrible tormenta, la mayoría de la expedición, incluyendo a Pánfilo de Narváez, murió ahogada. Solo unos pocos hombres sobrevivieron al infortunio, entre ellos Cabeza de Vaca, quienes lograron llegar a la isla de Galveston a finales de 1528.
A partir de ese momento comenzó una aventura que duraría 9 años, de los cuales 6 los pasaron formando parte de una tribu local que los había hecho prisioneros. Primero como esclavos y más tarde desempeñándose como médicos, ya que los indígenas les atribuyeron cualidades mágicas de chamán, lograron sobrevivir y ser puestos en libertad más tarde.
Posteriormente se lanzaron a un viaje a través del sur de Texas, tras cruzar el río Colorado, y tras pasar el río Grande llegaron al suroeste de lo que hoy es Estados Unidos y el norte de México. Allí convivieron con tribus indias como los Apaches, los Hoppis o los Yumas, que les enseñarían las rutas para llegar al río Sinaloa y a la zona de Culiacán, donde se encontrarían con un grupo de exploradores españoles a las órdenes de un tal capitán Álvarez, que les llevaría hasta Ciudad de México.
Regresó a España en 1537 y fue nombrado Segundo Adelantado del Río de la Plata y capitán general y gobernador de dicho territorio, partiendo en 1540 rumbo a las Américas con 3 navíos y unos 400 hombres. A comienzos de 1541 llegó a la isla de Santa Catarina, en Brasil, y desde allí partió hacia Asunción en un largo viaje en el que consiguió atravesar la selva paranaense gracias a la ayuda de los indios guaraníes.
El 31 de enero de 1542, avistó unas impresionantes cataratas a las que bautizó con el nombre de "Saltos de Santa María" 
describiéndolas de tal forma: «el río da un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más».
Ya en Asunción ocuparía el cargo de gobernador el 11 de marzo de ese mismo año. Pronto entró en conflicto con Martínez de Irala y sus hombres, que en su afán de descubrir los tesoros que escondían esos territorios, vulneraban las Leyes de Indias. Cabeza de Vaca, profundo conocedor y firme defensor de las tribus indígenas, se enfrentó abiertamente a tal abuso, lo que le supuso la sublevación y ser enviado de vuelta a España.
Sus últimos años de vida se desconocen con exactitud. Algunos historiadores sitúan su muerte en Sevilla, en 1559, mientras otros afirman que murió en Valladolid tras haber tomado los hábitos. Hoy en día la lápida de Cabeza de Vaca se conserva en el convento de Santa Isabel, en Valladolid.
Escribió un libro autobiográfico llamado “Naufragios y comentarios”, en el que describió su periplo a lo largo de su viaje por el sur de Norteamérica. También se recoge una precisa descripción de las tribus indígenas con las que convivió, lo que se considera el primer trabajo etnográfico de la región. Fue publicado en 1542 en Zamora y se amplió en 1555 en Valladolid, con las aventuras de su viaje hacia el Río de la Plata.






Batalla de Rocroi


El 19 de mayo de 1643, tras más de 5 horas de despiadada batalla, el ejército hispánico, bajo el mando de Francisco de Melo, capitán general de los tercios en Flandes, caía derrotado en Rocroi ante las tropas francesas del Duque de Enghien.  

Tras heredar Felipe IV el trono, el Imperio Español, aunque en una situación de clara decadencia, seguía extendiéndose por todo el planeta y aún mantenía la hegemonía mundial. A pesar de ello, ya no era la potencia que era en siglo XVI, y sus enemigos habían crecido en número y beligerancia. En esta situación, dentro del marco de la Guerra de los 30 años, Francia intervino en la guerra en 1635, alarmada por la derrota de los suecos y la hegemonía de los Habsburgo en Europa. De esta forma el Cardenal-Infante enviaría a los tercios desde los Países Bajos y Felipe IV haría lo propio penetrando en Francia por el sur.

En el verano de 1636 el Cardenal-Infante lanzó sus fuerzas contra el norte de Francia, tomando Le Bec de la Chapelle, Saint Leger y Corbie, tomando los puentes sobre el río Somme, quedando expedito el camino a París. La caballería española llegó a los arrabales de la capital francesa provocando el caos y el miedo entre la población y la corte, y evacuándola casi por completo. Pero no pudieron las fuerzas del sagaz Cardenal-Infante explotar su éxito y tomar París, pues Felipe IV nunca llegó a invadir el sur francés. El proyecto se abandonó y Francia respiró aliviada, incapaz de derrotar el poder hasta que, en 1640, y aprovechando las revoluciones surgidas en Portugal y Cataluña, que tanto la propia Francia como Inglaterra, aspirantes al trono mundial, habían alimentado convenientemente, se lanzó a la carga.

Para tratar de aliviar la presión en estas zonas y en el Franco Condado, España decidió invadir la región francesa de Champaña. Francisco de Melo, de origen portugués y que en 1641 había sido nombrado gobernador de los Países Bajos y capitán general del Ejército de Flandes, derrotó ampliamente a un potente ejército francés en Honnecourt, el 26 de mayo de 1642, y siguió avanzando por el norte francés, penetrando en la región de Las Ardenas. Para la campaña de 1643 Melo se puso en marcha con algo más de 20.000 soldados y cerca de una treintena de cañones. El principal objetivo era aliviar la presión francesa sobre Cataluña y golpear la región de Champaña, por lo que el capitán general puso sitio a la ciudad francesa de Rocroi el 12 de mayo.

Soneto de Gutierre de Cetina al Tercio de Castelnuovo

"Héroes gloriosos, pues el cielo
os dio más parte que os negó la tierra,
bien es que por trofeo de tanta guerra
se muestren vuestros huesos por el suelo.

Si justo es desear, si honesto celo
en valeroso corazón se encierra,
ya me parece ver, o que sea tierra
por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo,

No por vengaros, no, que no dejastes
a los vivos gozar de tanta gloria,
que envuelta en vuestra sangre la llevastes;

sino para probar que la memoria
de la dichosa muerte que alcanzastes,
se debe envidiar más que la victoria."

"A los huesos de los españoles muertos en Castelnuovo", de Gutierre de Cetina; poeta español nacido en Sevilla en 1520 y soldado de los tercios a las órdenes de Carlos I. Murió en 1557 tras ser herido en una disputa amorosa en Puebla de los ángeles, Nueva España.


Carta de Carlos V a Francisco Sarmiento

"Primeramente el dicho maestre de campo ha de hordenar y procurar, que el amistad y buena hermandad, que agora se tiene con los súbditos de la Señoría de Venecia se conserve y aumente. Otrora se ha de procurar buena amistad con los pueblos y gente principal de los cristianos moriacos dando a entender a todos la potencia y benignidad de S.M. y de la Santa Liga... Y en caso que se tenga aviso cierto, si cerca deste lugar hay alguna banda de turcos, y pareciendo que se les puede dar alguna buena mano o encamiçada, y hacer buena presa de ellos ó de sus haciendas y ganados, podrá permitir el dicho maestre de campo que para tal caso puedan salir hasta myl hombres."

Carta del Emperador Carlos V al maestre de campo Francisco de Sarmiento, a cargo del tercio de Castelnuovo.

"Estudios Históricos; 1515-1555" (Francisco de Laiglesia).



Defensa de Castelnuovo


El 7 de agosto del año 1539, se producía la toma de la fortaleza de Castelnuovo por la fuerzas otomanas, tras la heroica resistencia de los españoles que la defendieron durante varias semanas.

Tras conseguir parar el avance turco sobre Austria en Viena en 1529, y las conquistas de la Jornada de Túnez, Barbarroja fue puesto al frente de la nueva flota de Solimán que debía asolar las tierras bañadas por el mar Jónico y por el Egeo. Tanto Venecia como el papa estaban claramente alarmados, y emprendieron una campaña diplomática para crear la Liga Santa, que acabó compuesta por el Papado, Venecia, España, la Orden de Malta y el archiducado de Austria. Esta liga se lanzó a acabar con el dominio otomano en el Mediterráneo, combatiendo contra Barbarroja en el golfo de Arta, pero las diferencias entre sus miembros precipitaron su disolución tras la derrota sufrida a manos otomanas. Como resultado de estos, Barbarroja pudo escapar y los españoles se quedaron solos junto a los venecianos en la toma de Castelnuovo, fortaleza clave en la costa dálmata de Montenegro.

Para la toma de esta fortaleza se había constituido por parte de los españoles un fuerte contingente bajo el mando de Sancho de Alarcón, y compuesto por diversas compañías sacadas de los presidios de Puglia, y cuyo número se acercaba a los 3.000 hombres. Tras la toma de la fortaleza por los españoles, el emperador Carlos V, a la sazón rey de España, decidió que Castelnuovo quedase bajo su mando, por lo que Venecia, que reclamaba su propiedad, interrumpió su apoyo y se retiró. Las compañías que habían tomado Castelnuovo regresaron a sus lugares de origen mientras que el maestre de campo Alarcón se le puso al frente del nuevo tercio de Nápoles que se había de levantar tras la disolución del antiguo por corrupción, junto a los de Sicilia y Lombardía.

Toma de Amberes


Un 17 de agosto del año 1585, se producía la toma de Amberes por parte de las tropas españolas comandadas por Alejandro Farnesio, duque de Parma, tras más de un año de asedio.

En el marco de la Guerra de Flandes, Alejandro Farnesio, capitán general del ejército español en Flandes, tras la toma de ciudades rebeldes como Alost, Maastrich, Ypres o Brujas, y unir a las provincias católicas con la Unión de Arras, se lanzó a la conquista de Amberes, la mayor ciudad flamenca y principal bastión de la rebelión.

Con 100.000 hombres y aún conservando buena parte de su poderío económico, la posición defensiva de Amberes era inmejorable. El este de la cuidad era dominado por el imponente río Escalda, mientras que la parte que daba a la región de Brabante, estaba defendida por una enorme muralla con 10 poderosos baluartes, todo ello protegido a su vez por un foso inundado. Una ciudad considerada inexpugnable.

Tras la toma de varias villas próximas a Amberes, donde murió el maestre de campo del Tercio de Sicilia, Pedro de Paz, siendo sustituido por Juan del Águila, soldado que gracias a su destreza y valor llegaría desde lo más bajo a mandar un Tercio Viejo, Farnesio no perdió el tiempo y con un ejército de 10.000 soldados y algo más de 1.500 jinetes, puso en marcha su plan; la construcción de un gigantesco puente que le diera acceso a través del Escalda.

Guerreros: Juan de Urbieta


Un 22 de agosto del año 1553, moría en Hernani Juan de Urbieta Berastegui y Lezo, soldado de los tercios españoles que alcanzó gran fama tras capturar, junto a 2 compañeros de armas, al rey francés Francisco I en la batalla de Pavía.

Natural de Hernani, su destino parecía estar ya marcado por el contexto en el que nació, ya que su llegada a este mundo se produjo cuando los Reyes Católicos acababan de dar las primeras Ordenanzas Municipales con las que, a partir de entonces, debía regirse su villa natal. La entrada del ejército francés en Guipúzcoa para apoyar a Navarra contra las tropas de Fernando el Católico, provocó enfrentamientos que, en el caso de Hernani, supusieron un incendio que destruyó el lugar echando por tierra todos los planes previstos para su desarrollo económico, social y político.

Tras servir como criado en la Casa de los Artola, durante su estancia en San Sebastián consideró que la mejor forma de defender a su patria era comenzar con la carrera militar. Llegó a Italia como arcabucero, combatiendo en Bicoca y posteriormente en Pavía, donde las tropas francesas sufrieron un durísimo golpe y vieron, al menos durante un tiempo, imposibles sus pretensiones sobre Italia.
Es en Pavía, al sur de Lombardía, donde Juan de Urbieta adquiriría la merecida fama.

Batalla de Fleurus



Un 29 de agosto del año 1622, el Ejército hispánico del Palatinado de Fernández de Córdoba, derrotaba a las fuerzas protestantes de Mansfeld y Cristian de Brunswick en Fleurus, en la provincia del Henao, tras interceptarlas en su camino a la ciudad de Bergen-op-Zoom para levantar el asedio al que Ambrosio de Spínola la tenía sometida. 

En el marco de la Guerra de los 30 años, mientras el Ejército de Flandes de Spínola estaba ocupado en el sitio de Bergen-op-Zoom, una ciudad en el estuario del Escalda, los holandeses contrataron los servicios de Ernesto de Mansfeld, noble alemán mercenario al servicio del mejor postor, y Cristian de Brunswick, líder militar protestante alemán, para poder romper el asedio. Mansfeld y Brunswick habían combatido en la Guerra del Palatinado como paladines de la causa de Federico el Palatino, que se hallaba en plena contienda con el emperador Fernando II por haber sustraído el primero el trono de Bohemia.

Las fuerzas hispánicas corrían entonces el peligro de quedar atrapadas, ya que los protestantes cortaban el paso hacia Amberes. Ante esta situación, Spínola mandó llamar a Fernández de Córdoba, descendiente directo del Gran Capitán, y maestre de campo general de las fuerzas hispáncas en el Palatinado. Fernández de Córdoba marchó a toda prisa para socorrer al ejército de Ambrosio Spínola. Atravesando Luxemburgo y las Ardenas, se topó con las fuerzas de Mansfeld y Brunswick en Brabante. La diferencia de número entre ambos ejércitos, hizo que Córdoba se pusiera a la defensiva, apostando su ejército en el bosque de Fleurus, para poder proteger sus flancos del ataque de la caballería protestante.

Las Campañas de Spínola en Flandes: El Sitio de Ostende


Pocas veces el concepto de asedio se puede definir tan bien como en Ostende. Un asedio que duraría más de tres años y que acabaría con la victoria de las fuerzas hispanas conducidas en su etapa final, y de forma brillante, por un general genovés cuya estrella comenzaba a brillar con fuerza, Ambrosio Spínola.

Más de treinta años habían transcurrido ya desde el comienzo de la guerra entre España y las Provincias Unidas. Los Países Bajos estaban regidos desde 1598 por el matrimonio compuesto por el archiduque Alberto de Austria y la infanta de España Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II. Ambas naciones estaban económica y humanamente agotadas. A comienzos del nuevo siglo Holanda parecía estar ganando terreno; su victoria en la Primera Batalla de las Dunas, el 2 de julio de 1600, fue una inyección de moral, pues había derrotado a un ejército hispánico en campo abierto. 

Si bien esta victoria era muy importante desde el punto de vista de la propaganda, Mauricio de Nassau no pudo explotarla convenientemente ya que sus líneas de abastecimiento se habían extendido demasiado y corría el peligro de quedar expuesto a un ataque de las fuerzas hispanas. De este modo, Mauricio juzgó prudente retirarse tras no conseguir que las tropas flamencas que defendían la ciudad de Nieuwpoort se sublevasen contra los españoles. De esta forma no solo la ciudad, sino el puerto de Dunkerque, que era la gran ambición de Mauricio, estaban a salvo momentáneamente. La campaña de 1600 había llegado a su fin de manera precipitada y esto daba un respiro al archiduque y a la infanta para poder recuperar la iniciativa y pasar a la acción. 

La Inquisición

Todos hemos oído que la Inquisición nació para reprimir a los herejes; cierto, y esa es la imagen que la inmensa mayoría tiene de ella. Pero también se creó para evitar linchamientos y atropellos indiscriminados. Sin duda esta es la parte menos conocida; y más ocultada.

En la época medieval, la simple disputa entre vecinos podía acabar en el asesinato, con la excusa de ser un hereje. Por lo tanto, su propósito era reglamentar el delito de herejía, a modo de tribunal, evitando que la gente se tomara la justicia por su mano. Y en esto conviene aclarar que se refería a los herejes, es decir, todo aquel bautizado que rechaza algún dogma sagrado. Ergo no tenía jurisdicción sobre moros o judíos.

Primero surge en el sur de Francia a finales del siglo XII, en la zona de Languedoc. El Papa Lucio III decreta la bula "Ad abolendam", como medio para acabar con la herejía Cátara. Más tarde, se instaura en Aragón, en el 1249, y llegará a Castilla tras la unión de ambas con los Reyes Católicos. La española ha sido la Inquisición más duramente castigada por el mito de la Leyenda Negra, propagada por los enemigos de España, fundamentalmente a partir del siglo XVI.

Como se ha explicado, uno de los fines de la Inquisición, era poner fin a los abusos que se cometían por los tribunales civiles o por los propios hombres. Los primeros tribunales de la Inquisición (administrada a nivel local y de reinos por obispos), de hecho, eran bastante laxos en cuanto a herejía se trataba. Paulo Hungarus, Inquisidor Mayor en Hungría, defendió a los chamanes paganos húngaros, asegurando que éstos, al adorar al sol, adoraban al ente supremo que era el mismo Dios, por lo que no hallaba razón para condenarlos.

No será hasta 1231 cuando Gregorio IX, mediante la bula "Excommunicamus", cuando se cree la Inquisición Papal, administrada principalmente por los dominicos, bajo la ulterior autoridad papal. En 1252, la bula "Ax Extirpanda", del Papa Inocencio IV, sienta las bases del procedimiento, para el cual se autoriza la tortura, solo en casos extremos y prohibiendo la mutilación y las heridas graves, y siempre bajo la presencia de un médico. La inmensa mayoría de los procesos no llegaban nunca a tal extremo, y la abjuración conllevaba la conmutación de la pena por cárcel, multa, destierro o incluso arresto domiciliario, como en el caso de Galileo.

Aunque desde 1249 la Inquisición existía en Aragón, como ya se ha indicado, tardaría casi 250 años en implantarse en Castilla, dando origen a la Inquisición española, sin duda la peor parada, y la que tanto nos gusta a los españoles sacar a relucir en cualquier conversación sobre religión. Ésta se crea mediante la bula emitida por Sixto IV, en 1483, dependiendo directamente de los propios Reyes Católicos. Su primer Inquisidor General sería Tomás de , uno de los más damnificados por la Leyenda Negra.

La inquisición era una institución tremendamente cuidadosa y organizada, por lo que las causas de herejía están muy detalladas en sus registros. Los resultados de la revisión, según la "Suprema", conservada en el Archivo Histórico Nacional, donde todos los tribunales locales remitían las actas anualmente, arrojan bastante luz a la cuestión del número de víctimas de la Inquisición en España. Desde sus orígenes hasta 1560, cuando apenas se conserva documentación, las recientes investigaciones admiten un número de condenas a muerte que oscila entre los 1.400 y los 7.500. De las 49.092 causas abiertas por la Inquisición entre el año 1560 y el 1700, dan una cifra de entre 930 y 980 condenados a muerte. En esas condenas por herejía, se contemplaban también crímenes como la violación o la piratería.

Otro de los grandes mitos son las matanzas orquestadas por la Inquisición contra los protestantes. Bien, el número de protestantes condenados por la Inquisición española entre 1520 y 1820 asciende a 220, de los cuales solo 12 fueron quemados. Autores como Gustav Henningsen, Jaime Contreras o Ricardo García Cárcel, entre otros estudiosos de la "Suprema", sostienen estas cifras.

Estas cifras resultan ridículas si las comparamos con las muertes que dejó la reforma anglicana, por ejemplo. Según la catedrática de historia moderna de la Universidad de Navarra, Rocío García Bourrellier, en Irlanda existían más de 2.000 monjes católicos antes del anglicanismo; solo 2 sobrevivieron a la represión de Enrique VIII. Durante el reinado de Isabel I, se ejecutaba a alrededor de 800 católicos al año. Y tuvo un reinado muy dilatado.

Además la Inquisición fue el primer tribunal del mundo que prohibió la tortura, cien años antes de que esto se prohibiese en otros tribunales. Muchos reos blasfemaban con el propósito de ser trasladados a cárceles inquisitoriales, más benignas que las prisiones comunes civiles.

Otro de las grandes leyendas dentro del mito en sí es la quema de brujas. La tan cacareada expresión de "Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar", no es más que otro mito de la Leyenda Negra. Hubo persecuciones de brujas por parte de católicos en el siglo XV y XVI, pero las grandes cifras vienen de lado protestante después de la Reforma. Las caza de brujas en territorios alemanes, donde Lutero defendió vivamente su persecución, dejó un saldo de muertes que se cifran entre las 8.500 y las 15.000. En el distrito de Osnsbrück, por ejemplo, fueron quemadas 121 en tres meses en 1583. En Wolfenbutten quemaron a 10 en un solo día en 1593.También hubo una brutal persecución en la Inglaterra anglicana y en sus colonias.

En España, la Inquisición nunca se tomó en serio a la brujería como delito. Lo atribuían a ignorancia o falta de juicio. El obispo de Ávila, Alfonso de Madrigal, afirmaba en 1436 que los aquelarres eran fantasías producto de drogas. El dominico Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, afirma que "nadie puede creer que una mujer pueda salir de una casa por una grieta, por un agujero de la pared o por una chimenea, porque con lo "luengo, ancho o rondo" de los cuerpos, no pueden pasar. Así concluye que creer en todo eso "no viene sino por falta de juicio". El Inquisidor General, Fernando de Valdés, en 1554 va aún más lejos: está convencido de que los casos de brujería "son simples imposturas, ya que es posible hacer confesar cualquier cosa a las brujas; en la mayoría de los casos, lo que hay que hacer es enviarlas a casa".

Según el hispanista francés, Jospeh Pérez, gran experto en la materia de la Inquisición Española, la Monarquía Hispánica constituye "un caso absolutamente único en toda Europa" pues frente a la "locura brujeril imperante", el Consejo de la Suprema y General Inquisición se convirtió en un "bastión de sensatez, prudencia y racionalidad" y no permitió "que se quemara una sola bruja" en las nueve "complicidades de brujas" en las que intervino entre 1526 y 1596. De hecho, de los archivos se desprende que hubo menos de 50 condenas a muerte en toda la historia de la Inquisición Española.

Hoy en día, los datos proporcionados por la inmensa mayoría de los historiadores modernos, no ofrecen la menor duda sobre la exageración desproporcionada de las atrocidades practicadas por la Inquisición, y más concretamente por la española. Sin embargo no parece que entre la gente común la leyenda negra de la Inquisición (sobre todo la española) haya desaparecido. Aún a día de hoy, muchísima gente cree que Galileo fue torturado y quemado en la hoguera. Incluso la mayoría atribuye a la Inquisición española la muerte en la hoguera de Miguel Servet, cuando precisamente murió a manos de los calvinistas.










Guerreros: Álvaro de Bazán y Guzmán


El 12 de diciembre del año 1526, nacía en Granada Álvaro de Bazán y Guzmán, Capitán General de la Mar Oceana, y uno de los marinos más importantes y brillantes de la historia de España. De ascendencia navarra, el linaje Bazán estuvo siempre ligado a La Corona de Castilla. Su abuelo llegó a ser capitán general en la guerra de Granada. Su padre derrotó a los franceses en Galicia, en la batalla naval de Muros, también como Capitán General de la Mar Oceana, y en la que llegó a participar su hijo Álvaro.

A los 3 años, Álvaro de Bazán fue nombrado caballero de la Orden de Santiago, y con 8 fue nombrado, por Carlos I, Alcaide del Castillo de Gibraltar mediante una Real Cédula expedida por el rey y que rezaba: “Acatando vuestra suficiencia y habilidad y los muchos y leales servicios que el dicho vuestro padre nos ha hecho y esperamos que vos nos haréis”.

En 1546, ya como un consolidado marino, fue puesto al mando de la flota que daba escolta en las costas del suroeste de España a los buques que llegaban de América. Esto le permitió mostrarse como un brillante táctico en sus enfrentamientos con piratas y corsarios, principalmente ingleses y franceses, aunque también otomanos. Tras su matrimonio con Juana de Zúñiga, fue nombrado capitán de la armada con tan solo 28 años, sirviendo en numerosas acciones en las que siempre acababa saliendo victorioso.

Isabel La Católica

Hija de Juan II de Castilla e Isabel de Avis, dinastía portuguesa, nació en Madrigal de las Altas Torres, una villa de Ávila, en 1451. A los 3 años se le comprometió con Fernando (conocido después como el Católico), hijo de Juan II de Aragón, pero posteriormente el rey Enrique IV, quiso desposarla con otros pretendientes y 10 años más tarde se trasladará a la Corte en Segovia junto a su hermano Alfonso.

Por aquel entonces, el Rey Enrique IV había tenido una hija, Juana de Castilla, más conocida como Juana la Beltraneja, con la heredera portuguesa, Juana. Muchos nobles se opusieron a aceptarla como heredera dadas las sospechas de que era hija ilegítima del Duque de Alburquerque, Beltrán de la Cueva, y propusieron a Alfonso como heredero al trono.

Sin embargo éste murió en 1468, por lo que los nobles opositores a Enrique IV, la designaron a ella para ocupara al trono. Isabel no accedió a ello, por respeto al rey, que era además su hermanastro, pero consiguió ser proclamada Princesa de Asturias el 19 de septiembre de ese mismo año, en la ceremonia de los Toros de Guisando, y por tanto, optar al trono a la muerte de Enrique IV.

El rey, que veía en Isabel una rival formidable, siguió tratando de casarla con candidatos que le dejasen a su hija Juana libertad para finalmente acceder a la Corona de Castilla, pero Isabel se siguió negando y negoció en secreto con Juan II de Aragón, su matrimonio con Fernando, su hijo, a pesar del impedimento legal por ser primos segundos. Las capitulaciones matrimoniales se firmaron en Cervera el 5 de marzo de 1469, tras falsificar una bula papal de Pío II. Finalmente, el 19 de octubre contrajeron matrimonio en Valladolid, y 2 años después, obtuvieron la dispensa papal de la mano de Sixto IV.

El 13 de diciembre de 1474, 2 días después de la muerte de su hermanastro Enrique IV, fue proclamada reina de Castilla, en cumplimento del acuerdo de los Toros de Guisando. Pocas semanas después estalló la Guerra de Sucesión Castellana, donde Isabel y sus partidarios castellanos, apoyados por la Corona de Aragón, se enfrentaron a los partidarios de Juana, respaldados por Portugal y Francia. Rápidamente Isabel se impuso en Castilla, desplazándose el conflicto a Portugal, que se resolvió finalmente con la firma del Tratado de Alcaçovas, reconociendo a Isabel y Fernando como reyes castellanos.

Isabel fue una reina enérgica y decidida, siempre presente en el campo de batalla y allá donde se le necesitase. Prueba de ello fueron su presencia en todas las batallas libradas, siempre acompañada de sus hijos en la retaguardia, prestando cuantos servicios necesitasen sus tropas. En la rendición de Baza, Isabel jugó un papel clave; su presencia en el frente, acompañada de su hija Isabel, y su arenga a las tropas, levantaron la moral de éstas y acabaron por minar el ánimo de los sitiados, que presentaron su rendición solo ante la propia reina.

Otra prueba de su valor fue el comportamiento durante la revuelta segoviana que amenazaba con tomar el Alcázar, donde se encontraba su primogénita, debido a que ésta estaba al cuidado de un matrimonio de origen judío. Isabel, que se encontraba a más de 50 kilómetros de allí, partió rápidamente acompañada de apenas 3 guardias y cuando llegó el Alcázar, se dirigió personalmente a la multitud y escuchó una a una las peticiones de la gente. Los segovianos le juraron fidelidad a pesar de seguir confiando la educación de su hija al mismo matrimonio.

A Isabel de Castilla le debemos la creación de los hospitales de campaña. Su presencia permanente en el campo de batalla, le llevó a acompañarse de multitud de médicos y cuidadores para atender a los heridos, creando instalaciones especialmente dedicadas a ese fin en la retaguardia, reduciendo así el número de bajas entre sus tropas. Siempre interesada en los asuntos militares, tuvo en Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, a su hombre más preciado y distinguido, fiel a sus servicios desde los tiempos de la Guerra de Sucesión Castellana, destacándose definitivamente en la toma de Granada.

Su carácter curioso y arriesgado le llevó a apostar decididamente por la propuesta de Cristóbal Colón. Se opuso a la esclavización de los indígenas y dictó las primeras normas otorgando derechos a éstos, algo inédito en Europa, y que darían lugar posteriormente a las Reales Ordenanzas y a las Leyes de Burgos. También decretó la creación de un cuerpo policial para evitar el bandidaje y hacer más seguro el comercio, la Santa Hermandad, a petición de los concejos municipales.

En 1494 firmó con Portugal el Tratado de Tordesillas, marcando los límites de influencia de España y Portugal en el Atlántico. En 1496 el papa Alejandro VI concedió a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos, mediante la bula “Si Convenit”, que quedaría en herencia para sus sucesores. También concedería a Isabel, en 1500, el título de Rosa de Oro de la Cristiandad.

Falleció el 26 de noviembre de 1504, en el Palacio Real de Medina del Campo, tras llevar tiempo sumida en una profunda depresión por su enfrentamiento con su hija Juana y ver cómo morían su madre, su primogénita, su único hijo varón y su nieto, Miguel, que estaba llamado a unir las coronas española y portuguesa. En su testamento dejó escrito, según registros del político Diego Clemencín y Viñas: “Mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de S. Francisco que es en el Alhambra de la ciudad de Granada (...) en una sepultura baja que no tenga bulto alguno, salvo una losa baja en el suelo, llana, con sus letras en ella. Pero quiero e mando, que si el Rei eligiere sepultura en otra cualquier iglesia o monasterio de cualquier otra parte o lugar destos mis reinos, que mi cuerpo sea allí trasladado e sepultado junto.”

Es en la Capilla Real de Granada donde yacen sus restos, junto a los de su marido, Fernando, su nieto y su hija Juana y el marido de ésta, Felipe el Hermoso, además de su propia corona y el cetro real.









Archivo del blog

Etiquetas

Achilles (1) Agustín de Cepeda (1) Agustín íñiguez (3) Aldringer (6) Alejandro Arroyo (1) Alejandro Farnesio (22) Alejandro O'Reilly (1) Alexander (1) Alfonso de Ávalos (2) Alí Bajá (1) Almagro (1) Alonso de Alvarado (1) Alonso de Bazán (3) Alonso de Córdoba (1) Alonso de Pimentel y Zúñiga (1) Alonso de Sotomayor (1) Alonso Martín (1) Alonso Pita da Veiga (2) Alonso Vázquez (1) Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1) Álvaro de Bazán (11) Álvaro de Quiñones (1) Álvaro de Sande (7) Ambrosio de Spínola (17) Anastagi (1) Andrea Cantelmo (2) Andrea Doria (9) Andrés de Urdaneta (3) Anhalt (1) Antonio Barceló (1) Antonio de Leyva (5) Antonio de Montesinos (1) Antonio de Oquendo (5) Antonio Salgado (1) Arcabucero (2) archiduque Alberto de Austria (7) Armada (1) Armamento (1) Aumont (1) aztecas (1) Balanzón (2) Barbarroja (2) Bartolomé de las Casas (1) Batallas (76) Batallas Navales (26) Beltrán de Godoy (1) Beltrán de la Cueva (1) Bergh (5) Bernardino de Avellaneda (1) Bernardino de Mendoza (7) Bernardo de Gálvez (2) Blas de Lezo (1) Boabdil (1) Brunswick (6) Bucquoy (6) Calmecahua (1) Camino Español (9) Campañas de Farnesio en Flandes (3) Campañas de Osuna en Sicilia (3) Campañas de Spínola en Flandes (6) Campañas del marqués de Leganés en Milán (3) Capitana (1) Cardenal Cisneros (1) Cardenal Infante (15) Carlo della Gata (3) Carlos Coloma (6) Carlos de Ibarra (2) Carlos de Lannoy (3) Carlos I (28) Carlos II (2) Carlos III (5) Carlos IV (1) Carlos Padilla (1) Carlos V (17) Carlos VII (1) Carlos VIII (1) Castel-Rodrigo (2) César Borgia (1) Cesaro de Nápoles (1) Churruca (1) Cisneros (1) Collalto (1) Colloredo (4) conde de Anholt (1) Conde de Bayolo (1) conde de Brouay (1) conde de Floridablanca (2) Conde de Fuenclara (1) conde de Fuensaldaña (1) conde de Fuentes (2) Conde de Leicester (1) conde de Marsin (1) conde de Monterrey (1) Conde de Oñate (2) Conde de Paniguerola (3) conde de Peñalva (1) conde de Tilly (6) conde de Vimioso (1) Conde-duque de Olivares (13) Conquistadores (9) Corneille Joll (1) Coselete (1) Cosme Álvarez (1) Crequi (1) Cristian IV (1) Cristóbal Colón (2) Cristóbal de Eraso (2) Cristóbal de Mondragón (23) Cristóbal de Morales (1) Cristóbal de Olid (1) Cristóbal Lechuga (3) Cromwell (1) D'Allegre (1) De Court (1) Díaz de Pineda (1) Diego Brochero (1) Diego Colón (3) Diego Dávila (1) Diego de Almagro (1) Diego de Mendoza (1) Diego de Quiñones (1) Diego García de Paredes (3) Dragut Reis (1) Drake (5) Duque de Alba (34) Duque de Alburquerque (6) Duque de Cléveris (1) Duque de Enghien (4) Duque de Feria (4) Duque de Guisa (2) Duque de Lerma (3) duque de Lorena (4) Duque de Medina Sidonia (1) Duque de Osuna (5) duque de Saboya (4) Duque de Urbino (1) Edward Vernon (1) Egmont (5) El Gran Capitán (13) El Gran Condé (4) El Gran Duque de Alba (3) Enrique II (2) Enrique III de Valois (1) Enrique IV (2) Enrique Olivares (1) Enrique VIII (5) Ernesto de Mansfeld (10) Escaño (1) España en la Guerra de los 30 años (17) Fadrique Álvarez de Toledo (3) Fadrique de Toledo (4) Federico el Palatino (6) Federico Enrique (1) Felipe de Silva (2) Felipe el Hermoso (1) Felipe II (43) Felipe III (18) Felipe IV (22) Felipe Strozzi (2) Felipe V (3) Fernández de Córdoba (10) Fernández de Enciso (1) Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1) Fernando de Andrade (2) Fernando de Magallanes (2) Fernando el Católico (9) Fernando Girón de Salcedo (1) Fernando I (1) Fernando VI (1) Fernando VII (1) Ferrante Gonzaga (3) Ferrante Limonti (1) Filiberto de Saboya (1) Franc (1) Francisco Coloma (1) Francisco de Acevedo (1) Francisco de Bobadilla (7) Francisco de Ibarra (2) Francisco de Medina (1) Francisco de Melo (7) Francisco de Mendoza (2) Francisco de Meneses (1) Francisco de Orellana (2) Francisco de Prado (2) Francisco de Quevedo (1) Francisco de Rivera (3) Francisco de Saavedra (1) Francisco de Sarmiento (5) Francisco de Valdés (4) Francisco de Vallecilla (1) Francisco de Zanoguera (1) Francisco I (9) Francisco Menéndez (1) Francisco Pizarro (3) Francisco Sforza (1) Francisco Valdés (1) Francisco Verdugo (9) Francisco Vivero (1) Fray Gaspar de Carbajal (1) Galeón de Manila (2) Galveston (1) Gambacorta (6) García de Toledo (5) Garcíes (1) Garcilaso de la Vega (1) Gaspar de Toralto (3) Georg von Frundsberg (6) George Clifford (1) George Pocock (1) George Walker (1) George Washington (1) Glorioso (1) Gonzalo de Bracamonte (6) Gonzalo de Córdoba (1) Gonzalo de Ronquillo (1) Gonzalo Pizarro (2) Gran Sitio de Malta (3) Grande y Felicísima Armada (3) Gravina (1) Guardas de Castilla (1) Guébriant (2) Guerra anglo-española (6) Guerra de Colonia (1) Guerra de Devolución (2) Guerra de Esmalcalda (2) Guerra de Independencia norteamericana (2) Guerra de la Valtelina (1) Guerra de los 30 años (26) Guerra de los 7 años (2) Guerra de los 80 años (36) Guerra de Nápoles (5) Guerra del Arauco (1) Guerra del Asiento (4) Guerra del Monferrato (2) Guerra del Palatinado (6) Guerras Italianas (11) Guerreros (26) Guillermo de Orange (22) Guillermo Verdugo (5) Gustavo Adolfo (3) Gutierre de Cetina (1) Gutiérrez de Otero (1) Hasán Bajá (1) Hatzfeldt (3) Hawkins (1) Hernán Cortés (2) Hernando Colón (1) Hernando de Acosta (2) Hernando de Toledo (2) Herreruelo (1) Holac (3) Horn (9) Hugh O´Donnell (1) Hugh O´Neill (2) Hugo de Cardona (2) Hugo de Moncada (1) Idiáquez (3) Inés de Ben (1) Infantería de Marina (1) Isabel Clara Eugenia (3) Isabel de Avis (1) Isabel I (9) Isabel la Católica (3) Isemburg (7) Jacinto Vera (1) Jacobo I (1) Jean de Beck (6) Jean de la Valette (3) Jeireddín Barbarroja (2) Jenkins (1) Jerónimo Agustín (2) Jervis (3) John Montagu (1) John Norreys (9) José de Córdoba (1) José de Irazábal (1) José de Mazarredo (3) José de Urrutia (1) Juan Andrea Doria (1) Juan Bravo de Laguna (3) Juan Cerbellón (4) Juan de Austria (6) Juan de Cardona (2) Juan de Guevara (1) Juan de la Cerda (1) Juan de la Cosa (1) Juan de Lezcano (4) Juan de Oznayo (1) Juan de Prado Malleza (1) Juan de Urbieta (1) Juan de Vivero (1) Juan del Águila (7) Juan Díaz de Solís (1) Juan Gutiérrez de Garibay (1) Juan II de Aragón (1) Juan II de Castilla (1) Juan II de Portugal (1) Juan José de Austria (2) Juan José Navarro (1) Juan Martín de Recalde (2) Juan Pablo de Carrión (1) Juan Pacheco (1) Juan Pérez de Azcue (1) Juan Pérez de Peralta (1) Juan Ronquillo (1) Juan Sebastián Elcano (2) Juan Varela (1) Juan Vázquez Coronado (1) Juana de Castilla (1) Juana la Beltraneja (1) Julián Romero (16) Justino de Nassau (2) La Ferté (1) La Meilleraye (1) La Mothe (3) Lala Mustafá (1) Lamboy (2) Lautrec (1) Lázaro de Eguiguren (1) León Fandiño (1) Lepanto (1) Lestock (1) Leyenda Negra (1) Leyes de Burgos (1) Liga de Esmalcalda (6) Liga Santa (2) Lope de Figueroa (12) Lope de Hoces (1) Lope de Vega (1) López de Acuña (1) Lorenzo Ugalde de Orellana (1) Luis de Armagnac (4) Luis de Carvajal (1) Luis de Córdova (1) Luis de Nassau (4) Luis de Requesens (8) Luis de Velasco (1) Luis Fajardo (2) Luis Pérez de Vargas (1) Luis Vicente de Velasco (1) Luis XIII (8) Luis XIV (5) Luis XV (1) Maarten Schenck (2) Maarten Tromp (1) Mansfeld (2) Manuel de Montiano (1) Manuel Filiberto (3) Manuel Ponce de Léon (1) Marcos Aramburu (1) Margarita de Parma (3) María de Estrada (1) María Pita (1) María Tudor (1) Marlborough (2) marqués de Aytona (1) Marqués de Caracena (3) marqués de Hinojosa (1) Marqués de Leganés (9) marqués de los Vélez (1) Marqués de Mortara (4) Marqués de Pescara (4) Marqués de Torrecuso (11) Marqués de Villafranca (2) Marqués del Vasto (14) Marradas (3) Martín de Aragón (2) Martín de Córdoba (1) Martín de Eguiluz (1) Martín de Idiáquez (3) Martín de Padilla (1) Martín Zamudio (1) Mathews (1) Matías de Alburquerque (1) Matthew Buckle (1) Matthias Gallas (10) Mauricio de Nassau (7) Maximiliano de Egmont (1) Mazarino (4) Melchor de Robles (3) Mercader (1) Mercedes (1) Mercy (2) Miguel de Ambulodi (1) Miguel de la Horna (2) Miguel de Oquendo (2) Miguel López de Legazpi (2) Moctezuma (1) monte Aldabe (1) Montmorency (1) Mosquetero (2) Mustafá Bajá (1) Namur (1) Napoleón (1) Nelson (2) Octavio de Aragón (1) Oglethorpe (1) Orden de Malta (4) Orden de Santiago (6) Ordenanzas (1) Pánfilo de Narváez (2) Pappenheim (4) Paz de Cateu-Cambrésis (2) Pedro de Alvarado (2) Pedro de La Gasca (1) Pedro de Paz (2) Pedro de Toledo (1) Pedro de Ursúa (1) Pedro de Valdivia (1) Pedro de Zubiaur (1) Pedro Ernesto de Mansfeld (5) Pedro González de Castejón (1) Pedro Mesía de la Cerda (1) Pedro Navarro (2) Pedro Téllez de Guzmán (1) Pialí Bajá (2) Piccolomini (10) Pío V (1) Piquero (2) Pirro Colonna (1) Pompeo Giustiniano (5) Príncipe de Carignano (1) príncipe de Condé (6) Príncipe de Ligné (2) Prior de Crato (7) Próspero Colonna (6) Rantzau (4) Real Felipe (1) Reyes Católicos (12) Richard Greenville (1) Richelieu (11) Rodrigo de Orozco (2) Rowley (1) Rui Faleiro (1) San Fulgencio (1) San Giuseppe (1) San Ildefonso (1) Sancho Dávila (13) Sancho de Londoño (9) Sancho de Luna (2) Santísima Trinidad (1) Sebastián de Benalcázar (1) Sebastián de San Miguel (2) Sebastián López (1) señor de Aubigny (2) Sirot (1) Sitio de Malta (1) Socorro de Irlanda (2) Solimán (3) Spielbergen (1) Tassis (6) Taupadel (1) Tay Fusa (1) Tercio de Ávila (2) Tercio de Cárdenas (1) Tercio de Castelnuovo (2) Tercio de Cerdeña (7) Tercio de Fuenclara (1) Tercio de Galeras (1) Tercio de Lombardía (11) Tercio de Lope de Figueroa (2) Tercio de Nápoles (7) Tercio de Saboya (5) Tercio de Sicilia (11) Tercio de Toralto (1) Tercio de Valdés (1) Tercio de Zamora (1) Tercios (11) Tercios Embarcados (1) Tercios Viejos (6) Teseus (1) Thermes (1) Thomas Howard (1) tlaxcaltecas (1) Toisón de Oro (2) Torquemada (1) Torstensson (1) Tratado de Aranjuez (1) Tratado de París (1) Turco (1) Turenne (4) Tuttlingen (1) Ulij Alí (1) Unión de Arras (3) Unión de Utrecht (3) Vasco de Gama (1) Vasco Núñez de Balboa (1) Velandia (2) Viaje del Cardenal Infante (3) Vicente Gonzaga (1) Vicente González-Valor (1) Vicente Yáñez Pinzón (3) vizconde de Turenne (1) Wallenstein (5) Werth (5) William Monson (1) William Penn (1)