Batalla de Pavía

Conquistadores: El regreso de Vicente Yáñez Pinzón


El 30 de septiembre del año 1500 regresaba al puerto de Palos Vicente Yáñez Pinzón. Lo hacía con tan solo 2 de las 4 carabelas con las que partió menos de un año antes, y tras haber descubierto las costas de Brasil y el río Amazonas.

Vicente Yáñez Pinzón era el menor de los famosos hermanos Pinzón. Nacido ente 1461 y 1462, provenía de una familia de gran tradición marinera, de las más influyentes de la región de Palos de la Frontera. Pocas cosas se saben de su infancia y Juventus salvo que su hermano mayor, Martín Alonso Pinzón, le instruyó en el arte de la navegación y en las prácticas corsarias en las costas berberiscas, demostrando grandes dotes marineras y de donde obtuvo provechosos conocimientos náuticos y militares.

Vicente no dudó en sumarse a su hermano Martín en el apoyo a la empresa de Cristóbal Colón. Ambos participaron activamente en el reclutamiento de la tripulación, así como en los preparativos de la expedición a las Indias. Al fin, el 3 de agosto de 1492 partieron, siendo Vicente el capitán de la carabela "Niña". En los momentos más difíciles de la expedición siempre se mantuvo del lado de Colón, ayudando a sofocar los motines y rescatándole cuando la "Santa María" naufragó.

Guerreros: Ambrosio Spínola


El 25 de septiembre de 1630 moría poniendo sitio a la villa de Casale, en la Guerra de Sucesión Mantua, dentro del marco de la Guerra de los 30 años, Ambrosio Spínola, uno de los más notables militares al servicio de España.

Ambrosio Spínola Doria vino al mundo en Génova en el año 1569. Descendiente de una rica familia genovesa, los Spínola, era el primogénito de Filippo Spínola, marqués de Sesto, y Policena Cossino. La familia había adquirido gran fortuna principalmente por sus negocios de asiento de galeras con la Corona Española y el comercio. Como hijo mayor fue educado para administrar las finanzas de la familia, algo de ingente trabajo debido a la gran fortuna que manejaba. Ambrosio pasó su infancia y juventud estudiando y leyendo, sobre todo acerca de estrategia militar, de la que era un gran apasionado, pero sus obligaciones eran lo primero.

Sus hermanos, en cambio, pronto entraron al servicio de los ejércitos de España, destacando Federico, un auténtico aventurero que desde pequeño mostró grandes dotes para luchar, sobre todo en Flandes. La familia Spínola tuvo disputas con la familia Doria, la otra gran familia genovesa. Estos pleitos llegaron a tal punto que tuvo que intervenir el propio monarca español para solventar las desavenencias entre ellas. Ambrosio manejaba bien los negocios familiares, pero éstos no parecían satisfacer su carácter, alimentado por sus lecturas de juventud. Ambrosio anhelaba ese espíritu de guerra y no desperdició la ocasión de ofrecer sus servicios y fortuna a España. Su hermano Federico apostaba firmemente por crear una escuadra de buques con los que intentar invadir nuevamente Inglaterra, pero la idea no cuajó en la corte de Felipe II, que aún se lamía las heridas por el fracaso casi una década antes de la Grande y Felicísima Armada.

Batalla de Zutphen



Un 22 de septiembre del año 1586 se producía la batalla de Zutphen, villa de los países bajos españoles a la que las tropas anglo-holandesas del conde de Leicester habían dado sitio, y de la cual saldrían derrotadas tras acudir un socorro bajo el mando de los maestres de campo Francisco Verdugo y Juan del Águila

En el marco de la Guerra de los Ochenta años, con Alejandro Farnesio como Gobernador de los Países Bajos, los protestantes holandeses se hallaban en una situación muy complicada, dada las constantes derrotas a las que les estaba sometiendo el duque de Parma. Maastricht, Tournai, Sichen, Eindhoven, Brujas, Gante o Amberes, son algunas de las vitorias que el italiano consiguió para la causa española. 

Las cosas pintaban mal no solo para los holandeses, sino para cualquier enemigo de la Corona de España, por lo que Isabel I de Inglaterra se decidió a enviar ayuda a los protestantes; 600.000 florines, 7.000 soldados y más de 500 de los más notables nobles ingleses bajo el mando de Robert Dudley, conde de Leicester, el cual sería nombrado gobernador y capitán general de los Estados de la Unión Protestante nada más pisar Holanda. Por descontado tal ayuda no sería gratuita. Si la reina Isabel enviaba esa fuerza comandada por su favorito y amante, era porque esperaba sacar tajada, y mucha, de aquel conflicto.

Asedio de Mons


El 19 de septiembre de 1572 se firmaban las capitulaciones de la rendición de Mons, ciudad tomada en mayo de ese año por los protestantes holandeses de Luis de Nassau, y que fue recuperada por los ejércitos del Duque de Alba, gobernador de los Países Bajos.

En el marco de la Guerra de los 80 años, los protestantes preparaban un nuevo golpe de mano empujados por las negociaciones que estaban llevando a cabo con los franceses y los ingleses. Éstos, tras la victoria de los españoles en Lepanto, temían que Felipe II quedase con las manos libres para extender su poder aún más en Europa, por lo que tenían un claro interés en avivar las llamas de las revueltas en los Países Bajos.

Con estas promesas de respaldo se lanzó Luis de Nassau a tomar Mons. Iba acompañado de Mos de Genlis y su ejército de 1.500 hugonotes franceses. Mediante diversas artimañas consiguieron meter una pequeña fuerza en la ciudad y abrir las puertas para que entrase después el resto del ejército. A los pocos días llegarían unos 2.000 soldados franceses más, y otros 2.500 hombres, entre infantes y jinetes, bajo el mando del conde de Montgomery, que irían a conquistar distintas plazas. Los saqueos de templos y abusos y asesinatos contra la población católica no se hicieron esperar.

Batalla naval de los Abrojos


El 12 septiembre de 1631, en las aguas de la costa de Pernambuco, la escuadra española de Antonio de Oquendo derrotó a una flota holandesa que estaba bajo el mando de Adrian Jansz Pater, tras más de 7 horas de duros combates.

En el marco de la Guerra de los 30 años, los holandeses habían tomado los puertos de Olinda y Pernambuco en febrero de 1630, como parte de su estrategia de debilitar a España atacando en sus provincias de ultramar. Pusieron en tierra 6.000 infantes que avanzaron hacia la villa de Arrecife, que fue incendiada por el gobernador, Matías de Alburquerque, quien, ante la imposibilidad de plantar cara al enemigo en campo abierto, dado lo exiguo de sus tropas, se dedicó a emboscarles y hostigarles hasta el punto de que los holandeses se vieron obligados a aprovisionarse por mar. En mayo de 1631 tomaba el mando aquellas plazas el almirante Adrian Jansz Pater, sustituyendo al almirante Lock, que regresaba con la mayor parte de su flota para Holanda.

El 5 de mayo de 1631, con 54 años y una vida llena de victorias en el mar, Antonio de Oquendo y Zandátegui, natural de San Sebastián y por aquel entonces almirante general de la Armada del Océano, cargo alcanzado por ilustres marinos como Juan de Lezcano, López de Legazpi, Juan de Austria o Álvaro de Bazán, zarpó desde Lisboa rumbo a las colonias brasileñas de Pernambuco y de Bahía de todos los Santos, capitaneando una flota que debía llevar tropas para poner fin a aquella invasión.

Gran Sitio de Malta (Parte I)


El 11 de septiembre del año 1565 los turcos levantaban el sitio de la isla de Malta tras 4 largos meses de asedio. La llegada de un socorro español bajo el mando de García Álvarez de Toledo, virrey de Sicilia, puso en fuga a las fuerzas otomanas tras perder una ingente cantidad de hombres, incluyendo al grueso de sus fuerzas de élite. 

En el año 1530, los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, orden que databa aproximadamente del año 1048, se instalaban en Malta, cambiando el nombre de la orden por el de la isla, la cual les había sido cedida por el rey de España, Carlos I, tras haber sido expulsados por los turcos de Solimán I, el Magnífico.

Situada en un enclave estratégico, al sur de Sicilia, Malta servía de barrera de protección frente a los corsarios berberiscos que pasaban al Mediterráneo occidental. A comienzos de 1565 Jean de la Valette, Gran Maestre de la orden desde el año 1557, había sido informado por sus espías de los preparativos para una inminente invasión de la isla por el Turco. A pesar de ello, los trabajo de reclutamiento de hombres y fortificación fueron lentos y deficientes, dejando Malta demasiada expuesta al peligro otomano.

Gran Sitio de Malta (Parte III)


Para mediados de agosto García de Toledo había convocado al consejo para exponer las órdenes del rey, Felipe II. Allí estaban Álvaro de Bazán, general de galeras de España; Andrea Doria, general de galeras de Génova; Álvaro de Sande, maestre de campo del Tercio Viejo de Nápoles; Sancho de Londoño, maestre del Tercio Viejo de Lombardía, y Gonzalo de Bracamonte, maestre del Tercio de Cerdeña. Las noticias que les llegaban a los turcos acerca del Gran Socorro no eran muy halagüeñas: Mustafá recibió misivas que le advertían de la presencia en Messina de al menos 36 navíos, 113 galeras y varios miles de soldados. Debía darse prisa en tomar Malta si no quería vérselas con los Tercios de España.

Siguieron los turcos descargando su artillería contra las defensas cristianas y el día 20 de agosto lanzaron un nuevo gran asalto. Mustafá atacaría San Miguel, liderando él mismo las tropas para infundirles moral. Pialí, mientras tanto, terminaría la mina que estaba preparando contra el puesto de Castilla. El plan era atraer a cuantos cristianos pudieran sobre San Miguel para que, una vez desguarnecido el Burgo, hacer volar la mina e iniciar el asalto. El asalto llevaba varias horas cuando Pialí tenía lista su mina. La fortuna sonrió a los defensores del espolón de Castilla, ya que el artefacto explosionó hacia afuera, causando enormes daños entre los turcos.

Gran Sitio de Malta (Parte II)



A comienzos de julio de 1565 los turcos habían tomado ya San Telmo, aunque pagando un precio muy elevado, habían terminado de construir las baterías para empezar a batir el Burgo y San Miguel, y un pequeño socorro se internaba en el corazón de la isla, con el maestre del Tercio de Sicilia, Melchor de Robles, a la cabeza.

En este orden de cosas los turcos comenzaron el día 3 a hacer fuego contra el baluarte de Provenza desde el monte Santa Margarita; contra San Miguel desde la posición otomana de La Mandra, situada en el monte Sceberras; contra la Burmola desde el monte Corradino, y contra el puesto de Francisco Zanoguera en San Ángel, desde la recién adquirida posición de San Telmo. Para júbilo de los defensores, el socorro conseguía entrar en el Burgo tras recorrer casi 20 millas, circunvalando todo el sur de la isla a marchas forzadas, y atravesar el Gran Puerto en barcas que les habían dejado los sitiados sin ser detectados. Nada más llegar desplegaron sus banderas los nuevos defensores en señal de desafío a los otomanos.

La furia de los asaltantes se incrementó tras esto, añadiendo nuevas piezas a las baterías hasta contar con 26. Por su parte, y viendo el peligro que corría San Miguel, el Gran Maestre mandó construir un puente que lo uniese al Burgo, y así poder pasar auxilio a través de él. El 11 de julio los turcos intentaron cortar la cadena que impedía la entrada a las aguas entre estas dos posiciones, siendo rechazados por unos soldados malteses. Las intenciones otomanas estaban claras: iban a asaltar San Miguel y los defensores reforzaron sus posiciones.

La Batalla de la Isla de Flores


Un 9 de septiembre del año 1591, en las aguas de la Isla de Flores, una flota corsaria inglesa, bajo el mando de Thomas Howard, conde de Suffolk, caía derrotada por Alonso de Bazán, tras tratar de asaltar el convoy español procedente de América.

En el marco de la Guerra anglo-española (1585-1604) las cosas pintaban mal para los de la Pérfida Albión, que desde el desastre de la Grande y Felicísima Armada de 1588 no habían dejado de cosechar derrotas, empezando por la Contra Armada inglesa del siguiente año, que acabó en un completo fracaso bajo la tutela de Francis Drake y John Norreys, y siguiendo por las derrotas frente a los convoyes procedentes de las indias en 1590.

El año 1591 empezaba igual de mal, con la derrota de George Clifford, conde de Cumberland en julio en las Islas Berlengas. Alonso de Bazán, hermano del ilustre e invicto Álvaro de Bazán, había recibido aviso, a través del maestre de campo Juan de Urbina, de que una flota corsaria inglesa patrullaba por aguas cercanas a las islas Azores, por lo que se aprestó a reunir tantos buques como pudiese para acudir a plantarles batalla. Así hizo bajo su mando a la escuadra de Marcos de Aramburu, que sería su segundo al mando; la escuadra de Antonio de Urquiola, la de Sancho Pardo y la de Martín de Bertendona, a la que se sumaría más tarde la escuadra portuguesa de Luis de Coutiño, haciendo un total de 55 buques y 7.200 hombres entre soldados y marineros.

Conquistadores: Vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano


El 6 de septiembre del año 1522, como si de un fantasma se tratase, hacía su aparición en la bahía de Sanlúcar de Barrameda la nao "Victoria", única superviviente de una expedición de cinco buques que habían zarpado de Sevilla 3 años atrás.

Fernando de Magallanes era un hidalgo portugués nacido en el año 1480 y que pronto entraría a servir como paje de la reina Leonor, esposa de Juan II de Portugal. En 1505 entró en la llamada Armada de la India, flota anual que partía hacia la India a través del Cabo de Buena Esperanza, ruta abierta por el gran marino portugués Vasco de Gama. Recorrió así miles de leguas, llegando a lugares tan imposibles en aquel entonces como Goa, Cochín o Cananor, en la India, Kerala, en Tanzania, o Malaca, en Malasia. En 1514, siendo ya toda una institución en su país, fue acusado de
comerciar ilegalmente en Marruecos, por lo que perdió su empleo. Desde ese momento se empecinará en investigar rutas hacia el Pacífico con el reputado cosmógrafo Rui Faleiro.

Por su parte, Juan Sebastián Elcano había nacido en la localidad guipuzcoana de Guetaria y provenía de una familia muy marinera, que se dedicaba a la pesca y al comercio. En 1509 embarcó en la expedición que dirigía el cardenal Cisneros para tomar Orán, dentro de la política de Fernando el Católico de tomar importantes plazas berberiscas en el Mediterráneo occidental. También participó en las Guerras Italianas de el Gran Capitán, pero esto le costó la ruina. Tuvo que deshacerse de su nave en favor de unos mercaderes de Saboya con los que previamente se había hipotecado para costear las pagas adeudadas a su tripulación, con la esperanza de que la Corona le entregase a tiempo el dinero que le debía, algo que no ocurrió. Arruinado y prófugo de la justicia, ya que se consideraba delito vender buques artillados en tiempos de guerra a los extranjeros, marchó hacia Sevilla buscando recuperar su patrimonio.

Batalla de Nördlingen


Un 5 de septiembre del año 1634 comenzaban los primeros combates de una de las batallas más importantes de la Guerra de los 30 años. En Nördlingen las tropas españolas, imperiales y de la Liga Católica asestaban una severa derrota al ejército sueco de Gustavo Adolfo, que se habían enseñoreado de los campos de batalla alemanes. 

La Guerra de los 30 años llevaba algo más de una década cuando los suecos, con el rey Gustavo Adolfo II de Suecia a la cabeza, desembarcaron en las costas alemanas en 1630. Las revolucionarias tácticas de combate que había promovido el rey, habían convertido al ejército sueco en una moderna máquina de guerra que avanzaba imparable desde el norte de Alemania. Los suecos introdujeron modificaciones como el añadir 4 piezas ligeras de artillería más por regimiento. También la formación de la brigada, compuesta por 2 regimientos; redujeron la profundidad y aumentaron la extensión de sus formaciones y también incrementaron la potencia de su fuego con la creación de la táctica de la doble salva.

España, bajo el reinado de Felipe IV, había decidido ayudar al emperador en la guerra; los lazos dinásticos y la continuación de la hegemonía Habsburgo en Europa. De esta manera los ejércitos católicos se habían impuesto a la revuelta Bohemia, el levantamiento de los protestantes alemanes agrupados en torno a la figura de Federico el Palatino, y habían derrotado al rey Cristian de Dinamarca en su intento de lanzar una ofensiva contra los católicos en Alemania.

La nueva amenaza ahora eran los suecos, que desde su llegada al continente en julio de 1630 había avanzado por Pomerania y Magdeburgo con la ayuda de su aliada Sajonia-Weimar, y derrotando a los católicos en Breitenfeld, Lech y Lützen, por lo que el emperador necesitaba la ayuda de España si quería detener al poderoso ejército sueco que, aunque había perdido a su rey, seguía constituyendo la fuerza más poderosa en ese momento en el continente. Así que el rey de España armó un ejército en Milán bajo el mando de Diego Mexía Felipe de Guzmán, marqués de Leganés. Éste debía auxiliar a los católicos en Alemania y llevar al Cardenal-Infante, Fernando de Austria, hijo de Felipe III, a tomar posesión del cargo de gobernador de los Países Bajos, tras el fallecimiento de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II.

Guerreros: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán


El 1 de septiembre del año 1453 nacía en Montilla, villa de la provincia de Córdoba, Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, destacado miembro de la nobleza de Andalucía que revolucionó las tácticas de la guerra y padre del primer ejército moderno, siendo considerado hoy por muchos el mejor militar español hasta la fecha.

Era el segundo de los hijos de Pedro Fernández de Aguilar y Elvira de Herrera y Enríquez. Fue criado en Córdoba junto a su hermano Alfonso, pasando a ser paje del hermano de la futura reina Isabel la Católica, el infante Alfonso, en Segovia. Por aquella época Castilla se hallaba dividida por un conflicto interno entre los partidarios del infante Alfonso y los del rey Enrique IV. La muerte en 1468 de Alfonso centró las miradas en Isabel, y Gonzalo, tal y como lo había hecho con Alfonso, pasaría a ser un fiel servidor de la futura reina.

Al no ser el primogénito solo podía escoger entre el ejército o el sacerdocio, así que escogió lo primero. La guerra de sucesión castellana tras la muerte del rey en 1474, que enfrentaba a los partidario de Juana de Trastámara, hija del rey, con los leales a Isabel de Castilla, legítima heredera por el Tratado de los Toros de Guisando, supuso el inicio de su brillante carrera militar, destacándose en la batalla de Albuera, en 1479, donde dirigió una compañía de 120 jinetes, bajo las órdenes del maestre de la Orden de Santiago.

Combates navales de Cabañas


A primeras horas de la mañana del día 31 de agosto de 1638, una flota española bajo el mando de Carlos de Ibarra plantaba cara a su enemigo: al menos 17 buques corsarios holandeses que acechaban en las aguas de Pan de Cabañas, próximas a La Habana.

La actividad corsaria y pirata había estado presente desde los principios del comercio español con América. Primero fueron los franceses, a los que más tarde se unieron ingleses y holandeses. La Corona española ideó un sistema de convoyes y de suministro de información al objeto de proteger el comercio, el cual resultaría como uno de los más notables éxitos logísticos de la historia.

Desde tiempos de Felipe II dos flotas componían los convoyes que partían desde España en dirección a América: la de "Nueva España", cuyo destino final era Verazcruz, y la de "Tierra Firme", que llegaba hasta Valparaíso. El punto de reunión de las flotas solía ser las aguas de La Habana, donde recalaban antes de regresar a España con el preciado cargamento. Los holandeses lo sabían y, desde sus nuevas bases en Pernambuco, armaron una flota de 24 buques comandada por Corneille Joll, un veterano almirante al que le faltaba una pierna y que recibía el apodo de "Pie de palo".

Guerreros: Alejandro Farnesio


El 27 de agosto del año 1545 nacía en Roma Alejandro Farnesio, III duque de Parma, y uno de los más brillantes militares al servicio de España de todos los tiempos.

Alejandro tenía unos antepasados ilustres: era hijo de Octavio Farnesio y Margarita de Austria, hija bastarda de Carlos I y por tanto, Felipe II era su tío. Su bisabuelo fue el papa Pablo III, y recibió el título de III duque de Parma, Plasencia y Castro.

Fue educado primero en Bruselas y después en la corte de Madrid por invitación del rey, donde permaneció hasta 1565, estudiando en Alcalá de Henares con su primo, el infante Carlos, llamado también "El maldito", por una demencia desarrollada a raíz de una caída casi mortal de la que solo se salvó tras una arriesgada trepanación en la cabeza, y su tío y amigo, Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe.

Batalla de Alcántara


A las 3 de la mañana del 25 de agosto de 1580, el duque de Alba se despertaba y escuchaba misa. Tan solo unas horas después había logrado una aplastante victoria sobre las tropas portuguesas del prior de Crato, despejando el camino hacia Lisboa y dándole otra corona a Felipe II.

La muerte sin descendencia de Enrique I, rey de Portugal, en enero de 1580, había abierto la sucesión al trono del país vecino. Felipe II, como hijo de Isabel de Portugal y por tanto, nieto del rey Manuel I, reclamaba para sí el trono. A su vez, Antonio, prior de Crato, era hijo ilegítimo del infante Luis de Avís, y por tanto, nieto del rey Manuel I también.

En este orden de acontecimientos, Antonio fue el primero en dar un golpe de efecto autoproclamándose rey de Portugal el 20 de junio de 1580. Felipe no podía aceptar tal afrenta, así que se preparó para invadir el territorio luso. Para ello no dudó en sacar del ostracismo a su mejor general, el duque de Alba, que llevaba un año desterrado en Uceda por la tensa relación que en los últimos años tenía con el rey a causa del comportamiento de su hijo Fadrique.

Guerreros: Sancho de Londoño


Posiblemente nació hacia el año 1515, pero lo que es seguro es que Sancho de Londoño fue el perfecto ejemplo del soldado español; disciplinado, aplicado y valeroso, con innegables dotes para el combate y capaz de progresar de simple piquero a maestre de campo, algo común en los Tercios españoles.

Fue el primogénito de Antonio de Londoño, señor de Hormilla, en La Rioja, y de Ana Martínez de Ariz. Tuvo varios hermanos, destacando entre ellos a Antonio de Londoño, quien luchó en Lombardía, pero poco se sabe de su infancia, salvo que estudió en Alcalá de Henares, de ahí el innegable talento del que hará gala para las letras y las matemáticas.

Entró al servicio de Carlos I en los ejércitos del duque de Alba como piquero, en 1542, entrando en combate en el ducado de Milán contra los franceses, y posteriormente en la frontera entre España y Francia. También participó en el avance español sobre París, forzando a los franceses a pedir la paz. Para 1546 era trasladado a Alemania donde al emperador Carlos le había salido un peligroso enemigo: la Liga Esmalcalda, participando en la campaña del Danubio. En 1547 entró en batalla en Mühlberg, donde los imperiales obtuvieron una brillante victoria y propiciaron un terrible golpe a la Liga.

Batalla de San Quintín


El día 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, del año 1557, los ejércitos de Felipe II se enfrentaban con la Francia de Enrique II en la localidad francesa de San Quintín, dando comienzo a una serie de victorias españolas que obligarían al monarca francés a firmar la paz de Cateau-Cambrésis apenas dos años después.

Felipe II había subido al trono de España en el año 1556. En Francia reinaba Enrique II, hijo del belicoso rey Francisco I, que tantas veces había sido derrotado por el rey español Carlos I. Enrique ansiaba las posesiones españolas en Italia, y el papa Paulo IV, consciente de ello y haciendo gala de un odio inusitado hacia los españoles, buscó la alianza con los franceses y posibilitó la entrada de las tropas galas, comandadas por el duque de Guisa, en el Milanesado, viéndose el reino de Nápoles amenazado.

Para infortunio de los franceses, allí se encontraba el duque de Alba con sus tropas españolas y rechazó con firmeza al enemigo. No se detuvo el duque ahí. También contraatacó sobre las fuerzas papales sitiándolas, hecho que le valió la excomunión al rey español. Éste, por su parte, no había perdido el tiempo. Como estaba casado con María Tudor, reina de Inglaterra, consiguió de ella una fuerza de 7.000 soldados bajo las órdenes de lord Pembroke. Además el duque de Éboli, el portugués Rui Gómez de Sylva, había conseguido otros 8.000 soldados más y cuantiosos fondos.

A la caza del convoy británico


Era el 9 de agosto del año 1780 cuando un convoy británico con tropas, materiales y suministros de todo tipo, que avanzaba con destino a Norteamérica y a la India, era atrapado por la flota española de Luis de Córdova, sufriendo los británicos el mayor golpe logístico de toda su historia.

Estaban los británicos inmersos en la Guerra de Independencia norteamericana, un conflicto que se complicó sobremanera con los apoyos de los españoles y franceses a los rebeldes. Las flotas de ambos países podían competir en igualdad de condiciones con la armada británica, en aquel momento la mayor y más poderosa. En 1779 las flota franco-española había azotado las costas de Inglaterra, paralizando la bolsa de Londres, las cosas se complicaban en las colonias americanas, y la expansión en la India exigía de multitud de recursos.

La España de Carlos III, con el conde de Floridablanca al frente, había comenzado una política de fortalecimiento en el panorama mundial, acercando posiciones tanto con Francia como con Portugal. Floridablanca, ministro de exteriores, había tejido una red de espías por la gran mayoría de cortes europeas. De esta manera consiguió una valiosísima información: un gran convoy saldría desde Portsmouth con destino a Norteamérica y a la India. Floridablanca informó de esto a Luis de Córdova, teniente general de la armada, para que comenzase los preparativos de la cacería.

Conquistadores: Colón parte hacia las Indias


El viernes 3 de agosto de 1492 partía del puerto de Palos de la Frontera la expedición dirigida por Cristóbal Colón, compuesta por las carabelas "Pinta" y "Niña" y la nao "Santa María", con la misión de llegar a las Indias a través del Atlántico.

Poco se sabe de los años anteriores a que Cristóbal Colón se presentase en el monasterio andaluz de La Rábida. Se le da por nacido a mediados del siglo XV, probablemente en Génova. Su hijo Hernando dejó escrito que estudió en Pavía, donde Cristóbal aprendió navegación y cosmografía. De esta forma se lanzaría a la mar en los años 70 y en 1476 un naufragio en las costas portuguesas le llevaría hasta la capital de aquel país, donde consiguió trabajo como agente comercial para la casa Centurione de Madeira.

Es en esa época cuando contrae matrimonio con Felipa de Moniz y cuando tiene a su hijo Diego. Como agente comercial viajará a multitud de países y se afianzará como un reputado y experto navegante, y también comenzará a preparar su plan de llegar hasta Cipango a través de occidente. Con esta idea se presentó ante la corte de Portugal, la primera potencia naval del momento. El rey, Juan II, recibió el proyecto y mandó someterlo a la consideración de la Junta de Matemáticos la cual lo rechazó.

Nelson ataca Tenerife


Un 27 de julio de 1797 los británicos levaban anclas y se marchaban de las Islas Canarias, tras un frustrado intento de tomar Santa Cruz de Tenerife por parte de las fuerzas del contralmirante Horatio Nelson.

Dentro del marco de la guerra anglo-española de 1796, y con el grueso de la flota española bloqueada en Cádiz por la potente marina de los británicos, bajo el mando del almirante John Jervis, éstos resolvieron tomar las Islas Canarias como base estratégica para sus futuras operaciones en el Atlántico. De este modo Nelson diseñó un plan para poder llevarlo a cabo y Jervis lo aprobó el 14 de julio de 1797.

Para ello Nelson contaba con los navíos Theseus, Culloden y Zealous, de 74 cañones cada uno, y el navío Leander de 50 piezas de artillería; las fragatas Emerald, de 36 cañones, la Seahorse, de 38, la Terpischore, de 32 y la Fox, también de 32 piezas. Igualmente contaba con la bombardera Rayo, apresada a los españoles previamente, y una fuerza de 3.700 hombres para llevar a cabo la invasión de la isla.

La Batalla de las Terceiras


Un 26 de julio del año 1582 se producía el enfrentamiento entre fuerzas navales españolas, bajo el mando del capitán general Álvaro de Bazán, y fuerzas de la armada francesa capitaneadas por el almirante Felipe Strozzi, y que acabó en una brillante victoria española.

Tras el ascenso al trono portugués de Felipe II, el prior de Crato, don Antonio, pretendiente igualmente a la corona portuguesa, había instado a una revuelta contra los españoles con el apoyo de los ingleses y franceses. Isabel I le dio dinero y la promesa del apoyo de sus corsarios a cambio de varias plazas portuguesas, 5 millones de ducados y un tributo anual. Pero Francia, con Enrique III de Valois en el trono, no dudó en ofrecer, además de dinero, tropas y suministros, alarmado por el poder que tenía en aquellos momentos el imperio español, y bajo la promesa de Antonio de cederle la posesión de Brasil.

El reducto del prior de Crato eran las islas Azores, desde donde los corsarios ingleses y franceses podían atacar fácilmente los convoyes que venían hacia España desde América. Felipe II estaba decidido a acabar con esa amenaza, por lo que a comienzos de 1582 ordenó preparar una flota con la intención de ocupar las Azores. Álvaro de Bazán, el almirante que nunca había perdido una batalla, veterano de Lepanto, Muros, Malta, o del peñón de Vélez, sería el encargado de tal empresa.

La Gran Carrera del Glorioso


El 25 de julio del año 1747 el "Glorioso", un navío español que se dirigía a las costas gallegas, empezaba el primero de una serie de combates contra la armada inglesa que le haría ganar la admiración y el respeto tanto de los españoles como de sus enemigos. 

La construcción del "Glorioso" fue encargada en 1738, y fue botado en el año 1740 en los astilleros de La Habana bajo el nombre de "San Ignacio de Loyola", junto al "Invencible" y al "Bizarro". Era un navío de línea de 70 cañones del estilo Gaztañeta, más grande y robusto que los navíos que en aquella época construían tanto ingleses como franceses, pero menos rápido y más difícil de maniobrar. Contaba con 2 puentes desde donde asomaban sus cañones de 24, 18 y 8 libras.

En el año 1747, dentro del marco de la Guerra del Asiento, el "Glorioso" zarpaba de La Habana en primavera con un cargamento de suma importancia para los intereses de España: 4 millones de pesos de plata. El buque era comandado por Pedro Mesía de la Cerda, un experimentado marino cordobés que había participado ya en multitud de batallas, entre ellas la del Cabo Passaro, la del Cabo de San Vicente o las de la recuperación de Orán y Mazalquivir en 1732.

Batalla de Jemmingen


El 21 de julio del año 1568 las fuerzas del imperio español, bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba, obtenían una aplastante victoria contra el ejército rebelde holandés de Luis de Nassau en la villa alemana de Jemmingen.

Hacía menos de un año que el duque de Alba había llegado a Flandes a través del Camino Español, dispuesto a sofocar las revueltas calvinistas que habían dado inicio a la Guerra de los 80 años. El duque estaba alarmado por la situación que estaba presenciando en esos momentos: Guillermo de Orange había organizado un poderoso ejército con mercenarios alemanes que acababa de invadir Groningen. Durante el transcurso de ésta, el Tercio Viejo de Cerdeña se vio sorprendido en los alrededores de Heilergerlee y la mitad de sus hombres pereció en la contienda.

La situación exigía actuar con celeridad, por lo que el duque de Alba organizó rápidamente a sus otros dos Tercios Viejos: el de Sicilia, bajo el mando del maestre de campo Julián Romero, y el Lombardía, que mandaba el maestre Sancho de Londoño, y que irían en vanguardia. A éstos había que sumarle tropas valonas y las de los alemanes del conde de Mega, sumando un total de casi 12.000 soldados y unos 3.000 jinetes. Con todo ya preparado el comandante español se puso en marcha y llegó hasta Groningen el 15 de julio.

Batalla de Valenciennes


El 16 de julio del año 1656 un ejército del imperio español, bajo el mando de Juan José de Austria, se batía con las fuerzas francesas del vizconde de Turenne, las cuales tenían sitiada la ciudad de Valenciennes.

La Guerra de los 80 años había llegado a su fin tras la paz de Münster, pero los problemas para la monarquía española no habían cesado; Portugal estaba en llamas tras la ascensión al trono de Juan IV, restaurando así la independencia del país vecino. Cataluña se había recuperado del yugo francés, pero éstos aún mantenían la posesión sobre el Rosellón y amenazaban ahora las posesiones españolas en el sur de Flandes, poniendo el ojo sobre la estratégica plaza de Valenciennes.

Valenciennes estaba situada por aquel entonces en la provincia de Henao, en territorio español de los Países Bajos. La ciudad era un elemento clave para las comunicaciones de la región, por lo que la Francia de Luis XIV, el Rey Sol, le había puesto los ojos encima. De esta manera se armó un potente ejército de más de 25.000 soldados para hacerse con ella. Encuadrados en 2 formaciones, una en cada orilla del río Escalda, el cual atravesaba la ciudad de norte a sur, aquel contingente cayó sobre Valenciennes el 18 de mayo de 1656.

El ejército francés, cuyo mando recaía en Enrique de la Tour, vizconde de Turenne y mariscal de Francia desde 1643, comenzó con el asedio sin perder un segundo de tiempo. Al frente de la plaza se encontraba una pequeña guarnición de poco más de 1.000 hombres bajo el mando de Francisco de Meneses, dispuesta a aguantar lo que hiciese falta, aunque la escasez de suministros y pertrechos era notoria.

Batalla de las Islas Berlengas


Un 15 de julio del año 1591 tuvo lugar una batalla naval entre la escuadra española de galeras de Francisco Coloma, y un escuadrón de galeones ingleses bajo el mando de George Clifford, conde de Cumberland, frente a las costas de las islas portuguesas de Berlengas.

Bajo el reinado de Isabel I, el conde de Cumberland, gran aficionado a los torneos de justas y uno de los favoritos de la reina, empezó a hacer carrera naval con el inicio de la Guerra anglo-española, en 1585. No tuvo demasiado éxito en sus campañas corsarias contra la flota española en el Caribe, ya que el sistema de convoyes implantado por Felipe II resultaba enormemente eficaz, perdiéndose en 2 siglos tan solo una flota.

Tras algún logro aislado en las aguas de las Azores, en 1591 el escuadrón de Clifford partía de las costas inglesas rumbo al Cabo de San Vicente para su habitual actividad corsaria. El escuadrón estaba compuesto de 4 galeones y una pinaza: el "Garland", un navío real de 600 toneladas que era el buque insignia de Clifford; los galeones "Allegarta", "Goden Noble" y "Sampson", de casi 300 toneladas, y la pinaza "Discovery".

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