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Batalla de San Marcial


Un 30 de junio de 1522 se producía la batalla de San Marcial, una contienda que enfrentó a las tropas de la monarquía española con un ejército franco-navarro a las órdenes de Ortubia y Semper, y que acabó con victoria española.

Los hechos acaecidos se remontan un año antes, a octubre de 1521, cuando un ejército al mando de Guillermo Goufier, señor de Bonnivet, asaltaba la villa guipuzcoana de Fuenterrabía, tomando el castillo de Behobia, tras la rendición del comandante de la plaza, Diego de Vera. Las tropas gasconas y navarras trataban de retomar el control de Navarra, perdida en 1512 en favor del rey Fernando el Católico.

Beltrán de la Cueva, III Duque de Alburquerque, fue nombrado capitán general de Guipúzcoa en mayo de 1522 y se lanzó rápidamente a recuperar el castillo con una hueste de soldados españoles reclutados de las villas cercanas y cerca de 3.000 lansquenetes alemanes. Jacques D'Aillon, que se había quedado al mando de la defensa del castillo, decidió abandonarlo ante la imposibilidad de defenderlo, pero no sin antes intentar volarlo. El capitán Ochoa Sanz de Asua, junto a unos cuantos hombres, lograría evitarlo y tomar al asalto el castillo. Allí padecerían un largo asedio.

El Asedio de Maastricht


El 29 de junio del año 1579 terminaba el largo asedio al que había sido sometida la ciudad holandesa de Maastricht, tras lograr el ejército realista, conducido por Alejandro Farnesio, batir sus defensas y penetrar en ella, saqueándola y poniendo en fuga a la mayor parte de la población. Maastricht seguiría en manos españolas hasta 1632, año en que las Provincias Unidas lograrían conquistarla. 

Corría el año 1577 cuando Alejandro Farnesio llegó a Flandes, tras la llamada de sus tíos, Juan de Austria, y el rey de España Felipe II. La Guerra de los Ochenta Años llevaba ya casi una década y el príncipe de Parma tenía claro que había que recuperar la iniciativa perdida en los años anteriores. La muerte de Juan de Austria a comienzos de octubre de 1578 había convertido al príncipe en el nuevo gobernador de los Países Bajos. Tras una serie de hábiles maniobras políticas emprendidas por Farnesio, el 5 de enero de 1579 se firmaba la Unión de Arras, por la cual las provincias católicas del suroeste se comprometían con la causa de Felipe II, que la ratificaría en noviembre de ese año. Por su parte, las provincias rebeldes formarían unas semanas después la llamada Unión de Utrecht.

De esta forma, Alejandro se aseguró tener la retaguardia cubierta, además de un suministro razonable de tropas, por lo que, una vez preparado, se lanzó a la conquista de las ciudades de Bruselas y Amberes, o eso al menos era lo que pensaba el líder de los rebeldes holandeses, Guillermo de Orange. El príncipe de Parma tenía claro que antes de emprender la toma de estas dos importantes ciudades, era de suma importancia recuperar la ciudad de Maastricht, ya que esta ciudad constituía un magnífico puente sobre el río Mosa, un importante nudo de comunicaciones y una plataforma desde la que emprender acciones contra los rebeldes, y además de cortar los importantes socorros que los rebeldes recibían desde Alemania por dicha ciudad, por lo que en esa tarea empeñaría todos sus esfuerzos en los siguientes meses.

Guerreros: Ana María de Soto


Un 26 de junio de 1793, Ana María de Soto, disfrazada de varón y bajo el nombre de Antonio María, se alistó en Cádiz en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina siendo la primera mujer en alistarse en la Infantería de Marina Española.

Nacida en torno al año 1777 en una familia de origen muy humilde de Aguilar de la Frontera, en Córdoba, probablemente la pobreza, mezclada con el deseo de aventuras serían la causa de su alistamiento, aunque no hay mucho escrito sobre esta época de su vida. Sea como fuere, con unos 16 años se presentó en San Fernando, Cádiz, con la idea de ingresar en los batallones de marina. Lo consiguió y acabó encuadrada en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina, donde pronto zarparía comenzando su aventura militar.

A principios de 1794, en el marco de las Guerras de Revolución francesas, embarcó junto a su compañía en la fragata "Mercedes", de 34 cañones. La misión era defender Cataluña de las fuerzas francesas. Para ello la Mercedes fue enviado con su dotación a la costa gerundense, donde participó en la defensa de Rosas, que tuvo que ser abandonada por la abrumadora superioridad de las fuerzas francesas, siendo recuperada poco después por el general José de Urrutia. Un año más tarde estaría presente en las batallas de Bañuls y Aljama.

La Batalla del Fuerte Mosé


Un 25 de junio del año 1740 tenía lugar la batalla del Fuerte Mosé, en San Agustín, Florida, que enfrentó a las tropas españolas de Manuel de Montiano, gobernador de Florida, contra los soldados ingleses de coronel John Palmer.

En el marco de la Guerra del Asiento, que enfrentaba a Inglaterra y España, los británicos, dirigidos por el gobernador de Georgia, James Edward Oglethorpe, ocuparon el Fuerte Mosé, de vital importancia para las comunicaciones de la zona, que había sido abandonado previamente por orden de Manuel de Montiano, debido a la escasez de hombres y a la imposibilidad de defensa ante la llegada de un potente ejército enemigo.

El Fuerte Mosé se encontraba en la frontera de Florida con Georgia, ocupada por los ingleses. Allí los esclavos africanos eran brutalmente explotados por los británicos en los campos de algodón, por lo que muchos de ellos no tardaron en escaparse hacia los territorios españoles. Pero no solo los esclavos negros sufrían las consecuencias del colonialismo británico, los indios habían sido despojados de sus tierras y perseguidos, salvo algunas pocas tribus con las que habían llegado a alianzas.

Guerreros: Cristóbal de Mondragón



Aún se duda si Cristóbal de Mondragón y Otálora nació en 1504 o en 1514. Quizás esta última fecha sea la más comúnmente aceptada. Lo cierto es que vino al mundo en la localidad vallisoletana de Medina del Campo y que tomó el apellido de la villa de procedencia de la familia de su padre: Mondragón, en Guipúzcoa. Éste se había casado con Mencía de Mercado, de hidalga familia de Medina, donde tenían su residencia. 

Sus primeras acciones militares datan de los tiempos de las campañas de Carlos I en Italia, combatiendo contra los franceses, y posteriormente lo encontramos en las tomas de La Goleta y Túnez. Pero Mondragón obtiene repercusión tanto nacional como internacional durante la Batalla de Mühlberg, contra los rebeldes luteranos de la Liga Esmalcalda.

Allí, junto a diez soldados más, el 24 de abril de 1547 cruzaba el río Elba "con las espadas en la boca y el agua por encima del pecho", como escribiría Lope de Vega, y, tras vencer la resistencia de los vigilantes de los pontones con los cuales poder cruzar el río de manera segura, se apropiaron de ellos y consiguieron llevarlos hasta la orilla española, sorteando el fuego de arcabucería enemiga, mientras sus compañeros de armas gritaban de júbilo y sorpresa ante tal hazaña.

El Camino Español


Un 20 de junio de 1567 Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III Duque de Alba, partía desde Milán al mando de 10.000 soldados de los Tercios para pacificar la región de Flandes, inmersa en una guerra de religión propiciada por los calvinistas, inaugurando así el comienzo de los que se denominaría el "Camino Español".

En 1566 el calvinismo ya se había extendido por los Países Bajos alentado por las guerras de religión alemanas. En abril de ese año diversos nobles locales presentaron una serie de exigencias a la gobernadora Margarita de Parma, hermanastra de Felipe II, conocidas como el "Compromiso de Breda". En él se exigía, además de la libertad religiosa, numerosas ventajas para la burguesía calvinista, muy afectada por el bloqueo comercial con Dinamarca y Suecia, dada la guerra que enfrentaba a ambos reinos.

La actitud de Margarita, asistida por el cardenal Granvela, fue de flexibilidad y tolerancia, pero los calvinistas aumentaban sus exigencias y alentaban el descontento de una burguesía cada vez más empobrecida. En agosto estalló la revuelta, conocida como la de los iconoclastas. Los calvinistas, cuya cabeza visible era Guillermo de Orange, asaltaron iglesias, quemaron imágenes que consideraban heréticas y se lanzaron a la persecución de los cristianos valones, flamencos u holandeses.

Batalla de Steenbergen


Un 17 de junio de 1583 las tropas españolas comandadas por el duque de Parma, Alejandro Farnesio, obtenían una aplastante victoria sobre una fuerza combinada de tropas francesas, inglesas y de las Provincias Unidas bajo el mando del barón de Biron y del general John Norreys.

En el marco de la Guerra de los 80 años, España, en guerra también con la Inglaterra de Isabel I, se aprestaba a tomar la ciudad de Eindhoven. Las tropas de Alejandro Farnesio avanzaban imparables por las provincias rebeldes. Pusieron sitio a Eindhoven y tomaron Diest, Hoogstraten y Turnhout. Por su parte, las tropas rebeldes se aproximaban raudas a Amberes para tratar de coger por sorpresa a los imperiales, una maniobra de la cual Farnesio pudo enterarse por sus espías y salir presto a buscarlas.

El lugar del encuentro sería Steenbergen, localidad del Brabante Septentrional cercana a Eindhoven. Los rebeldes contaban con un potente ejército, muy superior en número al que podía enfrentar Farnesio, pero éste, con su habitual genio militar, organizó sus fuerzas a la perfección. Piqueros en perfecta formación en el centro de la línea; con los arcabuceros y mosqueteros delante; la caballería a los flancos y la artillería situada en una pequeña elevación desde donde dominaba el campo de batalla.

Paz con Argel


El 14 de junio de 1786 España firmaba la paz con Argel poniendo fin a un conflicto que duraba ya más de dos siglos y al que en numerosas ocasiones los españoles habían tratado sin éxito de poner fin. 

Desde los tiempos de Carlos I las costas españolas y sus posesiones en Italia se veían amenazadas por los corsarios argelinos. Ahora, con Carlos III en el trono, y tras el resurgimiento de la armada española, se preparaba el golpe definitivo contra la piratería de esas tierras. 

El primer intento se produjo en 1775, tras conseguir con éxito derrotar a las tropas del sultán de Marruecos en su asedio a Melilla, se organizó una flota para tomar Argel al mando del teniente general Pedro González de Castejón, compuesta por más de 30 buques, entre los que había 6 navíos y 12 fragatas. La expedición fracasó por la pésima elección del lugar de desembarco, por parte del general de las tropas terrestres, Alejandro O'Reilly, y su mala ejecución del asalto sobre Argel.

Defensa del Castillo del Morro


Un 6 de junio de 1762 una enorme escuadra inglesa compuesta por más de dos centenares de barcos al mando del almirante George Pocock llegaba a la Habana con el objetivo de arrebatársela a los españoles.

Dentro del marco de la Guerra de los 7 años, España, que de la mano del rey Carlos III había firmado un nuevo Pacto de Familia con Francia, se enfrentaba a los continuos ataques británicos en el Atlántico y el Caribe. Los ingleses tenían en mente apoderarse de la Habana y hacerse con el control de una de las joyas de la Corona Española. Para ello reunieron una potente flota que zarpó de Inglaterra en marzo. 23 navíos, 27 fragatas y otra veintena de buques menores acompañando a unos 150 barcos de transporte que llevaban más de 16.000 soldados.

Carlos III, sabedor de que los ingleses tenían los ojos puestos en Cuba, había nombrado en 1760 al mariscal Juan de Prado Malleza, capitán general y gobernador de la isla, y le había dotado de medios materiales y humanos para repeler cualquier posible ataque. Pero cuando las velas inglesas se divisaron en el horizonte de La Habana el 6 de junio de 1762, se pudo comprobar la trágica realidad: ni los muros ni los castillos se habían reforzado como era debido, ni se habían dispuesto la mayoría de cañones enviados por el monarca, ni se había colocado ni una sola de las piezas de artillería de tiro rasante. Tampoco se habían organizado, tal y como había ordenado el rey, las milicias locales.

Sitio de Breda


El 5 de junio del año 1625, Justino de Nassau rendía la ciudad de Breda a las tropas españolas del capitán general Ambrosio de Spínola, tras un asedio que se prolongó durante más de 10 meses. 

Tras la tregua de los 12 años, en 1621 se rompían de nuevo las hostilidades entre España y Holanda. Francia e Inglaterra se habían desentendido, al menos momentáneamente, del escenario de los Países Bajos, por lo que los españoles se prepararon a conciencia para hacer frente a la ofensiva en el sur que iban a plantear los holandeses, así que dispusieron tropas y recursos materiales por todos los territorios bajo su control para poder frenarles.

Se encontraba Felipe IV ya en el trono del reino y los españoles, con Ambrosio de Spínola como capitán general del ejército de Flandes, habían tomado la ciudad de Juliers, una plaza estratégica de vital importancia para las comunicaciones entre los rebeldes holandeses y sus aliados protestantes en los territorios alemanes. Ahora Spínola ponía sus ojos en la ciudad de Breda, que era el principal bastión rebelde de la región de Brabante.